Cómo lograr que el bebé sea sociable

Si quieres que tu hijo se convierta en una persona sociable debes empezar a sentar las bases desde el principio. Descubre cómo hacerlo a lo largo de sus primeros dos años.

 

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Crea cimientos sólidos

El bebé nace con una tendencia innata a relacionarse con el mundo, pero hasta que llegue a convertirse en un niño sociable debe pasar por un proceso que dura mucho tiempo y que necesita estar asentado en buenos cimientos. El amor de sus padres, la sensación de seguridad y confianza y el contacto positivo con otras personas son claves para crear esos cimientos durante sus primeros dos años de vida.

Por eso, si tu hijo está en este periodo, toma nota de cómo va evolucionando su sociabilidad y de cómo puedes favorecerla en cada momento, sin dejar que el estrés y las prisas de la vida diaria afecten a la dedicación que requiere ni que el mal tiempo te impida fomentar sus “relaciones sociales”.

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De 0 a 6 meses: en simbiosis contigo

Nada más nacer, toda la energía del bebé se dirige a tu cara; y sus ojos y pupilas, grandes en comparación con su cuerpo, funcionan como un truco sabio de la naturaleza que hace que tú te enamores de inmediato de él. Después de ese primer contacto visual, cae en un sueño profundo, sintiéndose querido: es el amor que abre el camino a la sociabilidad. Desde ese momento, y durante sus primeros seis meses, tu hijo vive en una simbiosis contigo o con su padre, si es él quien le cuida, y le encanta mirar vuestra cara, lo que demuestra ya que es un ser social.

Alrededor de la sexta semana aparecen sus primeras sonrisas (por el momento no son exclusivas para vosotros, también sonríe al gato o a la pared, pero las que os dedica son más intensas y largas) y en torno al sexto mes llega ya la sonrisa selectiva, dirigida especialmente a vosotros.

Buenas pautas para tratarle

Síguelas y se sentirá seguro y tranquilo sabiendo que cuenta con tu amor y el de su padre.

- Tu modo de cuidarle le dará la confianza y seguridad necesaria para relacionarse después con otras personas. Sintoniza al máximo con sus emociones y sus necesidades y sé receptiva ante ellas, alimentándolo a demanda, respetando su ritmo de sueño y vigilia, atendiendo a su llanto, etc.
- No temas mimarlo en exceso. Primero, porque durante el primer año es imposible. Y segundo, porque es el cariño el que le convierte en un ser social (de hecho, las cárceles están llenas de personas desprovistas de amor en sus primeros años de vida).
- Sonríele y háblale mucho. Sedúcele para que responda y devuélvele sus sonidos y sonrisas, prologando así estos momentos. Eso sí, si gira la cabeza es señal de que no quiere más: los bebés tienen también un umbral de tolerancia al contacto. Déjale descansar.
- Juega con él a sacarle la lengua. Verás cómo tras unas veces, imitará tu gesto.

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De 6 a 12 meses: abriéndose al mundo

El vínculo entre vuestro hijo y vosotros está en su punto máximo y esto le hace temer a las personas desconocidas (es el “miedo de los ocho meses”). Pero al mismo tiempo ahora se abre más al mundo y si ve a otro bebé no se asusta, pues intuye que es un ser como él.

Cuidadores de guardería mencionan que en muchos pequeños ya se percibe un interés por otros bebés, incluso una preferencia por alguno. El modo en el que reacciona el niño revela algo de su carácter: si se emociona, es comunicativo; si se retrae, es tímido; y si no le presta atención, aún es algo inmaduro a nivel social.

Buenas pautas para tratarle

Tenlas presentes ahora que está empezando a abrirse al mundo.

- Respeta su miedo a los extraños. Que solo quiera estar contigo es buena señal, ya que significa que el vínculo que os une está forjado. Su temor es algo pasajero, durará de unas semanas a varios meses, según su carácter.
- Llévale a diario al parque, aunque llueva, para que vea a otros niños. Y organiza en casa cenas con amigos, llévale a ver a otros familiares... aunque no esté en sus brazos ni se relacione con ellos, le viene bien.
- Ahora que ya emite balbuceos, repíteselos y espera su respuesta. De este modo se iniciarán vuestros primeros diálogos.
- Cántale canciones acompañadas con movimientos y gestos, como “Palmas, palmitas” o “Cinco lobitos”. Hacia el año las iniciará él mismo, invitándote a participar.

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De 12 a 18 meses: primeras "relaciones"

Empezar a andar impulsa muchísimo la sociabilidad del bebé, porque le hace capaz de buscar contacto. Ahora se acerca y te coge de la mano para señalarte algo, pero luego se aleja de ti y empieza a entender que no es una parte tuya (la relación simbiótica llega a su fin y surge una incipiente sensación del ‘yo’). Además, cuando vienen visitas las saluda ofreciéndoles sus juguetes, iniciando un juego de toma y daca.  También se producen las primeras ‘peleas’ con otros niños, tirando los dos del mismo objeto, luchando por tu atención...

Buenas pautas para tratarle

Es una etapa crucial para fomentar su sociabilidad. Así puedes conseguirlo.

- Juega con él a dar y recibir con objetos, pasándole una pelota, etc. Otra buena idea: tápate la cara con un pañuelo y llámale para que te busque. Prueba juegos tradicionales como cu-cu-tras, una actividad emotiva que ahora es capaz de iniciar él mismo, tapándose los ojos con sus manitas.
- Además de llevarle al parque, queda con amigos con hijos. Todavía no juegan entre ellos, pero ahora disfrutan estando cerca unos de otros y dedicándose cada uno a su actividad, en el llamado ‘juego paralelo’.

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De 18 a 24 meses: juego interactivo

Entre los 18 meses y los dos años los niños entran en la fase del ‘juego interactivo’: intercambian juguetes, se ‘hablan’ y se invitan a alguna actividad. La protagonista de la relación entre ellos es la imitación: si uno corre y salta, el otro lo hace también. El ‘yo’ aún no está consolidado y los juguetes, que forman parte de este ‘yo’, ayudan a afianzarlo; por eso al niño le cuesta compartir y son típicos los tirones del pelo, los mordiscos...  Además, está en una fase egocéntrica, piensa que el mundo gira en torno a él.

Buenas pautas para tratarle

- Hasta el tercer o cuarto año tu hijo no estará preparado para compartir bien; acéptalo y cuando venga algún amigo a casa saca algunos juguetes para que se acostumbre a usarlos por turnos, pero esconde los más preciados.   
- Si tu hijo es brusco o agresivo con otro niño (no es maldad, sino falta de habilidades sociales), dile claramente: “eso no”. Coge sus manos y enséñale a acariciar suavemente.  
- Déjale participar en tus actividades: si tiendes ropa, dale la cesta con pinzas; si pones la mesa déjale llevar las servilletas...

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Vosotros sois su ejemplo de sociabilidad

Esta es la razón de que sea tan esencial que cuidéis mucho vuestras actitudes en casa:

- Dadle frecuentes muestras de afecto.
- Hablaos con respeto y con amabilidad.
- Vuestra forma de actuar a nivel social le sirve de ejemplo. Cuidad vuestras relaciones con amigos.  
- Sed generosos y solidarios, para que él aprenda a serlo.  
- Amadle por cómo es de modo incondicional. Si se sabe querido por su carácter y no por sus logros le resultará más fácil compartir algo de sí mismo con otros.

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¿Cuestión de genes o de educación?

La sociabilidad de un niño depende en un 30% de los genes y en un 70% de la educación que recibe. Así, un niño extrovertido se volverá una persona cerrada si crece en un entorno hostil y abusivo. Y si es tímido y sus padres le sobreprotegen, le costará superar esa timidez; pero si le fuerzan a ser muy abierto, mermarán  su confianza en sí mismo.

La clave está en buscar el punto intermedio, respetando su forma de ser y animándole con cariño y sensibilidad.

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