Bebé: ¡se enfada y da cabezazos!

Algunos bebés adquieren el hábito de golpear el suelo o la pared con la cabeza en momentos de rabia. ¿Cómo actuar ante su reacción para que acaben abandonándola?

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D.R.
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Un modo de desahogarse

Hacia el primer año de su vida el bebé va encontrándose con algunas prohibiciones. Esto es nuevo para él, porque hasta ahora sus padres satisfacían todas sus necesidades, acudían a su lado en cuanto los reclamaba, intentaban calmar su llanto a las primeras lágrimas y le reían cada una de sus gracias.

Pero ahora que ya se desplaza por sí mismo, coge los objetos que están a su alcance y trepa por donde puede, se encuentra con que sus padres restringen sus movimientos y le quitan objetos peligrosos de las manos; es decir, se topa con “noes” cada dos por tres.

Esto le hace enfadarse mucho y como aún no dispone de palabras para protestar, se desahoga mediante el lenguaje corporal: recorre la casa corriendo y dando gritos, patalea, da manotazos al aire, pega al que tiene delante y... ¡se da cabezazos contra el suelo o contra la pared!

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Algo propio de esta edad

Autogolpearse es un comportamiento más común en los niños que en las niñas (quizá porque ellas aprenden antes a hablar y pueden desahogarse mediante las palabras), y en especial en los pequeños que son nerviosos y tienen un temperamento fuerte.

La edad también influye: es una reacción frecuente entre los 9 y los 18 meses y muy raras veces se prolonga hasta después de los 2 años. En cualquier caso, resulta muy llamativo, desconcertante y preocupante para los padres ver que sus hijos intentan hacerse daño a sí mismos.

Pero esta conducta tiene solución. Y la actitud de los padres ante ella es esencial en este sentido.

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Qué hacer si tu hijo se golpea

Si tu hijo adopta esta desconcertante actitud, plantéate que sus sentimientos no son malos ni recriminables (es normal que se enfade y proteste), pero sí su manera de expresarlos. Así que debes enseñarle a desfogar su rabia sin hacerse daño. Para ello...

- Acércale su banco de herramientas para que “clave” los palos de juguete una y otra vez. O dale su martillo de plástico para que pueda desahogarse golpeando el sofá.
- Anímale a hacer ejercicio: gatear contigo, bailar su canción favorita...
- Llévale al parque. Se desfogará en los columpios o en el tobogán.
- Haz payasadas, pon muecas raras... El caso es que le hagas reír, porque la risa le distraerá de su enfado y de su necesidad de golpearse.

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También hay que tomar precauciones

Para evitar contratiempos, adapta la casa a sus necesidades (guarda los objetos potencialmente peligrosos y, si puedes, agranda el salón quitando temporalmente algún mueble) y anticípate a sus momentos críticos.

Recuerda que los niños son más propensos a mostrar esta conducta al final del día. Por eso, a última hora de la tarde procura introducir un ritual relajante en su rutina (dale un baño con agua calentita, hojea un cuento con él, salid de paseo los tres juntos...).

Adelantar la cena para que se acueste antes es otra buena idea, ya que la falta de sueño propicia esta reacción.

Por último, procura eliminar las situaciones que suelen provocarle este tipo de crisis, como ir de compras con él cuando está cansado, hambriento o muerto de sueño.

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Cuestión de tiempo

En todo caso, ten presente que esta conducta tiene mucho que ver con la madurez del niño. Poco a poco tu hijo aprenderá a tolerar mejor las frustraciones y a manejar su rabia sin autolesionarse, gracias a sus propias experiencias y al ejemplo que le dais vosotros, pero sobre todo gracias a su mayor madurez cerebral y emocional. Así que no te angusties, porque se trata de un problema pasajero.

Ahora bien, procura estar preparada, porque es probable que cuando tu pequeño deje de utilizar este recurso, opte por gritar y enrabietarse cuando no consiga lo que quiere o no cedas a sus caprichos.

Tranquila, aunque sus chillidos son incómodos y desagradables, resultan mucho más fáciles de soportar que los cabezazos.

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¿Y si golpea la almohada con la cabeza?

Algunos pequeños se balancean en la cuna y se dan cabezazos contra la almohada antes de dormir. Esta conducta tiene un origen diferente a la de golpearse contra el suelo o contra la pared, puesto que es una forma de autoconsuelo y relajación.

Si tu hijo la adopta, para que no se haga daño debes cubrirle toda la cuna, no sólo la parte del cabecero, con protectores acolchados. Comprueba también si al mecerle en tus brazos antes de acostarle disminuye este hábito. También es bueno que en el parque le montes en los columpios y el balancín.

Esto satisfará su necesidad de balanceo.

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