Cómo hacer felices a nuestros hijos

Lograr que los niños sean felices no es una labor sencilla. En esta entrevista, Alejandra Vallejo-Nágera nos desveló los secretos para conseguirlo.

 

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Enseñarle a sentirse bien

Además de que gocen de una salud de hierro y sean buenas personas, el deseo común de todos los padres es que nuestros hijos sean felices. De hecho, orientamos nuestra vida a proporcionarles ese estado de armonía y bienestar.

El problema se presenta cuando en ocasiones, en un intento equivocado de procurarles esa felicidad y para evitar que lo pasen mal un rato, los sobreprotegemos, los mimamos demasiado o les dejamos saltarse normas que deberían cumplir. Y lo malo de actuar así no es sólo que en un momento dado los niños se salen con la suya, sino que en un plazo corto de tiempo, en vez de mostrarse satisfechos y contentos, acaban sintiéndose frustrados y desorientados.

Y es que lograr que los niños sean felices no es una labor sencilla. Por eso, en esta entrevista hablamos con Alejandra Vallejo-Nágera para que nos desvelara los secretos de tan ansiado deseo.

¿Qué es la felicidad para un bebé?

Es una mezcla equilibrada de tranquilidad y estímulo. Esto significa que necesita que sus padres le traten con delicadeza, pero al mismo tiempo con mucho “empuje” y alegría. Tienen que proporcionarle serenidad y a la vez alentar su movilidad y su desarrollo físico y emocional. Para poder ser feliz es fundamental que el pequeño sienta que sus padres le protegen, que están a su lado, que siempre puede contar con ellos y que interactúan con él.

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¿Es un sentimiento aprendido o innato?

En él influyen los dos factores. Es evidente que desde el día del nacimiento podemos distinguir varios tipos de bebés. Están lostímidos, a los que les asustan las caras nuevas, y loscomunicativos, a los que les encantan los estímulos diferentes. También hay recién nacidos que se enfadan con gran facilidad (lloran de una manera muy característica, denominada “llanto irritativo”) y otros que parecen estar siempre conformes y tranquilos.

Estas cuatro posibilidades de reactividad desde el nacimiento es lo que llamamos “temperamento” y es innato e inmutable a lo largo de la vida. Sin embargo, este temperamento se ve afectado por las experiencias del niño, lo que significa que un bebé muy llorón puede convertirse en un niño más risueño y viceversa.

Si no hacemos feliz a un niño cuando es bebé, ¿No podrá ser feliz nunca?

Las experiencias tempranas, hasta los 7 años, condicionan el sistema defensivo del futuro adulto; esto significa que si el bebé pasa mucho miedo o tristeza, tenderá a convertirse en un adulto en constante vigilancia, con un nivel elevado de desconfianza hacia los demás y un umbral de estrés inútil.

No obstante, gracias a la inteligencia, las personas podemos aprender a modificar hábitos e impulsos negativos y convertirlos en otros más adaptados y saludables.

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¿Cómo despertar su interés por el mundo?

El desarrollo de los sentidos cobra un papel fundamental y condiciona la manera de sentir, pensar y actuar del niño a lo largo de toda su vida. Cuando los orgullosos padres clavan sus ojos en los de su bebé, éste es capaz de devolverles la mirada y de imitar su gesto de una forma impresionante.

Cada estímulo nuevo supone una asombrosa apertura al mundo: los bebés discriminan con precisión de relojero los estímulos agradables y desagradables, los que les resultan interesantes y los que no, aunque todavía no puedan expresar con palabras lo que sienten.

¿Cómo se enseña a los niños a quererse?

Mostrándoles afecto y contacto físico, dándoles seguridad material en cuanto a nutrición, higiene y descanso, y acompañándolos en su crecimiento compartiendo juegos y permitiéndoles probar, explorar, construir... También hay que enseñarles a expresarse en los momentos difíciles, aplaudir sus esfuerzos e incitarlos a la interacción con otras personas, niños y adultos.

¿No podemos mostrarnos tristes en su presencia?

¡Podemos y debemos! Los niños aprenden a identificar las emociones humanas y a construir las herramientas para gestionarlas a través de nuestro ejemplo, así que es absurdo esconder nuestro estado de ánimo. Sí debemos evitar transmitirles la sensación de que “deben hacer algo para contentarnos”, de que ellos son de alguna manera responsables de nuestra tristeza.

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¿Los límites son necesarios para la felicidad?

Los niños tienden a evitar cualquier esfuerzo impuesto (el elegido por ellos mismos lo toleran bien), pero para poder ser felices tienen que aprender a tolerar los “noes” y entender que no pueden tenerlo todo. Saber esperar y respetar lo que les dicen los mayores son vivencias que, con el tiempo, les ayudan a sentirse mejor con ellos mismos, a estar más llenos y a ser más felices.

Por el contrario, si los convertimos en “niños reyes”, les damos todo y les dejamos hacer lo que se les antoja, no se sienten satisfechos nunca y se acaban convirtiendo en adultos inmaduros, que se hunden ante la más mínima dificultad y se frustran en cuanto no consiguen alguno de sus caprichos.

A modo de resumen, ¿cómo se asientan los pilares de la felicidad?

Debemos tener siempre muy presente que la educación es la base más sólida de su construcción psíquica. En este sentido, lo que los niños necesitan es una combinación armoniosa de amor y límites. Desde una libertad controlada debemos dejarles explorar sin sobreprotegerlos, asumiendo que aprenderán de sus logros y errores y estando dispuestos a consolarlos cuando éstos se produzcan, pero sin evitárselos.

Esta actitud alimentará su autoconfianza y les hará menos vulnerables ante las dificultades y, por tanto, también más felices.

Y como colofón, ¿qué frase repetirías cada noche a tu hijo, encaminada a hacerle feliz?

Me encanta abrazarte y sentir que me abrazas. Nadie ni nada es más importante que tú en mi vida.

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¿Cómo hacer feliz a un niño que está enfermo?


Es evidente que un pequeño enfermo o con alguna discapacidad tendrá limitaciones, pero los padres y sus cuidadores habituales pueden ayudarle a ser feliz si en vez de hacerlo todo por él, se centran en lo que sí puede realizar, en lo que está al alcance de sus posibilidades y en todo aquello que le incita a amar la vida, a pesar de sus dificultades. No deben olvidar que el juego es una excelente catapulta para potenciar sus facultades.

¿Y si está falto de ilusión?

Cuando un niño se muestra triste y apático, tan importante es intentar averiguar la causa de su estado como hacerlo desde la serenidad. Debemos observar todas las posibles señales de su malestar (irritabilidad, dolor de tripa, caída del pelo, enfermedades continuadas...) y hablar con sus hermanos, profesores y amigos. Una vez encontrado el desencadenante, hay que acompañarle en la solución sin avasallarle a preguntas y dando por hecho que va a volver a sentirse bien.

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