Juegos de verano para el bebé

Aprovecha las vacaciones para practicar estos juegos con tu pequeño. Le divertirán mucho y beneficiarán su desarrollo.

image
D.R.
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Juegos en la playa

Ahora que los días son más largos y que dispones de más tiempo libre, aprovéchalo para jugar más con tu pequeño.

Tú eres su mejor compañera de diversión e incluso su “juguete” favorito, y que él te elija para que le entretengas es todo un honor.

Y al jugar con tu hijo, además, fortalecerás vuestra unión, estimularás sus sentidos y potenciarás su inteligencia.

A la orilla del mar

A continuación te proponemos un montón de juegos para practicar con él en vuestro lugar de veraneo, aunque si echas mano de tu imaginación, seguro que se te ocurren muchos más. Lo fundamental para que tengan éxito es que tu pequeño vea que a ti te resultan tan divertidos como a él. Así que ya sabes: ¡llega el momento de relajarte, olvidarte de problemas y pasarlo genial!

Si vas con tu hijo a la playa, elige una que tenga bandera azul, que son las que están más limpias y las que ofrecen más servicios para los niños.

Y aún así, recuerda que debes evitar las horas más calurosas, tenerlo siempre debajo de la sombrilla, ponerle crema de protección solar y vestirlo con una camiseta y una gorra. Una vez tomadas estas precauciones, podéis empezar a jugar.

¡Cómo vuela! Cuelga tu pareo de la sombrilla para que tu hijo vea cómo lo mueve el viento. Le encantará.

Apretones. Acércale el bote de crema y una toalla y anímale a cogerlos, manipularlos y apretarlos. Después, cambia estos objetos por una pelota pequeña y una sandalia, o por la funda de tus gafas y su rastrillo...

Así se percatará de la diferencia de textura, temperatura, forma, tamaño y dureza entre unas cosas y otras, al tiempo que desarrolla la motricidad fina.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
La arena, nuevo juguete

A rastras a tu hijo boca arriba o boca abajo sobre una toalla grande y arrástrale con cuidado por la arena. Para él será casi como ir en un trineo.

¿Qué hay debajo del colador? Llévate un colador de plástico a la playa y esconde un objeto debajo de él. A tu hijo le encantará mirar por los agujeritos y comprobar que lo escondido sigue estando ahí. También se lo pasará bomba “colando” la arena o el agua.

Carrera de obstáculos. Acomoda a tu hijo en una toalla amplia y ponle algunos obstáculos alrededor: una toalla enrollada, tu bolsón, su pelota hinchable... Si quiere avanzar tendrá que salvarlos todos, un ejercicio perfecto para ejercitar la motricidad gruesa.

Encima del balón. Tumba a tu peque sobre un balón hinchable de playa, cogiéndole de las caderas, y balancéalo hacia adelante y hacia atrás. Le parecerá que va montado en un columpio y así fortalecerás sus músculos y entrenarás su sentido del equilibrio.

¡Pásamelo! El mismo balón anterior también puede serviros para jugar al “toma y daca”: tú se lo tiras rodando y él tiene que devolvértelo. Parece un juego banal, pero sienta las bases del principio de compartir.

Dentro y fuera. Dale su cubo lleno de conchitas y anímale a vaciarlo, para luego llenarlo otra vez. Si le sientas en la orilla puede llenarlo y vaciarlo de agua. Este entretenimiento le ayudará a adquirir nociones sobre conceptos como dentro y fuera, espacio y volumen.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
A la pisicina con el bebé

Si vuestra opción de veraneo es la piscina, procura elegir una que esté tratada con bromo u ozono, que son productos menos agresivos para la piel del bebé que el cloro, y no tengas a tu hijo más de 10 o 15 minutos dentro del agua, para que no se quede frío.

Como siempre, mantenle a la sombra de un árbol o debajo de la sombrilla, ponle crema protectora y una gorrita y...

- ¡Vaya olas! Siéntate en el bordillo de la piscina, con tu pequeño encima mirando al frente, y haz olas con los pies. Le encantará ver el movimiento del agua y que le salpique un poco.
- ¡Al agua patos! Coge a tu pequeño en brazos, mirando hacia ti (si le pones mirando al frente puede asustarse al verse rodeado de tanta agua), y métete en una zona en la que no te cubra, dando saltitos y mojándole muy poco a poco. Se lo pasará genial.
- ¿Bailamos? Métete con tu hijo en el agua, cógele de las manos y dale una vuelta hacia un lado y luego hacia el otro. Así, lejos de marearse, sentirá el agua como un mecimiento y se relajará mucho.
- Una piscina a su medida. Si le asusta el agua, llévate una piscinita hinchable, echa en ella unos centímetros de agua, métele dentro y dale cacharritos para que los llene y los vacíe. La experiencia le fascinará.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Entretenido en el agua

- Dibujos que desaparecen. Otra opción es que te lleves pinturas infantiles para maquillar (son atóxicas) y que le pintes un brazo o una pierna y luego le animes a quitarse la pintura con el agua. Ver cómo desaparecen tus “dibujos” le dejará boquiabierto.
- Ahora me meto, ahora me salgo. Si ya sabe andar, entrar y salir de su piscinita es un entretenimiento estupendo para ejercitar los músculos y entrenar la coordinación corporal. Y si tienes la picardía de colocarle la piscinita entre la toalla y el césped, no tendrá más remedio que pisar superficies distintas, algo que le ayudará a perfeccionar la capacidad de agarre de sus pies al suelo.
- Con el flotador en danza. Llévate a la pisci un flotador grandecito, no para meter a tu hijo en el agua con él (sería muy peligroso), sino para animarle a “atravesarlo” una y otra vez, cuando estéis sentados en la toalla debajo de la sombrilla. Este juego le enseñará nuevas habilidades y capacidades de su cuerpo.
- Cazando pompas. Otra buena idea es que te lleves un pompero. No hay entretenimiento más fácil que animar a tu hijo a explotar las pompas que hagas con él.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
De paseo por el campo con el bebé

El campo es otra buena opción para veranear con los niños, siempre y cuando a las precauciones anteriores añadamos la de aplicarles una loción antimosquitos infantil y, si ya andan, les pongamos un calzado fresquito pero cerrado, para que no se pinchen los pies con las plantas ni se golpeen los dedos con las piedrecitas.

También hay muchos juegos estupendos para practicar allí:

- ¡Mira cómo huele! Tanto si llevas a tu hijo en la sillita como si va andando, pasa tu mano por un arbusto aromático y acércasela para que te la huela. La experiencia le resultará muy agradable y despertará su interés por las plantas.
- ¿Qué suena? Paraos de vez en cuando para escuchar las hojas de los árboles movidas por el viento, el canto de algún pájaro, el “cri-cri” de un grillo, el sonido del agua que corre... Si es mayorcito podéis jugar a adivinar qué es exactamente lo que suena.
- La bolsa de los tesoros. Antes de salir de casa para dar un paseo, acuérdate de coger una bolsa para ir guardando los tesoros que os encontréis. Vale casi todo: piedrecitas de colores, piñas, flores, cortezas de los árboles... Si tu hijo aún es bebé, disfrutará viéndote y observando lo que coges, y si es mayorcito se lo pasará genial ejerciendo el papel de un intrépido explorador.
- Pide un deseo. En vuestras caminatas no puede faltar la petición de deseos. Coge los dientes de león que os vayáis encontrando y enseña a tu hijo a soplarlos. Si es “mayor”, dile que lo haga con los ojos cerrados al tiempo que pide un deseo. Así el paseo se convertirá en una experiencia realmente mágica.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Juegos con piedras y bichos

- ¡Me haces cosquillas! Hay plantas que parecen verdaderos plumeros. Coge ramitas de alguna que sea de tacto suave y pásaselas a tu hijo por las piernas y el cuello. Se partirá de risa, al tiempo que estimulas su sentido del tacto y le haces más consciente de su cuerpo.
- ¿Qué ves? En el campo, el tradicional juego del “veo veo” se vuelve mucho más interesante. Haz que tu hijo se fije en las cosas de color rojo, luego en las amarillas y luego en las marrones. Es un modo de lo más eficaz de enseñarle los colores y de potenciar su atención.
- Mariquita, mariquita. Seguro que por el campo os encontráis alguna mariquita. Cógela y póntela en la mano para que te recorra los dedos. A tu hijo le parecerá que es listísima. Si no le asusta, pónsela en su mano para que la mariquita se “pasee” por ella.
- ¡Piedra va! Si pasáis por algún río, charca o laguna, anima a tu hijo a tirar piedras al agua. Se sorprenderá al ver las ondas que dejan en la superficie.
- Como ves, hay cientos de juegos que te permitirán disfrutar momentos preciosos con tu hijo, ahora que el tiempo es estupendo e invita a salir fuera. No dejes pasar la oportunidad. Merece la pena.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Propuestas relajantes si tu bebé no quiere dormir la siesta

Lo ideal es que los niños se echen la siesta, porque éstales ayuda a reposar la comida y a recargar pilas y evita que lleguen exhaustos al final de la jornada.

Pero hay pequeños a los que les resulta imposible dormir durante el día. Si el tuyo es uno de ellos, no le riñas ni te agobies. Lo importante es que después de comer descanse un ratito, aunque no se duerma.

Para que repose y no esté de acá para allá, estos juegos te vendrán de perlas:

- Masajes: Túmbalo boca arriba en la cama y dale un suave masaje de cuerpo entero. Para que le resulte más entretenido ve diciéndole los nombres de las partes que le vas acariciando.
- Música: Pon un CD de música tranquila y baila lentamente con él en brazos. Le relajará y además le gustará muchísimo.
- Juegos tradicionales: Los juegos de siempre, como “pinto, pinto” y “palmas, palmitas” resultan de lo más adecuado para este momento del día.
- Fotos: Si le enseñas un álbum de fotos familiar y vas diciéndole quién es quién, el ratito de la siesta se os pasará volando.
- Pinturas: A los bebés les encanta pintar con pinturas de dedos. Y a los mayores, con esponjas, rotuladores, tizas...
- Hablar bajito: Jugar a hablar en voz baja es otra buena idea, que le incitará a hacer las cosas despacito y con cuidado.
- Cuentos: La hora de la siesta es ideal para aficionarle a los cuentos. Puedes dejar que él los manipule o, si es “mayor”, pedirle que se invente otros finales.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo