Tu bebé aprende imitándote

El bebé nace con la capacidad de imitar, lo que le resultará muy útil a la hora de aprender a desenvolverse en el mundo que le rodea. Así puedes fomentarlo.

 

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Una capacidad innata

Observando a tu recién nacido quizá pienses que sólo come y duerme. ¡Nada más lejos de la realidad! El niño llega al mundo preparado para aprender y dotado de unas capacidades cognitivas que le permiten hacerlo. Una de las más asombrosas es la imitación.

Neuronas espejo

En los años ochenta el investigador del desarrollo infantil Andy Meltzoff realizó un estudio: le sacó varias veces la lengua a un bebé de 42 minutos de vida. Tras unos intentos el bebé ¡le devolvió el gesto! Hoy se sabe que este logro es posible para el niño gracias a las neuronas espejo, las responsables de la conducta imitativa.

En la naturaleza los cachorros imitan a sus padres por instinto de supervivencia. En el bebé la imitación también es una capacidad innata y es su primera forma de aprendizaje.

Pasión por las caras

Todo en el rostro de tu bebé es atractivo: sus ojos brillantes, su nariz o sus mofletes son como un imán irresistible. A tu recién nacido le pasa lo mismo con las caras humanas, sobre todo si son de verdad. En una investigación realizada con bebés en la que se les presentaron caras dibujadas junto a otras reales, todos mostraron una clara preferencia por las de verdad.

Pero el niño no sólo mira un rostro, también es capaz de copiar sus expresiones. Tiffany Field, profesora de Psicología de la Universidad de Miami, llevó a cabo un estudio con bebés sobre la imitación de emociones. Un adulto reflejaba en su cara tres expresiones (tristeza, felicidad y sorpresa) ante un grupo de recién nacidos. Un observador, que se encontraba detrás del adulto sin ver su cara pero sí veía las de los bebés, iba anotando las emociones que pensaba que éstos mostraban. Sus notas y las expresiones reales del adulto coincidían muchas veces.

¿Cómo imita las expresiones el niño?

El pequeño centra su mirada en los ojos y la boca del adulto y va cambiando sus propios ojos y boca en función de lo que ve. Por ejemplo, si tú muestras sorpresa, sus ojos y su boca se agrandan; si tienes una expresión triste, él frunce las cejas y hace pucheros con la boca.

Como decía el pediatra británico D. W. Winnicott: “Las madres son un espejo para sus hijos. El niño mira la cara de su mamá y se ve a sí mismo. Ella mira al bebé y su expresión refleja lo que ve en él. Ambos se imitan mutuamente”. Esto ayuda al niño a crear un fuerte vínculo con la madre y con el mundo que le rodea.

Imita la sonrisa de sus padres

Uno de los gestos de imitación que más gusta a los padres es la primera sonrisa “voluntaria” del bebé. Aparece en torno a las 8 semanas de vida y actúa como una forma de interacción en una fase en la que el pequeño aún no dispone de palabras.

La primera carcajada

Te sonríe, tú le devuelves la sonrisa y él sonríe otra vez. Así demuestra que está contento. Hacia el quinto mes aparecerá una carcajada cuando pongas una mueca o le hagas cosquillas. A medida que crece va imitando más cosas: expresiones faciales y sonidos, movimientos y gestos... ¡Es como una esponja que lo registra todo!

Jugar a imitar situaciones

La imitación requiere tres fases: la atención (el bebé debe estar atento), la retención (fija lo que ve y lo memoriza) y la reproducción (es capaz de repetir lo visto).

Comienza el juego simbólico

A partir de su segundo año el niño empieza a copiar cada vez más acciones y en torno a los 18-24 meses aparece el juego simbólico, en el que es capaz de imitar situaciones. Juega a ser bombero o maestra o pincha a su osito con una vacuna, dando así expresión al desagrado que vivió él.

La imitación le ayuda a entender el mundo y a asimilar experiencias.

Atención a lo que ve

Por último, ten presente que el hecho de que el niño imite todo lo que ve obliga a estar atentos.

En un estudio del psicólogo canadiense Albert Bandura pusieron un vídeo a un grupo de niños de 4 años. En él aparecía una mujer adulta pegando a un muñeco tentetieso llamado Bobo. A continuación llevaron a los niños a una sala donde estaba Bobo y todos empezaron a pegarle; imitaron lo que habían visto.

Un ejemplo eficaz

Por tanto, hay que vigilar qué ven los niños y cómo nos comportamos ante ellos. Como decía el escritor James Baldwin: “Los hijos nunca han sido buenos en escuchar a sus padres, pero sí en imitarlos”. Tus actos le influyen más que tus palabras.

Juegos de imitación para primeros meses

Con ellos fomentarás su capacidad de imitación. Pero realízalos cuando él esté tranquilo y sus necesidades, cubiertas.

De 0 a 3 meses

- Cógelo en brazos, sitúa su cara a 20 centímetros de la tuya y saca tu lengua. Repítelo varias veces. Si sigue mirándote, empezará a mover la lengua dentro de la boca y al final la sacará. Quizá no lo haga hoy, pero sí lo hará unos días después.
- Cuando te mire fijamente a la cara abre la boca, cada vez un poco más, y espera hasta que él abra la suya. Frunce los labios y alza tus cejas. El bebé mirará tu boca e imitará el gesto.

De 3 a 6 meses

- Ponte a una distancia de su cara de unos 25 cm de distancia, sonríele y espera a que te devuelva la sonrisa. Repítelo un par de veces y te imitará.
- Cuando empiece a hacer sonidos y gorgoritos, imita lo que él haga y espera su respuesta. Contéstale igual.

De 6 a 9 meses

- Cántale una canción acompañándola con palmadas. Aprenderá a dar palmas él solo.
- Esconde tu cara debajo de un pañuelo y... quítatelo. Haz lo mismo tapándole a él y al instante se quitará el pañuelo y se reirá de la situación.

¿Qué copia el niño en cada edad?

Lo normal es que a medida que tu hijo vaya cumpliendo años avance en el campo de la imitación. Si a los 3 años compruebas que no es así, tendrás que consultar con un psicólogo infantil.

Con 1 año

La sonrisa, los balbuceos, las expresiones, asiente con la cabeza, señala, aplaude, saluda con la mano, baila, dice alguna palabra (hacia los 12 meses).

De 1 a 2 años

Abre y cierra puertas, dice cada vez más palabras, se peina, se lava con una esponja, canta, mece a su muñeca, hace correr a los coches imitando el sonido del motor, dibuja garabatos.

De 2 a 3 años

Dice su nombre, imita en su juego a los adultos, cuida de una mascota, riega las plantas, te ofrece algo como consuelo y habla por teléfono.

De 3 a 5 años

Sabe su edad, conoce su sexo (niño, niña), repite palabrotas y/o buenos modales, copia expresiones y frases de los adultos y se pone los tacones de mamá o la corbata de papá.

(Si el niño a los 36 meses no imita a los adultos ni muestra el juego simbólico, conviene acudir a un psicólogo infantil.)

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