Papá y bebé, una relación única

Tus mimos, tus cuidados, tus juegos.. Todo lo que aportas ahora a tu hijo ahora contribuirá a convertirle en un adulto feliz y seguro de sí mismo.

 

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Un rol fundamental

Cada vez más estudios reafirman el papel esencial del padre en la crianza de los hijos. Un papel que puede comenzar a ejercer ya desde la gestación (aunque por el momento lo hace principalmente a
través de su pareja, apoyándola e implicándose
en el desarrollo del embarazo), y que a partir del nacimiento irá afianzándose.

Empezar casi desde cero

Cuando el bebé llega al mundo “la madre lleva nueve meses de ventaja, mientras que el padre empieza a construir casi desde cero”, opina Román Pérez Burín, miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña. “Pero con el tiempo va adquiriendo una identidad propia, creando verdaderas estructuras de relaciones paterno-filiales”, añade.

De hecho, el bebé toma rasgos de la manera de funcionar de ambos, que incorpora como propios: desde la forma de hablar o comunicar hasta la de reír. “Y va entendiendo que hay reacciones distintas según quien las transmita”, dice Román Pérez.

Tu implicación como padre depende en gran medida de tres factores: la cantidad de tiempo que dedicas a interactuar con tu hijo, la disponibilidad que manifiestas ante sus señales y la responsabilidad que asumes en su crianza. Para Jorge Alcalde, director de la revista QUO y autor del libro Te necesito, papá, “el bebé necesita compensar la dependencia materna con autonomía, y en esta búsqueda la primera persona fiable que encuentra es el padre”.

El papel de apoyo de la madre a este proceso es fundamental. “Es básico que ella dé juego al padre para que él encuentre su camino”, argumenta el experto.

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Implicación desde el embarazo

Participar de manera activa en el embarazo es el primer gran contacto con tu futuro hijo. “Antes, la llegada del bebé era un asunto exclusivamente de la mujer, pero ahora todo ha cambiado”, cuenta Román Pérez. Hoy las nuevas ecografías, algunas en 3D, permiten una definición tan cercana que no hay padre que no se emocione al ver al bebé moverse en el líquido amniótico. “Son sus encuentros iniciales con su hijo. Este vínculo es sumamente potente y activa uno de los primeros sentimientos de paternidad”, sostiene el psicólogo.

Háblale durante estos meses

Además, hay otro aspecto importante: que le hables durante la gestación. Para Thomas Verny, fundador de la Asociación Norteamericana de Psicología Prenatal, los padres que hablan a diario a sus hijos durante el embarazo establecerán un mayor vínculo afectivo con ellos a lo largo de su vida.

Se estima que un feto de 5 meses ya es capaz de oír sonidos que le producen emociones. Comunícate con cariño e incluso cántale alguna de tus canciones favoritas. Tu participación a través de los sonidos es esencial para fortalecer este vínculo.

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Un gran papel en la lactancia

Según explica Román Pérez, en ocasiones “cuando nace el bebé y la madre le da el pecho, se produce una pequeña crisis en el padre, que se siente desplazado, sin saber muy bien cuál es su rol”.

Sin embargo, aquí juegas un papel importantísimo, acompañando a tu pareja y ayudándola en todo lo posible. Piensa que, si ella se siente segura, transmitirá a vuestro hijo esa sensación de bienestar y confianza.

Tu apoyo es bueno para los dos

Trata de estar a su lado a menudo mientras le da el pecho: vivir este momento fortalece el vínculo entre los tres y a ella, contar contigo para cuestiones prácticas (darle un pañuelo si lo necesita, ofrecerle un poco de agua...) le ayuda a dedicarse mejor al bebé; anímala cuando se sienta cansada y evita comentarios negativos (“¿Ya está mamando otra vez?”).

Otra buena idea: coge tú al niño para ayudarle a expulsar los gases. La madre descansará y tu hijo se acostumbrará a tus brazos y tu cariño.

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Vuestro contacto le hace feliz

Un informe del reconocido psiquiatra Frank. A. Pedersen demostró la alegría que despertaba en bebés de 8 meses de edad la llegada al hogar de su padre, lo que confirmaba la existencia de un apego entre ellos.

La importancia del apego

Establecer este apego es esencial para crear una relación satisfactoria. Y en este sentido, Román Pérez comenta que “el tiempo que pasan juntos padre e hijo es importante, pero lo es aún más la calidad de ese tiempo”.

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Le ayudas a abrirse al mundo

Tu voz, tu olor, tus gestos, tu forma de cogerlo... Todo lo que recibe de ti a diario suma a vuestra relación. Las dos visiones de la realidad que tu pareja y tú le ofrecéis son distintas (porque sois personas diferentes), pero igualmente válidas y, sobre todo, complementarias.

Otras experiencias

“Inicialmente el mundo del bebé es su madre. Pero con su personalidad, carácter y visión del mundo, el padre le aporta otras experiencias y le proyecta al exterior”, explica el psicólogo.

De hecho, Pedersen demostró que los bebés que mantienen un contacto estrecho con su padre luego aceptan con mayor normalidad la presencia de otros adultos.

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¡Cuánto le enseñan tus juegos!

Según la psicóloga francesa Florence Labrell, la presencia del padre en el juego de su hijo repercute en su esquema de aprendizaje y favorece su confianza, su capacidad creativa y su disposición a asumir riesgos.

Y es que, aunque depende en gran medida de la forma de ser de cada persona, al parecer los padres tienden a jugar con los hijos moviéndolos
más rápido y de una manera más enérgica, manteniéndolos a más distancia de su cuerpo... “Para el bebé, esta manera de entender el juego resulta fascinante y fortalece su ‘yo’ corporal”, dice Román Pérez.

Positivo para la sociedad

Se trata, en definitiva, de aprovechar cualquier ocasión para estar con tu bebé e implicarte en su crianza de una forma activa y positiva.

Será muy beneficioso para los dos... y también para la sociedad en la que va a vivir, como señaló una original campaña publicitaria que el Ayuntamiento de Bilbao llevó a cabo hace dos años para fomentar la participación paterna en la crianza de los hijos. La imagen: un padre dando de comer al bebé. Y debajo de ella, un eslogan clarificador: “Alimentando la igualdad crecemos juntos”.

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Un vínculo para siempre

Refuerza al máximo el vínculo que os une involucrándote desde el principio.

- Tómate tu tiempo. Si te lo puedes permitir, valora la opción de pedir la jornada laboral reducida.
- Asume tareas diarias: vestirle, bañarle... y aprovéchalas para conocerle mejor.
- Juega con él a tu manera. Y diviértete haciéndolo; lo percibirá.
- Atiéndele en cuanto lo necesite. Sentir que estás cerca y que le das tu atención refuerza su autoestima.
- Establece vuestras rutinas: si siempre le cantas una nana tú, asociará a ti esa sensación agradable.
- Exterioriza lo que le quieres: bésale, acaríciale...

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