¿Bebé tranquilo o puro nervio? Así debes tratarlo

Ya se trate de un bebé súper tranquilo o de uno que no para quieto, la clave para entablar una buena relación con él radica en aprender a conocerle y en satisfacer sus necesidades.

 

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¿Cuál es su temperamento?

Todos somos diferentes, los bebés también. Mientras que unos son más tranquilos, risueños y regulares para comer y para dormir, otros son más inquietos, llorones e imprevisibles.

Estas formas de reaccionar vienen determinadas en gran medida por el temperamento, la manera de ser innata de cada cual, en la que influyen la herencia genética y todas las impresiones que ha recibido el niño durante el embarazo, el parto y sus primeras horas en el mundo.
Sin embargo, a pesar de estas respuestas temperamentales, los padres podemos influir (y mucho) en la formación del carácter y la personalidad de nuestro hijo. Y es que está demostrado que el ambiente y la educación pueden corregir o potenciar muchos comportamientos que tienen una base hereditaria.

Dos tipos de temperamento

Según su temperamento, podemos englobar a los bebés en dos grandes categorías: tranquilos y nerviosos. Aunque, como es natural, estas formas de ser no se dan en estado puro y un niño que generalmente se muestra calmado puede pasar un día (o varios) inquieto. Y viceversa.
No existe ningún tipo de relación entre el temperamento y la inteligencia, el orden de nacimiento entre los hermanos o la clase social. Sí la hay, sin embargo, entre el temperamento nervioso y las alergias. De hecho, muchos bebés nerviosos tienen la piel especialmente delicada.
Los expertos hacen mucho hincapié en que no hay bebés perfectos y aconsejan a los padres aceptar al suyo tal y como es, sin desilusionarse porque nada parezca entusiasmar a su pequeño pachorrón, ni culpabilizarse si su hijo se pasa el día protestando y no saben cómo satisfacerle.
Esta aceptación y un conocimiento mutuo cada día más completo y adaptado constituyen las bases para poder desarrollar la mejor relación posible con su pequeño.

Así son los bebés tranquilos

Duermen con los puños abiertos desde muy pequeñitos, se entretienen manipulando sus juguetes o escuchando los sonidos que se producen a su alrededor, son regulares para comer y dormir, manchan el pañal a las mismas horas todos los días y cuando algo les molesta lloran, pero no a gritos.

Se muestran contentos en todas las situaciones, sonríen con facilidad a todo el mundo (extraños incluidos) y aceptan bien las novedades y los cambios inesperados.

No reclama, pero necesita

Si tu hijo es así, estás de enhorabuena. Criarlo te resultará bastante sencillo y como su regularidad de horarios te permitirá organizarte bien y dormir tus horas, estarás descansada y podrás disfrutar al máximo de tu maternidad.

Además, ver contento a tu bebé te hará sentirte más segura en tu nuevo papel y tu estado de bienestar repercutirá positivamente en tu pequeño; es decir, sin daros cuenta estableceréis una relación de feedback entre vosotros que os ayudará a sentiros estupendamente el uno con el otro.
Ahora bien, no interpretes el hecho de que tu pequeño llore poco, se queje lo justo y esté siempre feliz como que es “autosuficiente” y no necesita nada, porque no es así. Tu pequeño te necesita en tiempo y en atención tanto como los demás niños necesitan a sus madres, aunque el tuyo se muestre menos exigente que ellos, así que...

- Cógelo en brazos varias veces a lo largo del día, aunque no llore. Esta práctica es imprescindible por dos motivos: para que tu pequeño se sienta aún más querido y porque si solo le reservas tu regazo para esos momentos extraordinarios en los que llora, aprenderá que debe estallar en llanto para que le cojas y poco a poco se volverá más llorón.
- Es cierto que tu hijo no tiene problemas para conciliar el sueño, pero aún así, establece un ritual nocturno para dormirle. Acostarle en su cuarto después del baño, el biberón, las palmaditas en la espalda para que eructe y el beso de buenas noches le ayudará a tener un sueño más reparador que si dejas que se duerma en cualquier parte, porque “como duerme como un bendito y nada le molesta...”.
- Aunque le veas feliz jugando solo en su hamaquita con un juguete, observándose las manos o cogiéndose los pies, acuérdate de tumbarle todos los días un rato boca abajo sobre una alfombra (a partir del tercer mes) y poner un juguete atractivo ante él para que intente cogerlo. Los bebés muy tranquilos a veces tienen falta de iniciativa y de esta forma le animas a reptar, lo que mejorará su tono muscular y evitará que tarde en gatear y en soltarse a andar.
- Báñalo por la mañana. El contacto con el agua y chapotear en ella le despejará y le hará estar más receptivo a todos los estímulos que le rodean.

Así son los bebés nerviosos

Resulta complicado ajustarlos a un horario de sueño y alimentación, porque no son nada regulares. Cuando les entra hambre o sueño, lloran con intensidad y no se calman hasta satisfacer su necesidad.

Tienen el sueño muy ligero y se despiertan varias veces durante la noche. Una prueba evidente de que están siempre tensos es que cuando duermen mantienen los puños cerrados con fuerza (es algo que les pasa a todos, pero solo en las primeras semanas).

Objetivo: ‘sintonizar’ con él

¿Tu hijo es un bebé nervioso? ¿No sabes cómo tratarle para que se sienta a gusto, llore menos y sonría más? ¿Estás agotada y a veces te desesperas? Para poder entablar una buena sintonía emocional con él, tienes que hacer tres cosas.
La primera ya la estás haciendo, y muy bien, que es quererle mucho. La segunda medida, a la que ya nos hemos referido antes, radica en aceptarle tal y como es y en convencerte de que tu hijo no es ni mejor ni peor que los demás niños, sino solo un poco más difícil de criar. La tercera pauta consiste en no sentirte culpable ni responsable del temperamento de tu bebé.
Estos sentimientos negativos pueden hacerte pensar que no eres una buena madre, lo que a su vez te creará ansiedad, y cuanto más ansiosa estés tú, peor se comportará tu hijo y más difícil será que os entendáis. Así que ya sabes: aunque te cueste, mantén la calma y sigue los tres consejos anteriores.

La convivencia, más fácil

Una vez creada la base para entablar una buena relación con tu pequeño, hay muchas medidas que puedes tomar que te facilitarán el día a día con él:

- Adelanta tu reloj un cuarto de hora. Así, aunque tardes en arreglar a tu pequeño y salir a la calle con él, llegarás con tiempo a los sitios, no te pondrás nerviosa y evitarás contagiarle tu inquietud.
- Intenta ser muy rutinaria con él. Las rutinas le ayudarán a anticiparse a lo que viene a continuación, lo que le hará sentirse más seguro. Y cuanto más seguro se sienta, menos nervioso se pondrá.
- Tal vez puedas anticiparte a sus necesidades de comida y descanso. Ten siempre algo de comida preparada (tarritos, papillas en tarrinas o en briks...) y la cuna lista para echarle al menor síntoma de cansancio. Así te ahorrarás más de una rabieta.
- No le des de comer cada vez que llora (puede ponerse muy gordito). Cuando llore y no logres averiguar qué le pasa, mételo en el portabebés y sal a pasear o ponte a hacer las tareas de la casa con él pegado a tu pecho. El contacto físico con la madre tiene un sorprendente poder sedante para los bebés.
- Procura que haga ejercicio todos los días (¡más aún que el que ya hace pataleando y dando manotazos!). En casa, anímale a jugar con la manta de actividades y si es mayorcito, sácale a la calle para que se desfogue jugando en el parque.
- Preséntale las novedades poco a poco. Si vas a dejarle con una niñera, invítala una tarde a merendar para que tu hijo la conozca. Al día siguiente déjalos solos a ratitos, aunque tú sigas en la casa. Al tercer día ya podrás irte y aunque tu hijo llore, no hará un drama cuando le digas adiós.
- No le lleves a lugares ruidosos ni con luces estridentes (a las fiestas del barrio, por ejemplo).
- Recuerda que sus prendas, además de estar elaboradas con tejidos naturales, deben quedarle un poco holgadas, para que no le molesten.
- Intenta que en su día a día haya momentos de tranquilidad. Hojea un cuento con él, ponle música relajante, háblale mirándole a la cara... Muchas veces los niños tan movidos acaban poniéndose nerviosos a ellos mismos y necesitan que alguien les haga parar, para tranquilizarse un poco.
- Báñalo por la noche. El agua calentita le relajará y le facilitará la conciliación del sueño.
- Si se despierta por sus propios movimientos involuntarios de brazos y piernas, en cuanto se quede dormido (si está despierto no te dejará) envuélvelo en una sábana finita, que le impida agitarse (asegúrate de que no puede taparse la cabeza).

Buenas noticias para todos

Sea como sea tu bebé, tiene sus ventajas. Los calmados tienden a concentrarse más en un futuro y los movidos tienen menos tendencia a ser obesos.

Si tu hijo es inquieto...

Según una investigación realizada en EEUU, los niños que se muestran muy activos hasta los 5 años se mantienen en buena forma durante todo su crecimiento y raras veces sufren problemas de obesidad.

Dicho estudio consistió en controlar a 333 niños activos de 5 años con un escáner que medía los huesos, la grasa y los músculos y un acelerómetro que registraba sus movimientos.
Cuando volvieron a estudiar a estos pequeños a los 8 y a los 11 años descubrieron que, como media, cada niño se había movido vigorosamente media hora al día y por cada 10 minutos más de ejercicio, los niños tenían casi medio kilo menos de peso, incluso aunque ya no fueran tan activos.

Si tu hijo es calmado...

Al tener más capacidad de concentración, aprovechará mejor sus habilidades intelectuales. Y es que al explorar pacientemente sus juguetes encontrará diferentes usos y maneras de jugar con ellos, lo que favorecerá sus nuevos aprendizajes, su capacidad resolutiva, su imaginación creativa y su autoestima.

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