La mente del bebé, ¡asombrosa!

Desde la formación de las neuronas al aprendizaje de procesos más elaborados. El desarrollo del cerebro del bebé es algo increíble. No te lo pierdas.

 

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Un proceso asombroso

La formación y evolución del cerebro de tu hijo es un proceso asombroso. ¿Quieres saber cómo se produce? Acompáñanos en este descubrimiento mágico que, seguro, te va a sorprender.

En la tercera semana del embarazo

El cerebro empieza a formarse desde la tercera semana de la gestación. “Su evolución a partir de ese momento es imparable”, explica Alfredo García-Alix, consultor del Servicio de Neonatología del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona.

Las células nerviosas

En esta etapa intrauterina experimenta un gran desarrollo metabólico y estructural. Durante los cuatro primeros meses fabrica una enorme cantidad de células nerviosas que serán las futuras neuronas. “El 99% se crean en las 20 primeras semanas”, explica el investigador.

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La conexión neuronal

Cerca del nacimiento se produce la formación de la mielina, una sustancia blanquecina (compuesta de lípidos y proteínas) que recubre las neuronas y facilita las conexiones de unas con otras (sinapsis), formando la red de circuitos neuronales. “Sin la mielina, el impulso eléctrico funcionaría mal”, apunta García-Alix.

Una neurona por sí sola no aporta nada, pero millones de ellas interconectadas logran tareas muy complejas. Como cada neurona se conecta a su vez con varios miles, el resultado es de ¡cien billones de conexiones!  Es esta unión entre las neuronas la que marca la verdadera dimensión de nuestro cerebro.

No expresa emociones, pero sí siente

Pero ¿quiere eso decir que el feto tiene conciencia de su entorno y de sus acciones durante la fase intrauterina? La respuesta es no.  “El feto realiza movimientos espontáneos, pero no son acciones conscientes, los produce su sistema nervioso”, explica nuestro asesor.

Lo mismo ocurre con las muecas. “No se ríe, aunque en las ecografías lo parezca”, añade García-Alix. Un feto no sabe que está viviendo en un útero ni expresa emociones, pero sí siente. Y eso es gracias, precisamente, a su evolución cerebral. “A partir de las 20 semanas de gestación, si le provocas dolor, aumenta su consumo de oxígeno, lo que indica que le llega esa sensación, su cerebro la percibe y procesa”.

Memoriza estímulos sensoriales 

En esta etapa, además, el feto adquiere una facultad extraordinaria: memorizar emociones y estímulos sensoriales primarios como tu voz o el olor de tu líquido amniótico (similar al de tu leche), que reconocerá tras su nacimiento.

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La gran explosión

Poco antes del nacimiento se produce la gran explosión que va a interconectar los millones de neuronas que el cerebro ha ido creando a lo largo de estos meses. “Es como un big bang neuronal que lo cambiará todo”, ilustra el experto.

Muerte neuronal programada

El cerebro se va perfilando y todo adquiere sentido. Las neuronas se conectan unas con otras. “Millones de ellas quedan aisladas, no unidas en haces, y mueren –es la llamada muerte neuronal programada–, pero precisamente por eso el cerebro ha creado muchas más de las que realmente necesita”, explica.

El bebé nace competente

Esta fabulosa explosión de interconexión neuronal durará varios meses más tras el nacimiento. “Un bebé nace competente”, cuenta García-Alix. Es la mejor forma de resumir el enorme trabajo que ha realizado su cerebro durante sus nueves meses de vida intrauterina. “Tiene todas las capacidades que necesita para asegurar su supervivencia e interaccionar con su entorno. Su sistema sensorial le permite reconocer a sus padres”, añade.

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Procesos más elaborados

Hasta los 3 años de vida el cerebro tiene su máxima plasticidad y está siendo modelado por la experiencia.

Los lóbulos frontales comienzan a activarse a los 6 meses de edad. El bebé empieza a manifestar emociones y apego a sus padres. Al cumplir el primer año, tiene casi el doble de conexiones neuronales comparado con un adulto. Enfoca su atención en objetos de su entorno. Algunas funciones, sobre todo las que tienen que ver con los sentidos, se establecen en los primeros meses.

¡Cuántos avances!

Un poco más adelante surge el control de los movimientos para gatear y andar y en una tercera fase llegan procesos más elaborados como el viaje mental en el tiempo y la planificación anticipada.

Los expertos hablan además del “cerebro social”, es decir, de la fascinante capacidad de aprender rápidamente el movimiento humano, los rostros familiares y las voces.

El exceso de neuronas va decreciendo a medida que avanza la infancia debido sobre todo a la aparición de las experiencias en su vida.

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La ventana de la oportunidad

“Todo el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso está programado genéticamente, pero eso no quiere decir que los condicionantes externos no sean esenciales”, cuenta García-Alix.

El entorno juega un papel fundamental, sin ser lo único que importa: hay que sumarle el tiempo. Es lo que los expertos llaman “la ventana de la oportunidad”. Es decir, la estimulación se ha de realizar en un momento concreto, ya que, de lo contrario, esos circuitos morirán y esa ventana se cerrará.

Para hacernos una idea aproximada de lo que ocurre ayuda un experimento realizado  con un gato, al que al nacer se le tapó un ojo durante 6 semanas. Al destaparlo, el animal no tenía visión en ese ojo y nunca la adquirió. “El ojo no ejerció los estímulos adecuados en el momento preciso. El ojo sigue sano, pero el cerebro no ha podido crear las conexiones necesarias para que vea”, resume el pediatra.

Cada momento es irrepetible

En definitiva, como explica García-Alix, para influir de manera más positiva en el desarrollo del cerebro de tu hijo recuerda que cada momento es único y debes aprovecharlo.

El bebé aprende de forma global, con sus sentidos y con la experiencia del movimiento. “Es lo que llamamos aprendizaje por exposición, que no es racional”, dice García-Alix. Sonidos, vídeos, juegos... ayudan a potenciar sus funciones cerebrales en los campos sensoriales, cognitivos y sociales.

Tu cariño, esencial

Pero la estimulación más necesaria y enriquecedora es la interacción con las personas. Si le transmites tu cariño incondicional y le integras en la vida familiar, su cerebro te lo agradecerá.

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Datos sorprendentes

Hay muchos llamativos, pero estos son los más curiosos:

- El cerebro de un bebé pesa al nacer unos 350 gramos. A los 3 años, 1.200 g. De adulto, 1.500 gramos.
- Tenemos entre 50.000 y 100.000 millones de neuronas.
- Se llegan a producir hasta 250.000 neuronas por minuto durante la gestación. El 99% de ellas se crean en las 20 primeras semanas de vida.
- Se producen cien millones de conexiones neuronales.
- A los 6 años el cerebro alcanza el nivel más alto de energía.
- El sueño (fase REM) ayuda a que el cerebro de tu hijo se desarrolle.

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Debes alimentarlo bien

Es fundamental una dieta que suministre a las madres, durante su gestación, y a los niños, durante su crecimiento, una cantidad suficiente de micronutrientes.

- Ácido fólico. Necesario para evitar la espina bífida. Tómalo desde dos meses antes de quedarte embarazada.  
- Minerales: yodo, hierro, calcio y zinc.
- Vitaminas: en especial la B12 y la B6, que ayudan a la producción de neurotransmisores.
- Aminoácidos. Como la colina, el triptófano y el ácido glutámico.
- Ácidos grasos Omega 3 y Omega 6. Ayudan a la formación del tejido cerebral. Favorecen la memoria.

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