Si tu hijo se porta mal, corrígele así

Hacia los 20 o 24 meses, los niños pasan por un periodo de rabietas, enfados, negativas... Son conductas típicas de esta edad. ¿Cómo actuar ante ellas?

 

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No te hace caso si le dices "No"

Tu hijo se acerca continuamente a algún peligro (el radiador, la ranura del vídeo...), aunque tú le digas que no toque ahí. Actúa de esta manera porque para aprender los “noes” necesita mucha repetición y constancia.

Su memoria es aún muy corta y sólo se acuerda de lo que no debe hacer si su padre o tú estáis a su lado; sois su conciencia. Ten en cuenta también que su afán por explorar el mundo es mucho más fuerte que sus ganas de obedecer.

Pautas a seguir

Acerca su mano a ese punto y dile “esto no” o “esto pupa” tantas veces como sea necesario. Sólo interiorizará tus “noes” si se los repites hasta la saciedad (esto formará su conciencia).

Errores a evitar

Prohibirle algo un día y permitírselo otro.

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Coge rabietas a menudo

Se deben a que tu hijo aún no dispone de palabras para expresar lo que siente y canaliza sus emociones a través de su cuerpo.

Pautas a seguir

Acércate a él, acaríciale si le gusta y dile en tono cariñoso algo como “veo que estás enfadado”; poner nombre a lo que siente le hace bien. Así le “acompañas en su emoción”, lo que le ayuda a comprenderse mejor a sí mismo.

Dale tiempo para que se desahogue y vuelva a la normalidad. Si tiene más de 3 años puedes explicarle por qué no debe comportarse así.

Errores a evitar

Castigarle por su mal comportamiento, ceder ante su rabieta o intentar que razone durante la explosión (en esos momentos es incapaz de entenderte).

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Se muestra agresivo

Pega a sus amiguitos, les quita los juguetes, a veces los muerde e incluso os levanta la mano a vosotros.

Todas estas actitudes del niño se deben a que todavía no entiende la línea divisoria entre él y los demás.

También puede ocurrir que sienta a los otros como una amenaza y por eso esté siempre a la defensiva.

Pautas a seguir

Muéstrate cariñosa con él y dale muchos mimos, así se sentirá querido y más seguro. Al mismo tiempo, sé constante y clara en tus indicaciones: cuando agreda, dile “no” con tono firme y decidido y luego cógele las manos y repítele “no, eso no”.

Con un muñeco puedes enseñarle a hacer caricias en vez de dar golpes. O, si es muy pegón, dale un cojín para que lo golpee cuando le sorprendas pegando a otro niño (un banco de juguete con martillo también le vendrá bien).

Explícale que al golpear al otro le hace pupa y utiliza esta misma palabra para cuando él se haga daño, para que vaya entendiendo las consecuencias de su acción. Además, elógiale cuando se comporte bien.

Errores a evitar

Enfadarte mucho con él y emplear sus mismos métodos (pegarle...) para que entienda por qué no debe usarlos. Esto último le confunde mucho, ya que ve que tú haces algo que a él le prohíbes.

Tampoco debes amenazarle con marcharos del lugar, porque no entenderá la relación entre su conducta y tu decisión.

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No sabe compartir

Se adueña de todo lo que ve y no quiere dejar nada a los otros niños. Esto se debe a que se encuentra en pleno proceso de aprendizaje del “yo”.

Los juguetes forman parte de ese “yo” y le hacen sentirse seguro, por eso la mayoría de los niños son coleccionistas. Hasta que tienen el sentido del “yo” bien establecido, alrededor de los 3 años y medio, les resulta muy difícil compartir.

Y además, como no tienen noción del tiempo, para ellos dejar algo es perderlo para siempre.

Pautas a seguir

Sé diplomática. Llévate juguetes suyos al parque o a casa de otros niños sin esperar que los comparta, sólo para que tenga algo suyo.

Enséñale a hacer turnos para utilizar los juguetes (“ahora tu amigo, después tú”) y respeta que no quiera compartir lo más querido para él, como su mascota o su muñeca preferida.

Sé paciente y mantén la perspectiva de que esta conducta cambiará.

Errores a evitar

Llamarle egoísta o criticarle por no compartir. Esta conducta no revela en absoluto su verdadero carácter, sólo su edad.

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No para un momento

Tu hijo siempre está moviéndose, si vais de visita lo toca todo y si coméis en un restaurante se levanta de continuo. Se debe a que está en plena etapa del desarrollo motor grueso y a que le atrae todo lo que ve.

Pautas a seguir

Procura que a diario tenga ratos para correr y moverse a sus anchas. También es importante que pueda jugar, esté donde esté. Jugando descubre el mundo, se prepara para la vida y aprende a dominar sus impulsos y emociones. Si debe estarse quieto y sentado en alguna situación, dale objetos con los que pueda entretenerse y alterna momentos de tranquilidad con otros de movimiento.

Errores a evitar

Exigirle que esté quieto durante mucho rato seguido y llevarle a sitios no adecuados para niños (un concierto, por ejemplo).

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Te interrumpe, no espera

Estás hablando y él te interrumpe una y otra vez, le pides que espere y no te hace caso...

Su impaciencia se debe a que hasta que cumplen 3 años los niños piensan que el mundo gira en torno a ellos y creen que son siempre el centro de atención.

Pautas a seguir

Explica a tu hijo la situación, reconociendo su deseo de acapararte. “Quieres contarme algo, ¿verdad? Pero ahora debes esperar”. Al ver que entiendes su impaciencia se sentirá comprendido.

Fija el tiempo de espera en función de su edad: en el primer año es bueno atenderle de inmediato, pero poco a poco tendrás que ir prolongando los ratos de demora. Así le enseñarás a ser menos impaciente y a superar la frustración.

Errores a evitar

Esperar demasiado de él y atenderle “a medias”. Si te acostumbras a escucharle mientras haces otra cosa es muy probable que siga insistiendo hasta conseguir tu verdadera atención.

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Cada vez que juega, llora

Siempre que juega con un amiguito tu hijo acaba acercándose a ti llorando, quejándose de que el otro le pega o le quita las cosas.

Reacciona así porque aún tiene que aprender a jugar en armonía y esto es algo que sólo puede conseguir a base de prueba y error.

Y si su compañero es de su misma edad, ambos están todavía en la fase del egocentrismo y ninguno sabe ponerse en el lugar del otro. La empatía viene con el tiempo y a partir de los 4 años el juego se vuelve bastante más armonioso.

Pautas a seguir

Cuando tu peque acuda a ti, lo primero que debes hacer es calmarle. Reconoce su emoción (“veo que estás enfadado”) y a continuación pregúntale cómo cree que se siente su amigo, así le enseñas a ponerse en el lugar del otro.

Y deja que el otro niño también te cuente su versión. Muchas veces este desahogo basta para que ambos se calmen y jueguen de nuevo.

Errores a evitar

Pensar que pueden jugar sin la intervención de un adulto y prolongar en exceso los ratos de juego. Una hora y media es mucho para menores de 3 años.

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¿Y si tengo que castigarle?

Para que un castigo resulte efectivo debemos tener siempre muy en cuenta la edad del pequeño.

De 0 a 1 año

En el primer año no podemos hablar de castigos. Si hace algo que no debe, hay que retirarle del lugar y desviar su atención hacia otra actividad.

De 1 a 2 años

Su memoria es muy corta y necesita tiempo para interiorizar nuestras prohibiciones, por eso hay que repetírselas tanto. No hay mala idea en sus acciones, sólo ganas de investigar.

De 2 a 3 años

En esta etapa debemos seguir con los “noes” y aplicar el castigo de la “pausa obligada”: cuando no haga caso, dejarle solo en el pasillo explicándole el porqué. El rato del castigo no debe superar 1 minuto por cada año de edad (2 años: 2 minutos).

De 3 a 4 años

Aparte de la pausa obligada, podemos retirarle un privilegio. Y conviene introducir el sistema de premiar las buenas conductas. Acuerda con él qué conducta debe mejorar, por ejemplo la convivencia con el hermano o recoger sus juguetes.
Anota en un folio los días de la semana y por cada día exitoso, dibújale un sol. Cuando llegue a un determinado número de soles, obtendrá un pequeño detalle.

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