Todo lo que haces con él le enseña

Tu hijo te observa, te analiza y aprende muchísimo de ti. Cada momento del día que le dedicas es un instante que el niño aprovecha para absorber experiencias y conocimientos.

 

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Tu modo de despertarle

Aunque te haya dado mala noche, en su primer contacto con el día y contigo colócate en su campo de visión y ofrécele una sonrisa. La sonrisa aporta confianza y seguridad, calma los nervios, se contagia con facilidad, recarga el ánimo de energía positiva y dicen los estudiosos que es un mecanismo de unión entre dos mentes.

Si le sonríes, tu bebé aprende que todo va bien, sabe que vas a atender sus necesidades y su angustia disminuye (las ecografías demuestran que el bebé ensaya la sonrisa ya en el interior del útero). Y además, es una buena costumbre que se mantiene y que imitará.

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Seguro en tus brazos

Durante los primeros meses, cuando levantes al niño de la cuna, cógelo con seguridad, una mano en su culete y otra en su espalda y nuca. No lo eleves deprisa (tampoco al acostarlo), porque tendrá sensación de vértigo y dará un respingo.

Al principio no le pongas en vertical, mantenlo en tus brazos en horizontal y mécelo despacio, pero con firmeza. Él reconoce este movimiento de vaivén que evoca su estancia flotando en el líquido amniótico. Por eso se calma y disfruta tanto cuando lo haces. Más adelante, cuando su sentido del equilibrio esté perfeccionado, le encantará que le subas por encima de tu cabeza o que le sientes en tus rodillas y le eches hacia atrás.

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Besos, mimos, palabras

Bésale, mímale y acaríciale todo lo que puedas. Y háblale desde el primer momento. Con ello, además de mostrarle tu cariño, estás fortaleciendo su sistema defensivo y le estás ayudando a crecer física y mentalmente (los niños privados de afecto y atención crecen menos y enferman más). El niño necesita afecto y contacto físico con la madre. Reci- bir cariño le aporta seguridad, aumenta la confianza en ti y en sí mismo, estimula su autonomía, le motiva a la exploración, reduce el miedo al fracaso, estimula su inteligencia y favorece que su carácter sea más extrovertido.
Este afecto que recibe moldea su personalidad y en breve él actuará del mismo modo contigo (no te extrañe que entre sus muestras de cariño se quiera comer a su mamá). Todas sus emociones dependen de lo que recibe.

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Mejores perspectivas

Si es posible, pon un móvil musical en su cuna. Cuando tu hijo lo mira y escucha, no sólo está amenizando el rato. Además de estimular su vista (enfoque y campo visual), su oído y su sentido musical, y de incorporarlo a su rutina del sueño, el carrillón le ayuda a realizar importantes cálculos mentales, como la distancia (cuando eche las manos para cogerlo), el movimiento, la perspectiva y la localización de la procedencia del sonido.

Si no dispones de uno, puedes utilizar sonajeros y cascabeles. Y hasta que él pueda girarse a su aire en la cuna, cambia cada semana la posición de ésta, para que el niño varíe su perspectiva y disfrute de nuevas vistas.

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De paseo por la casa

Para mejorar su campo visual y ampliar la percepción de su entorno, lleva a tu bebé siempre que puedas contigo por la casa (al principio en tus brazos, en su hamaca o en mochila y después gateando o andando).
Cada estancia que recorréis le aporta mucha información: pasan cosas, percibe olores, ruidos, voces y conversaciones, personas en movimiento, imágenes diferentes...

Él permanecerá atento a todo, archivando datos y aprendiendo conceptos tan importantes como el día y la noche (luz-ruidos-movimiento/ oscuridad-silencio-calma), su habitación y el “resto del mundo”, las rutinas y los miembros de la familia.

Todos estos estímulos favorecen el desarrollo de su inteligencia. Después, cuando se inicie en el gateo y primeros pasos, deja que explore libremente su entorno. Eso sí, revisa puntos de posible riesgo en la casa y quita los objetos que puedan ser peligrosos para él.

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Juegos con pelotas, coches y objetos rodantes

Entre los 6 y los 9 meses el bebé pasa por una etapa de fuerte dependencia emocional de la madre y teme que si se separa de ella, ésta desaparezca. Para ayudarle en esta fase, consigue una pelota o un coche que ruede, forma con una tela un escondrijo en el suelo y haz que el juguete ruede y se esconda. Después descúbrele dónde está y muestra alegría por ello (repítelo varias veces e incorpóralo a vuestros juegos diarios, igual que el cucú-tras).

Este juego, además de ayudarle en el desarrollo de la vista, le hace entender que lo que deja de ver aún existe y no supone una pérdida permanente. Es algo que conviene que aprenda pronto y que valorarás si tienes que llevarle a la guardería o dejarle en brazos de otra persona (a los 8 meses el niño experimenta la angustia de la separación o crisis de los extraños).

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Quién es ese del espejo

Durante sus primeros meses, el bebé aprende que sus deditos, cuando los chupa, son algo suyo, y los distingue de los objetos que se lleva a la boca. Sin embargo, su lazo con la madre es tan intenso que se considera parte de ella. Necesita tiempo y maduración para comprender que él es un individuo distinto de mamá. El gateo y los primeros pasos favorecen su autonomía y su sentido del yo, pero hasta entonces puedes ayudarle jugando con un espejo.

A los 9-10 meses ya responde a su nombre, poneos juntos ante el espejo, señálale y di su nombre, para que tome conciencia de sí mismo, haz movimientos y que él los repita, acaríciale el pelo... Aunque sonría a la imagen aún no se reconoce en el reflejo, necesitará tiempo (a los 18 meses) para comprender que es él.

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Mamá lo hace todo... por sí sola

Para perfeccionar los conceptos de dirección (entrar, salir), distancia (lejos, cerca), tamaño, proporción, etc., se necesita un punto de referencia. Y ahora, ese punto eres tú. Él te observa y calcula estos datos respecto a ti. Pero además, mirándote aprende cómo ser autónomo: te vistes, comes, escribes... sola. La imagen ya le ha calado, ahora sólo tienes que permitirle ponerla en práctica.

Cuando muestre interés por ello, déjale que se lleve la cuchara a la boca (tiene que direccionarla, pero lo logrará); dale un vaso de aprendizaje y que beba, tener sed y satisfacer por sí mismo la necesidad aumentará su autoestima; dale un pañuelo o un gorro para que intente ponérselo (o quitárselo), si lo logra es que reconoce los límites de su cuerpo, está madurando el concepto del yo y ha desarrollado la coordinación óculo-manual.

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Sentados a la mesa

Cuando empiece con las papillas y purés, pon a tu bebé en su trona y acércalo a la mesa de los adultos para que participe de la reunión en torno a ella. Así, además de mejorar su sociabilidad, le ayudas a fijar el núcleo familiar, a adquirir normas de conducta, le animas a probar alimentos nuevos y a establecer una relación de normalidad con la comida.

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Ver un cuento, ¡qué experiencia!

Nada como un libro de imágenes para abrir la mente, aumentar vocabulario, reconocer los objetos representados y disfrutar del regazo de mamá. Si además el libro tiene texturas y es apto para que el bebé lo manipule o lo saboree, recibirá sensaciones muy positivas y sentarás las bases de su gusto por la lectura.

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