Bebé: los momentos que no se olvidan

Las primeras pataditas, el primer abrazo, aquella carcajada espontánea, el día en que se lanzó a andar... Hay instantes en los primeros años de un hijo que no se olvidan.

 

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Los hitos más especiales

¿Qué momentos de la vida de nuestro bebé adquieren un significado especial para nosotros? ¿Cuáles pasan a formar parte del almacén de nuestra memoria y permanecen en él para siempre?

Elaborar una lista es difícil, cada madre y cada padre guardan los suyos porque en el mundo de los sentimientos no existen reglas preestablecidas y cada instante, por insignificante que parezca, puede convertirse en único e inolvidable.

Aun así nos hemos lanzado a hacerla. Y seguro que, en mayor o menor medida, muchos de vosotros os identificáis con algunos de los hitos que incluimos en ella.

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Ver al bebé en la ecografía

Es verdad que el primer momento que recuerdan todos los padres es ése en el que el test confirma el embarazo. Pero el más ilusionante es, para muchos, el de la primera ecografía.

“Tiene algo especial porque lo que imaginan acerca de su futuro hijo se plasma por primera vez en imágenes que dan forma a esa ilusión. Por eso es muy emotivo”, explica José Codina, psicoterapeuta infanto-juvenil.

También es especial el instante en que, si hay suerte, la ecografía de la semana 20 confirma el sexo del bebé. “Conocerlo puede provocar multitud de sentimientos, algunos contradictorios, pero nunca indiferentes”, dice el psicólogo Frank Parrón. “Los padres han ido creando una imagen ideal de su futuro hijo y dentro de esa imagen, el sexo es una característica de identidad fundamental”, añade.

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Sentir sus pataditas

Un día, hacia el cuarto o quinto mes de embarazo, aparece de pronto una sensación que algunas mujeres definen como “de mariposas en el estómago”.

Son los primeros movimientos del bebé que pueden notarse (los anteriores no se sienten). “Las pataditas son como una presentación en sociedad”, cuenta José Codina.

Cuando estos movimientos se hacen perceptibles, además de generar tranquilidad, se empieza a forjar un sistema de comunicación entre los padres y el bebé. “Con su movimiento dice: estoy aquí”, cuenta Frank Parrón.

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Conocerle... por fin

Puede que el parto resulte largo o corto, fácil o algo complicado...

Sea como sea, el nacimiento del bebé es algo que se recuerda siempre (lo que sí olvida la madre con el tiempo, gracias a la acción de la hormona oxitocina durante el parto, es la sensación exacta provocada por el dolor de las contracciones).

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El contacto piel con piel con el bebé

Nada resulta más inolvidable para una madre que el instante, justo después del parto, en el que la matrona o el médico ponen al bebé sobre su pecho. Ese contacto piel con piel es fundamental para establecer los primeros lazos afectivos.

Lo ideal es que este encuentro madre-hijo se alargue al menos una hora, ya que “esta conexión física reporta numerosos beneficios al bebé, que está menos estresado, llora menos y duerme más”, asegura Frank Parrón.  Y se ha demostrado, además, que ponerle al pecho en este momento favorece una lactancia exitosa.

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Aprender a cuidarle

Ponerle al pecho, cambiarle el pañal y vestirle por primera vez... Algunos de estos instantes quedan en el recuerdo, debido probablemente a la mezcla de inseguridad y de ilusión con la que se viven.

Pero hay uno que se lleva la palma en la lista de los que contribuyen a crear el vínculo de los padres con el recién nacido: el del primer baño.

Aunque a algunos bebés les resulte raro, en general es un momento muy placentero para el niño. “Se siente feliz en el agua porque es un recuerdo del estado fetal”, explica Frank Parrón.

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Escuchar sus carcajadas

Pocas reacciones del bebé provocan tanta ternura como su primera sonrisa intencionada, la que dirige a sus padres para decirles, a su modo, que se siente feliz. Aun así, muchos no se acuerdan exactamente del día en que la descubrieron en su hijo.

Y, sin embargo, sí recuerdan el instante y el lugar exacto de su primera carcajada. “Es un momento de gran complicidad entre los padres y el bebé, porque indica que entiende el mensaje que ellos le están transmitiendo. Y esta comunión emocional entre ambas partes es irrepetible”, dice Frank Parrón.

“La carcajada es algo único, es un nuevo lenguaje previo al de las palabras. Con ella el bebé se está comunicando a su manera”, añade la psicóloga Anna Nafría.

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Descubrir su primer diente

Alrededor de los 5-8 meses suelen aparecer los primeros piquitos en la encía del bebé (aunque hay niños que tardan más en tenerlos sin que esto indique nada extraño, cada bebé se desarrolla a su ritmo).

“Se trata de un momento de madurez porque indica el inicio del fin de la lactancia”, comenta José Codina. “Muestra que el cuerpo del niño está evolucionando y que ya está preparado para pasar a nuevas experiencias gastronómicas. Es el comienzo de un viaje de la dependencia total hacia la independencia”, añade.

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Reír con sus caras de asco

Las reacciones de sorpresa o asco del bebé cuando prueba nuevos alimentos dan lugar a algunos de los recuerdos más divertidos de su primer año.

Suelen aparecer con el inicio de las papillas de verduras o al probar los cítricos (las frutas dulces no le extrañan tanto).

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Oírle pronunciar sílabas

La senda de la comunicación verbal se inicia entre los 9 y los 12 meses, cuando el bebé ya puede expresar una intención mediante sílabas. “El niño emite sonidos porque está empezando a jugar con el lenguaje. Los padres intervienen en este proceso buscando palabras a lo que él trata de decir. Ponen nombres a sus deseos para facilitarle el aprendizaje”, cuenta José Codina.

Por ejemplo, si dice ma señalando el vaso, le preguntan si lo que quiere es agua. Así el niño “siente que responden a sus necesidades, lo que le da seguridad y favorece su autoestima”, añade Frank Parrón.

A partir de aquí su comunicación verbal irá mejorando mes a mes hasta que un día, de repente, llegue una palabra completa “con sentido”.

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Ver cómo se lanza a andar

La primera vez que el bebé se pone de pie y los primeros pasos que es capaz de dar son dos de los momentos que más permanecen en el imaginario de los padres. “La locomoción es una conquista fundamental, uno de los hitos evolutivos más importantes”, dice José Codina.

Un 3% de los bebés comienzan a andar hacia los 9 meses de edad, el resto lo hacen más tarde. “De repente el niño empieza a ver la vida desde otra perspectiva”, explica Anna Nafría. “Es una gran conquista para su autonomía y produce un efecto liberador en sus padres, que observan que su hijo comienza a ser autosuficiente”, añade la psicóloga.

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Su primer cumpleaños

Es bueno celebrarlo porque, aunque el niño no entienda el significado de la celebración, sí percibe que pasa algo especial. Eso sí, conviene celebrarlo en casa para que el niño se sienta cómodo y puedas mantener sus rutinas, intentar que no haya demasiados invitados. Ah, y poner una tarta con vela para que la vea encendida.

Y después de este primer cumpleaños llegarán muchos otros hitos, muchos más momentos para recordar: el instante en que el niño se lance a correr, la primera vez que entienda una broma (y la primera vez que la haga él), el día en que por fin salga a la calle sin pañal...

Pero cada cosa llegará a su tiempo. A nosotros, como padres, nos toca acompañar a nuestro hijo en este proceso para que se sienta seguro, sin ponerle demasiados límites que frenen su aprendizaje. Y, por supuesto, nos toca ir guardando los mejores recuerdos.

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