La naturaleza, el mejor juguete para el bebé

Deja que tu hijo se divierta con los distintos elementos que le proporciona la naturaleza: rocas, plantas, animales, agua... Fomentarás su capacidad de observación y su creatividad.

 

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Con la hierba y las plantas

Aunque a los bebés al principio les da repelús el contacto con la hierba, igual que ocurre con la arena, la pradera se convertirá pronto en un magnífico campo de juegos. Los siguientes, además de potenciar la motricidad, educan la sensibilidad y la capacidad de observación y escucha.

- Rodar “luchando” por la hierba, gatear y caminar descalzo, jugar a la pelota...
- O recoger plantas que se hayan caído, detenerse a oler una flor, abrazar un árbol...
- La hierba también es perfecta para sentarse a descansar o tumbarse a mirar las nubes, las estrellas o el círculo de cielo en el claro de un bosque.

 

 

 

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Jugar con piedrecitas y conchas

Guijarros, cantos rodados, conchas, caracolas, caparazones... Son tesoros que fascinarán a tu pequeño.

- Caminar por la playa para encontrarlos y agruparlos es un juego divertido y educativo. Enséñale a juntarlos por sus formas, colores, tamaños...
- Con conchas y piedrecitas de colores podéis adornar castillos de arena, formar mosaicos, trazar un camino... Y con piedras planas más grandes, formar torres. Eso sí, acepta con buen humor que el pequeño desbarate vuestra obra, si es eso lo que le apetece, ya que destruir es el paso previo a construir.
- Si es un poco más mayor le gustará lanzar piedras: al agua, al cubo... Estos juegos estimulan la motricidad gruesa (por el movimiento) y fina (coger cosas pequeñas con los deditos), la capacidad de atención y la creatividad.

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Jugar con los animales

Todos los niños sienten una gran curiosidad por los animales, aunque depende de cómo los eduquemos para que aprendan a respetarlos y protegerlos, a temerlos o a hacerles daño.

- Seguir el rastro de las hormigas, buscar a una araña en su red, escuchar al grillo para encontrar su agujero o cantar “caracol, col, col, saca los cuernos al sol” son juegos que os unirán mucho.
- Se ha demostrado que la observación pasiva de los animales tiene un efecto benéfico similar al hecho de cuidar de un animal de compañía.

 

 

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Arena de playa, ¡qué divertida!

Es un material interesante: se le escapa entre los dedos, con el agua cambia su consistencia...

- Jugando con ella (suele gustarles desde los 12-18 meses), el pequeño se relaja, desarrolla su fantasía, pierde el miedo a hacer caca en el orinal...
- Y al gatear, caminar, correr y rodar por la arena, vivencias nuevas, mejora su equilibrio, se acentúa el arco de la planta de su pie, aprecia texturas y temperaturas...
- Entierra un juguete y anímale a sacarlo: así perfecciona su atención y aprende que lo que no ve, sigue existiendo.
- Y si le untas las piernas o los brazos con arena húmeda, mejoras su tacto y nutres su piel.

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Con el agua de mar o de río

Cuando el bebé ya siente una clara atracción por explorar el mundo que le rodea, desde los 10 meses, jugar en y con el agua del mar o del río es sumamente enriquecedor.

- Mojarse, derramarla en la arena, trasvasarla a los cubos, chapotear, correr por la orilla, saltar las olas (o escapar de ellas contigo si le dan miedo, así te verá como su aliada) y aprender a desenvolverse en el líquido elemento como pececito le aporta experiencias sensoriales y psicomotrices fabulosas.
- Si son en aguas limpias y con mucha vigilancia (unos pocos centímetros pueden ser peligrosos), estos juegos en plena naturaleza multiplican sus beneficios al añadir el misterio y la belleza.

 

 

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En las rocas, montículos, árboles...

Si tu niño encuentra un lugar al que pueda subirse o trepar, no dudes que lo intentará. La función de este juego universal es enseñarnos a afrontar retos y a superar dificultades. También desarrolla la motricidad gruesa, el equilibrio, el reconocimiento de los límites, la superación de la frustración… Y, desde luego, es divertido.

Dale esa oportunidad (siempre que el impulso sea suyo y no tuyo, claro) y ayúdale para que tenga éxito. Las experiencias exitosas en estas pruebas de habilidad se suman en su inconsciente para reforzar su autoestima.

 

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