Bebé: sus armas para conquistarte

Descubre los recursos de tu pequeño para atraerte y enamorarte, asegurándose los cuidados y la atención que necesita.

 

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Su piel hambrienta de caricias

El bebé tiene “hambre de piel”. El tacto es el primer sentido que funciona en la gestación y al nacer está plenamente operativo.

Privado del abrazo continuo que le proporcionaba el útero, tu hijo al nacer necesita el contacto piel a piel contigo, durante largos periodos.

Y a ti el contacto con él te inundará de endorfinas, las hormonas del bienestar, y reforzará vuestro vínculo.

Recientemente se ha descubierto que las caricias llegan al cerebro por canales distintos a los que transmiten el contacto sin intención amorosa.

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Sus ojos de grandes pupilas

Los científicos han descubierto que cuando miramos a alguien que nos gusta, nuestras pupilas se dilatan. Pero hay más: si vemos este efecto en alguien que nos mira (lo captamos inconscientemente), eso nos halaga y nos sentimos atraídos.

Los bebés tienen, en proporción, unas pupilas enormes. Por eso su mirada nos parece irresistible. Es como un truco de la Naturaleza para hacerlos más atractivos a nuestros ojos.

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Su olor a cachorrito

La nariz es el inicio de un conducto que lleva al “cerebro olfativo”, en la amígdala, donde rigen las emociones. Por eso el olfato es capaz de grabar profundamente los recuerdos. La madre reciente tiene la percepción olfativa muy agudizada.

Huele a tu hijo, déjate enamorar por su olor a cachorrito. Su olfato también funciona muy bien, por eso busca el pecho. Tu leche y tu líquido amniótico tienen un olor parecido y sólo tuyo: un bebé de pocos días tumbado entre dos madres se gira siempre hacia la suya.

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Sus rasgos parecidos a los tuyos

Cuando el bebé nace, todos le empiezan a sacar parecidos: frunce el ceño como papá, tiene los ojos de mamá, el mentón del abuelo... Ya pertenece a un clan familiar.

Por herencia genética se transmiten rasgos físicos y de carácter parecidos a los nuestros. Eso hace que nos identifiquemos con el bebé, en el que nos vemos reflejados o en el que vemos a la persona querida.

Curiosamente, a veces hasta los bebés adoptados adquieren gestos e incluso rasgos parecidos a los de sus padres.

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Sus gorjeos y el timbre de su voz

Desde su vagido al nacer, como el de un gatito, la voz de tu bebé modificará tu cerebro y te cautivará el corazón.

Su primer lenguaje hablado es el llanto, pero pronto empezarás a notar en éste inflexiones alegres, grititos, gorjeos...

A los 2 meses los bebés gorjean más en presencia de la persona que los cuida, señal de que la reconocen.

Y a los 4-5 meses empiezan a balbucear imitando vocales y tonos del idioma que oyen desde antes de nacer.

Háblale, escúchale, estas "conversaciones" estrechan vuestro vínculo afectivo y alimentan su cerebro superior.

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El reclamo de su llanto

El bebé llora cuando tiene hambre, o frío, o el pañal mojado, o un dolor, o se siente solo... Es su único modo de indicarte que necesita algo o a ti.

Tras el parto, tu oído es muy fino (científicamente demostrado) y tu cerebro aprende a distinguir pronto matices para saber por qué llora tu hijo. Es más, su llanto te despierta y el de otro bebé, no.

Acude siempre a atenderle cuando llore, eso le da seguridad. Intenta calmarle dándole lo que necesita. Y si tiene que llorar para liberar tensión, no dejes que lo haga solo.

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Su sonrisa y sus risas

En los primeros días tras el nacimiento, igual que en el útero, el bebé ensaya diferentes muecas. La más practicada (otro truco de la naturaleza para vincularse) es la sonrisa.Aunque sea un reflejo, muchas madres la interpretan como un regalo para ellas.

La sonrisa de placer aparece en las primeras semanas, cuando el pequeño está satisfecho.

La verdadera sonrisa con intención comunicativa (te la dirige a ti, cuando le miras y le sonríes) aparece en el segundo o tercer mes.

Cada vez sonríe más y en el quinto mes ya se ríe a carcajadas. Esto indica a la madre que lo está haciendo bien.

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