Animarle a gatear

Es un ejercicio de coordinación y equilibrio que le beneficia mucho. Ayúdale a lanzarse.

 

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1. Aprender posturas

La postura previa y la más cómoda para el niño es tumbado boca abajo. Pero ahora tiene que hacer el esfuerzo de erguirse y distribuir el peso del cuerpo entre los brazos y las rodillas, tarea difícil. Ayúdale colocándole sobre un rulo para que se acostumbre a tener los brazos estirados y a hacer fuerza con ellos y con las piernas.

2. De trípode a cuatro patas

Los bebés pasan en pocos días de la postura de trípode (sentado con las piernas abiertas y las manitas apoyadas en el suelo) a la de gateo, a cuatro patas. Pero a los tranquilones hay que animarlos un poquito. Siéntale en el suelo y ponle varias pelotas delante de él. Colócalas cerca para que no le parezca imposible alcanzarlas, pero lo suficientemente lejos como para que tenga que hacer el esfuerzo de lanzarse a por ellas. Atención, porque la cabeza les pesa mucho y en este proceso algunos terminan con la boquita en el suelo.

3. “Mami, algo me pesa...”

Una vez que el niño ha conseguido que sus brazos aguanten estirados y soporten el peso de la mitad del cuerpo, todavía existe otro impedimento para gatear: el culete pesa un montón (sobre todo si el pañal está lleno de pis) y las rodillas tienen que hacer todo el trabajo. Por eso, no te extrañe que algunos comodones se desplacen metiendo la pierna debajo y arrastrando el culete. No es estético, pero sirve para cumplir el objetivo de desplazarse. Para mostrarle cómo debe hacerlo, pon una mano bajo su abdomen y levántale. Sin el lastre trasero se lanzará, ya verás.

4. Dame un punto de apoyo

Algunos bebés se colocan en la postura correcta, apoyan los deditos de los pies en el suelo para tomar impulso y se balancean en un movimiento de preparación (me lanzo, no me lanzo) sin dar el paso definitivo. Los indecisos necesitan seguridad y sentir un punto de apoyo en los pies para iniciar el gateo. Puedes colocarle cerca de una pared, para que él lo haga, o ponerle un libro como tope en los pies y moverlo empujando ligeramente, primero un pie y luego otro, para que desplace cada rodilla. Dale tiempo, porque tiene que coordinar cuatro puntos de apoyo.

5. Listos... ¡y allá vamos!

Ya sea por propia voluntad o por imitación (ponte a cuatro patas a su lado, gatea con él y anímale para que vea lo divertido que resulta), da igual el motivo que le lleve a gatear. Pero hasta que descubra la autonomía que le aporta este desplazamiento, gatear sólo será para él un ejercicio agotador. No te extrañe que dé tres o cuatro pasos y se tumbe en el suelo (imposible que recorra un pasillo). Espera, deja que descanse y seguid cuando esté más dispuesto.

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