Los beneficios de los juegos de bebé de toda la vida

"Palmas, palmitas", "Cucú-tras", "Cinco lobitos"... No solo divierten a tu bebé, también le aportan muchísimas cosas positivas.

 

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Palmas palmitas

Este juego resulta ideal, como el resto, para practicarlo con el bebé a partir de los 6 meses. Colócate frente a él y canta con entusiasmo: “Palmas palmitas, higos y castañitas, azúcar y turrón para mi niño son”, mientras das palmadas al ritmo.

El objetivo es que el niño vaya aprendiendo a coordinar las manos y se anime a dar palmitas.

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Cucú-tras

Tápate la cara con las manos mientras dices “cucú” y descúbrela rápidamente al decir “tras”. Otras variantes son esconder un muñeco del bebé mientras dices “cucú” y mostrárselo al decir “tras”. O cubrir tu cara con un pañuelo y dejar que el bebé la descubra. Cuando lo hayáis practicado varias veces, le encantará ser él quien se tape la cara.

Este juego desarrolla la capacidad de atención del niño y es útil para que aprenda a aceptar tus ausencias y supere la crisis del miedo a los extraños (se da hacia los 8 meses), ya que aprende que aunque deje de verte un rato, eso no significa que no existas o le hayas “abandonado”.

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Este fue a por leña...

Coge su manita y ve, dedo por dedo, contándole: “Este fue a por leña, este lo ayudó, este se encontró un huevo, este lo frio... y este se lo comió”. Hazle cosquillas en la palma al acabar.

El niño descubre que los dedos son independientes, adquiere un mayor dominio de la motricidad fina y desarrolla además su capacidad de atención.

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Cinco lobitos

Frente al bebé, gira tu mano mientras cantas “Cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos detrás de la escoba, cinco tenía y cinco criaba, y a todos los cinco amamantaba”.

Su finalidad es que el pequeño te imite (la imitación es ahora una importante fuente de aprendizaje) y vaya adquiriendo más coordinación manual. Una variante: al cantar “a los cinco amamantaba”, hazle cosquillas en la tripa. Le encantará y esperará que llegue ese final.

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Asserrín, aserrán

Con el bebé sobre tus piernas y sujeto por las axilas, mécele adelante y atrás mientras cantas: “Aserrín aserrán, los maderos de San Juan, los de arriba sierran bien, los de abajo también”.

El juego mejora su tono muscular, le permite mayor percepción de su cuerpo, fortalece su espalda (ayudándole a permanecer erguido), estimula su sentido del ritmo, le hace anticiparse... Y si al final le haces cosquillas en la tripa, se reirá a carcajadas.

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Al paso, al trote...

Colócale sobre tus rodillas y canta “Al paso, al paso, al trote, al trote, al galope, al galope” haciéndole cabalgar cada vez con más intensidad.

Este juego potencia el equilibrio y la estabilidad del pequeño y le enseña a distinguir los distintos ritmos y velocidades y también a saber esperar.

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