Si el bebé no gatea, ¿tendrá algún problema?

Existen múltiples opiniones acerca de si gatear o no tendrá consecuencias futuras en el desarrollo de un niño. Te lo contamos.

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D.R.

Cuando algunos padres ven que su hijo no gatea piensan que están ante un posible problema físico o neurológico de su niño y acuden a Internet en busca de información. Bienvenidos a una de las mayores controversias que nos podemos encontrar en la red, en las que las opiniones son muy variadas e incluso contradictorias: algunos auguran los peores males a nuestro bebé y otros no le dan mayor importancia.

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Lo que sí parece claro es que el gateo es una fase del bebé en la que a medida que va cogiendo fuerza en las diferentes partes de su cuerpo, comienza a desplazarse hasta que consigue uno de los primeros momentos más celebrados: dar sus primeros pasos.

Para lo que estamos genéticamente preparados es para un desplazamiento bípedo y cada niño va apurando sus propios métodos para conseguir este objetivo. Al igual que el comenzar a caminar antes o después no tiene consecuencias futuras en niño —siempre que lo haga de forma razonable y coordinada— que la fase del gateo sea más o menos larga, o incluso que no llegue a pasar por ella, no tendrá efectos negativos a largo plazo.

Si nuestro hijo tiene problemas, hay muchos otros síntomas que nos pueden alertar y, como siempre, será su pediatra el que podrá evaluar correctamente si su desarrollo psicomotriz está siendo el adecuado.

Quien mejor conoce su cuerpo y sus capacidades es el propio bebé, que lo que hace es experimentar con sus fuerzas para ir relacionándose con su entorno. Gatear proporciona al niño esa movilidad que no tiene durante los primeros meses y le da capacidad para explorar más allá de su cuna o coche de bebé, por lo que si empieza a gatear será bueno para él en cuanto a esa primera sensación de autonomía, pero será él quien decida cómo y cuándo quiere acometer esta nueva etapa de su vida.

Lo importante es darle nuestro ánimo y cariño cuando comience sus desplazamientos, ya sea gateando o sobre sus dos pies, que note nuestra aprobación y alegría. No conviene que nos obsesionemos con que tenga que realizar todas y cada una de las etapas en los plazos y de las formas determinadas, cada niño es un mundo. En ningún caso debemos forzar a nuestro hijo en un sentido u otro, la naturaleza es sabia y él mismo conocerá mejor que nadie sus propias fuerzas y necesidades y en muchas ocasiones, podrá resolverlas de manera intuitiva.

ADEMÁS... Ayuda a tu hijo a gatear

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