¿Se resiste a dejar su biberón?

Tu hijo ya puede tomar trocitos de comida e incluso masticar, pero prefiere seguir con su “bibe” porque está apegado a él. ¿Cómo actuar?

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Desde los 12 o 13 meses, lo habitual es que el niño coma con cuchara y beba en taza y que, si aún utiliza el biberón, se vaya olvidando de él. Pero hay pequeños a los que les cuesta mucho decir adiós a este “objeto afectivo”, bien porque les resulta muy cómodo, bien porque lo ven como un “amigo” que les hace compañía y les ayuda a superar momentos difíciles.

De modo gradual

Si a tu hijo le ocurre algo similar, no te agobies. Es cierto que debes fomentar ya quemastique (ofrécele alimentos sólidos muy partiditos), ya que de ello depende la salud de sus dientes. Y además, si va siempre con el bibe en la mano, se limitará su capacidad de exploración. Pero en lugar de convertir el adiós al biberón en algo brusco y forzado, hazlo con calma, de forma gradual y teniendo en cuenta lo importante que es este objeto para tu hijo.

Comer "como un mayor"

Empieza con el proceso de la despedida en un momento en el que no haya otro cambio en su vida (una mudanza, el adiós al chupete...). Y para que se anime a dejarlo a la hora de comer...
• Intenta que haga al menos una comida diaria con vosotros, sentado en su trona; de esta forma se animará a imitaros cuando coméis (cómprale una vajilla y una cuchara infantil y una taza de plástico con asas).
• Pon en un plato trocitos de frutas, jamón cocido o tortilla y deja que los coja y se los lleve a la boca: comer así será divertido.
• Cambia la tetina del biberón por otra con el agujero más pequeño; le costará más succionar.
• Enséñale que a partir de ahora el biberón será solo para agua: el resto de las comidas las tomará en plato, “como los mayores”.

Puedes ofrecerle otro “mejor amigo”

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Si la razón por la que tu hijo se niega a separarse de su biberón es que está muy unido a él desde el punto de vista emocional, una buena idea puede ser buscarle un sustituto. Cómprale un peluche o un muñeco blandito y no muy grande para que pueda llevárselo a todas partes y explícale que ahora que ya es mayor, tiene que cuidar de su nuevo amigo. Poco a poco se centrará en él e irá olvidándose de cuánto necesitaba a su bibe para sentirse bien.

¡Qué práctico!

Puede ser que el niño coja el biberón de forma casi “automática” cuando se aburre. En este caso, deja a su alcance juegos de bloques o de encajables con los que se distraiga y tenga las manos ocupadas.

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