Niño tranquilo o niño nervioso, cuestión de temperamento

¿Tu hijo es de esos niños que no paran quietos y siempre están investigando? ¿O de los que tienen un carácter tranquilón y se asustan ante los cambios? Tenlo en cuenta al educarle. Saber cuál es su tendencia natural te ayudará a potenciar sus aspectos positivos y a controlar mejor los negativos.

Todos nacemos con un temperamento determinado que viene marcado por los genes, por eso ya desde la cuna se ve si un bebé tiene tendencia a ser tranquilo, inquieto, más o menos irritable o fácil de calmar, asustadizo…

Pero, afortunadamente, esas tendencias pueden modelarse; está demostrado que la educación y el ambiente de crianza son esenciales para el desarrollo de la personalidad.

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Por eso, si observamos la forma de ser de nuestros hijos y los tratamos conforme a ella, nos resultará mucho más fácil sacar partido a los aspectos positivos de su temperamento y ayudarlos a controlar y superar los negativos.

Diferencias entre temperamento y carácter

Son dos términos que suelen confundirse, pero no significan lo mismo. Es interesante saber a qué se refiere cada uno de ellos, porque según los psicólogos, la combinación de los dos dará lugar a la personalidad de tu hijo.

Temperamento. Es, por decirlo de forma sencilla, la manera de ser innata de la persona, su tendencia a actuar de una forma u otra ante la influencia del entorno. Es algo heredado genéticamente y resulta difícil (no imposible) de cambiar.

Carácter. Lo componen los hábitos de comportamiento y la forma de actuar que se aprenden a lo largo de la vida. Es algo adquirido y está muy influido por el entorno y las circunstancias y vinculado a la educación que reciba el niño.

¿Cómo es tu hijo?

A menudo los padres identificamos a los hijos como tranquilos o nerviosos, sin matices. Y es habitual que el primer adjetivo se considere algo bueno (“mi niño es muy tranquilo, no molesta nunca”), mientras que el segundo se vea como un hándicap (“ya no puedo con él, es puro nervio”).

Pero al valorar el carácter de un niño debemos hacerlo de forma realista y sin dejarnos llevar por falsas ideas o apreciaciones subjetivas.

Y es que existen señales que nos pueden hacer ver a un niño como inquieto o pacífico cuando realmente no es así... o no lo es del todo.

Por ejemplo, una madre muy tranquila, sobreprotectora o que se asusta fácilmente, probablemente definirá a su pequeño como un “torbellino”. Pero lo hará sin pararse a pensar que, con un año de edad, los niños están en pleno desarrollo de sus capacidades motoras (andar, agarrar, trepar...) y cognitivas (explorar, descubrir...), y lo normal es que todos muestren una gran actividad.

En todo caso, aunque no se puede generalizar, hay algunas señales que sí pueden darte pistas sobre la tendencia natural de tu hijo. Sigue leyendo y las identificarás.

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