Cómo se crea el vínculo afectivo entre el bebé y su madre

Puede que tu bebé recién nacido te parezca muy pequeño, desvalido y vulnerable, pero te tiene a ti. Tú eres su fuerza. Y él dispone de recursos para conquistarte (mira aquí). Gracias a vuestro vínculo afectivo y a su apego, sabrás darle todos los cuidados, el amor y los estímulos que necesita.

vínculo afectivo bebé con los padres
Getty Images

El bebé nace con un fuerte impulso a vincularse contigo, lo lleva escrito en los genes. Y una vez afianzado este primer vínculo madre-hijo, con otras figuras de apego.
Conmoverte con su llanto y seducirte con sus encantos es su seguro de supervivencia, ya que depende totalmente de tus cuidados. Pero también es su recurso para asegurarse el “alimento emocional” que precisa su inmaduro cerebro, que en los próximos tres años se transformará en un cerebro superior, desarrollando el neurocórtex.

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Además de leche y de estar limpito y abrigado, el bebé necesita caricias, palabras tiernas, intercambio de miradas... Necesita tener contacto y comunicación contigo y vivir experiencias de placer y tranquilizadoras que le hagan amar la vida. Y en los momentos difíciles, necesita saber que estás a su lado para consolarlo o, al menos, acompañarlo en su pena.

Así es como crece en tu bebé el apego, un sentimiento de confianza en ti, de saber que le aceptas y le quieres y que eres fiable si te necesita, que se elabora durante los primeros 6 meses y que es lo que le dará seguridad en la vida.

Y así es como aflora en ti el instinto maternal (ojo, que el paternal también existe), ese radar extraordinario para averiguar qué le pasa a tu hijo y esa fuerza portentosa que te hace desvelarte por su bienestar.

Para que surja todo esto, tu instinto y su apego, debe existir un vínculo afectivo. En la creación de este lazo de amor incondicional influyen las hormonas, pero también tu determinación de amar.

El inicio del vínculo afectivo con tu bebé

El vínculo afectivo se empieza a crear en el embarazo, cuando los padres aceptan al futuro bebé y empiezan a quererlo, cuando la madre lo nota como un ser único (¡se mueve!) y el papá y los hermanos le hablan y acarician a través del vientre, cuando le dan un nombre e imaginan cómo será...

El proceso psicológico que prepara para el amor maternal se realiza en estos meses de querer al “bebé imaginado”. Y el culmen llega cuando la madre se alía con su hijo para afrontar juntos el parto, el primer obstáculo de la vida. Eso es amor antes de la primera vista.

Al nacer o después

Cuando el bebé nace, hay que volver a crear el vínculo con ese niño real, no el imaginado. Muchas madres describen el primer encuentro como el momento de la felicidad suprema. El parto les ha provocado oleadas de oxitocina, una hormona que corre como amor por sus venas, y acarician gozosamente al recién nacido. Éste, durante una hora, permanece en un estado de “alerta tranquila”: acurrucado sobre el vientre de la madre, escuchando el sonido reconfortante de su corazón, chupetea el pezón y la mira fijamente a los ojos. Dicen las madres que si ves esa mirada, ya jamás quieres separarte de tu hijo.

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Pero también hay muchas madres que no pueden vincularse al bebé en ese momento: un parto agotador, un bebé con problemas, una cesárea... O un hijo adoptado. Estas madres no deben pensar que ha pasado su oportunidad, ya que el vínculo afectivo no es un flechazo, sino una relación que se construye durante meses y años a base de contacto físico y cariño diarios.

La teoría del apego

Si acaso, un consejo para estas mamás (y papás): id a abrazar a vuestro hijo piel con piel si está en la incubadora (el contacto con papá también produce beneficios profundos y duraderos); intentad la lactancia materna, que libera oxitocina, esa hormona “cariñosa” (o un contacto parecido si tenéis que dar biberón); meced a vuestro hijo; coged-lo mucho en brazos; cantadle y atendedle siempre que llore...

El roce hace el cariño y así en poco tiempo se creará el vínculo (es cuando sientes que necesitas a tu pequeño tanto como él a ti) y serás su figura o una de sus figuras de apego. Un buen apego en los primeros meses da seguridad al niño para atreverse a explorar y a relacionarse.

Así, una vez que pase la crisis de los extraños, hacia los 8 meses (es cuando sólo quiere estar con los muy conocidos), que indica que el vínculo está afianzado, tu hijo será de los más seguros, valientes y amables. ¡Felicidades!

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