Niños inquietos vs tranquilones

¡Qué distintos son los bebés desde que nacen! Sin embargo, es ahora que echan a andar cuando más se evidencian sus diferentes temperamentos.

CÓMO TRATARLE SI NO PARA

El niño con carácter activo vive para moverse y hacer cosas. Combina los momentos de gran intensidad (de impaciencia, o de sensibilidad, o de obstinación...) con periodos cortos de atención y ratos “eternos” de imparable actividad.

Le cuesta controlar el impulso que le hace lanzarse a la aventura. El día a día con él nunca es aburrido, pero sí muy cansado, ya que hay que vigilarle de continuo.

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¿Tu hijo es así? Estas pautas te ayudarán a educarlo:

  • Necesita mucho espacio para moverse a sus anchas y las prohibiciones le frustran muchísimo, así que lo más sabio es retirar de su paso los muebles auxiliares, los adornos valiosos...
  • Llévale al parque a diario para que corra y se desfogue.
  • Evita que llegue exhausto al final del día. Es muy probable que se vuelva aún más activo cuando tiene sueño y en tal estado es más propenso a sufrir accidentes, acuéstale en cuanto le notes cansado.
  • Introduce en vuestra rutina diaria un ritual para que le sea más fácil pasar de estar activo a relajarse. Una secuencia fija de actividades tranquilas (el baño, el biberón, el cuento...) le vendrá muy bien.
  • Procura que en su día a día haya momentos de paz y no dejes de hacer hincapié en lo agradables que son para que aprenda a disfrutar de ellos.

    ¿Y SI ES MUY PASIVO?

    También necesitan un trato especial, en este caso para no volverse apáticos, temerosos o muy pasivos. Si tu hijo es así...

    • Préstale atención. Los niños con este carácter apenas exigen y tampoco se quejan, por lo que sus necesidades emocionales pueden pasar inadvertidas.
      Un ejemplo: si a tu hijo se le acerca un perro enorme y él se queda quieto, con los ojos desorbitados, cógele en brazos y dile: “el perro te asusta, ¿verdad?”. Así le ayudas a expresar lo que siente y a pedir lo que necesita.
    • Avísale de los cambios. Si es la hora de acostarle, adviértele unos minutos antes. Así tendrá un margen de tiempo para asimilar el paso de la actividad al descanso.
    • Anímale a hacer “eso”. Debido a su prudencia puede perderse muchas experiencias interesantes. Dale el empujón que necesita para lanzarse a ellas, pero sin agobiarle. Detrás de su prudencia se esconde el miedo. Respetando su ritmo le ayudarás más.
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      En general es más fácil educar a un niño tranquilo (sus reacciones son más previsibles y sabe entretenerse bien) que a uno inquieto. Pero el trato con un pequeño torbellino es más “emocionante”. En cualquier caso, las dos modalidades son igual de gratificantes.

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