Y mañana...¡Aprenderemos más!

Llega la tarde y padres y madres acuden a la guardería para recoger a sus pequeños.

Es curiosa la expectación que manifiestan los niños cada vez que se abre la puerta.

Los que van a irse sonríen al descubrir la cara de sus papás y los que aún deben esperar miran al afortunado con resignación.

Lucía, Sandra y Teresa cuentan a los padres cómo ha pasado la jornada su chiquitín y le despiden con un abrazo y una enorme sonrisa.

La comunicación y la confianza entre padres y educadores contribuyen a que el pequeño se sienta cómodo en la escuela.

Las educadoras insisten en que hay que seguir las mismas normas de comportamiento en casa y en el colegio, para evitar que los niños se sientan confusos y desconcertados.

Las tres reconocen que les encanta su trabajo, aunque el día a día es muy duro porque son muchos niños, cada uno con sus circunstancias y necesidades personales.

Sin embargo, merece la pena: “Contribuimos a formar personas. Les inculcamos valores básicos y les ayudamos a desenvolverse, lo que es fundamental para su desarrollo.

El tiempo y el esfuerzo que les dedicamos repercuten positivamente en su evolución. Y son tan agradecidos… Sus besos, sus abrazos y esas sonrisas espontáneas resultan impagables y hacen que mantengamos viva la ilusión día tras día”, nos comentan emocionadas.

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