La siesta, un sueño dulce y reparador

Tras el ajetreo de la comida llega el momento del descanso.

Los pequeños se preparan para dormir la siesta, pero antes hay que lavarles la cara y las manos y ponerles un pañal limpio.

A lo largo del día existen momentos establecidos para el aseo y el cambio de pañal o, en el caso de los mayores, para hacer pis y beber agua.

Se pretende así que los niños integren estos hábitos en su rutina diaria. “Ésta es la teoría, pero luego, en la práctica, les cambiamos, les lavamos, les peinamos y les damos de beber tantas veces como son necesarias”, aclara Lucía.

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Medianos y mayores se lavan las manos con la ayuda de su profesora y se las secan con su propia toalla.

A los que están dejando el pañal se les anima a hacer pis en su orinal y a limpiarse solitos. Lo habitual en el grupo de 2 a 3 años es que lleguen al final de curso sin pañal, aunque hay que tener en cuenta que cada niño tiene su propio ritmo.

Según Teresa, “el hecho de deshacerse del pañal es muy importante para ellos, les ayuda a sentirse mayores y supone una gran evolución en su desarrollo”.

Los niños enseguida aprenden que la siesta es un momento para relajarse, en el que hay que estar tranquilos y en silencio, así que son muy raros los conflictos y las rabietas a esta hora.

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