El juego, mejor en compañía

La manera ideal que tiene tu hijo de descubrir el entorno que le rodea es divirtiéndose, pero no hay mejor forma de hacerlo que en compañía de unos padres dispuestos a compartir con él su tiempo.

Una diversión compartida

A los 3 meses tu hijo se percatará de que sus manos y pies tienen deditos muy sabrosos y que puede moverlos a voluntad.

Además, entre los 4 y los 6 meses descubrirá que muchas cosas cercanas no sólo le resultan curiosas, sino también divertidas. Conviene potenciar este descubrimiento con juguetes que estimulen esta faceta (tirar, golpear, esconder...).

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Aprender tiene que ser entretenido y para ello sus juguetes deben adecuarse a su edad y a sus capacidades.

A partir de entonces tu misión será no sólo servir de juguete, sino jugar con él y descubrirle las posibilidades del objeto que le ofreces para su diversión y aprendizaje: “así se enciende, para esto sirve...”.

Y además, comprobar que es seguro para él (homologado, sin bisfenol A, atóxico, sin peligro para sus deditos, ojos o lengua...) y que su manipulación le resulta satisfactoria (si se aburre, perderá interés por el juguete, aunque sea el más moderno del mercado).

Recuerda también que jugar supone un esfuerzo mental y para ello tu hijo ha de estar relajado; un niño que no duerme no tendrá ganas de nada.

Tenlo en cuenta: jugar no es un simple entretenimiento, es el trabajo de los niños.

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