Demuéstrale tu amor mediante el contacto de la piel

Con los masajes y el contacto piel con piel consigues no sólo que tu hijo duerma mejor si no también que llore menos, que se relaje y que sea más feliz, lo que influye muy positivamente en su carácter.

Con un dulce masaje

Si quieres aumentar los beneficios del tacto para tu hijo, lo ideal es darle un suave masaje, la comunicación a través de las manos por excelencia. No te resultará nada difícil saber cómo hacerlo si sigues tu intuición.

Elige un momento en el que esté despierto y abierto al contacto; no debe tener hambre ni sueño ni estar llorando.

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Túmbale en tu cama boca abajo y siéntate junto a él. Unta tus manos con un poco de aceite de lavanda o coco y empieza masajeando suavemente su dorso desde arriba hacia abajo.

Después colócale boca arriba y masajea todo su cuerpo con ambas manos, otra vez de arriba abajo.

Termina en la zona de los pies (en este momento cubre su cuerpo con una toalla, para evitar que se quede frío). El bebé se relajará, muchas veces hasta conciliar el sueño (si no se duerme, puedes bañarle después del masaje).

Según los estudios, los bebés que son masajeados con frecuencia duermen mejor y son más tranquilos.

Llevándole pegadito a ti

Otra opción para reforzar vuestra unión a través del tacto es llevarle en la mochila portabebés o en un pañuelo de porteo, algo que le relaja y le hace sentirse feliz. Situado junto a tu pecho, oye los latidos de tu corazón y percibe tus movimientos y tu olor. No importa el tipo de accesorio que utilices, mientras su cabecita esté bien sujeta.

Los estudios demuestran que en los países donde se lleva a los bebés de este modo los pequeños lloran menos, ya que disfrutan del contacto físico mucho más tiempo. Esta opción también es efectiva para bebés con cólicos o muy nerviosos.

Con juegos especiales

Pero, además de calmar al bebé, el tacto puede también resultarle muy divertido. Compruébalo así:

Bésale distintas zonas del cuerpo mientras le vas diciendo suavemente: “un beso en tu mano, otro beso en tu pie, un beso en tu carita...”.

✒ Para provocar su risa, hazle cosquillas y descubre sus puntos más sensibles. O dale unos besos muy sonoros en los pies y las manos.

Roza su vientre con tus labios mientras soplas suavemente.

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✒ Recorre con tus dedos índice y medio su cuerpecito desde sus pies a la nuca, mientras le cantas: “aquí viene una hormiguita que te pillará...”.

A medida que tu hijo vaya creciendo, aprenderá a anticiparse a lo que viene después, de modo que sólo tendrás que hacer amago de tocarle para que estalle en carcajadas.

Al mecerle en tus brazos

Para terminar, ahora que eres consciente de cuánto necesita tu bebé el contacto contigo, también debes saber que es bueno que le acunes en brazos cuando se acerque la hora de dormir (eso sí, déjale en la cuna antes de que se duerma del todo).

Curiosamente solemos mecer al bebé al mismo ritmo con el que late el corazón (unas 60 veces por minuto), y es esta combinación de movimiento y ritmo conocidos lo que le calma.

Este hábito le ayuda además a llegar con mayor facilidad a la fase profunda del sueño. Y otra idea es mecerle durante el baño (prueba a bañarte con él), algo que le recordará a su estancia intrauterina.

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