Cómo reforzar vuestro vínculo a través del tacto

Caricias, besos, abrazos... Son modos de demostrar tu afecto a tu hijo mediante el contacto piel con piel.

El amor es como las vitaminas”, afirmaba el psicólogo John Bowlby para explicar lo importante que resulta para el desarrollo del niño el hecho de sentirse querido.

Tú, desde que tienes a tu hijo contigo, le demuestras tu cariño mediante el contacto visual y, sobre todo, mediante el corporal, cogiéndole en tus brazos y acurrucándole contra tu pecho.

Y es que la piel es el primer órgano sensorial que se desarrolla en el feto (al final del segundo mes de embarazo ya está totalmente formado) y también el primero con el que tu hijo percibe tu amor. De hecho, cuando todavía estaba en tu interior sentía ya tu afecto cada vez que acariciabas tu vientre con tus manos.

Una vez que el bebé llega al mundo, su piel actúa como un medio de comunicación excelente. Las señales que percibe a través del tacto llegan a su columna vertebral y de allí pasan al área del cerebro donde residen las emociones. Así puedes aprovecharlo para afianzar el vínculo que os une.

Al llegar al mundo

Es importante que nada más nacer le coloques sobre tu pecho, ya que la unión de tu tacto y de tu olor, que le resulta tan familiar, crea una potente fuerza que suaviza el impacto del nacimiento.

Piensa que de pronto se encuentra en un espacio enorme en el que se siente abrumado y echa de menos las paredes del útero, que le envolvían cálidamente. El hecho de estar en tus brazos y tu calor corporal le devuelven a este estadio, y a través de tus caricias, tus besos y tu modo de cogerlo, tu hijo recibe la calurosa bienvenida que le ofreces.

Por otra parte, permanecer en contacto piel con piel (su cuerpecito desnudo contra el tuyo) le hace sentirse seguro y estimula la formación de sus defensas, ya que se encuentra en contacto directo con tus bacterias (preferibles a las de otras personas) y esto refuerza su sistema inmunológico.

A medida que pasan las semanas el tacto sigue siendo una necesidad básica para tu hijo, esencial para reforzar sus sistemas digestivo, nervioso y circulatorio, para reducir su estrés...

En definitiva, para ayudarle a desarrollarse bien. Se sabe, por ejemplo, que los bebés que no son besados ni cogidos en brazos no crecen lo que corresponde a su edad.

En el cuidado diario

Ahora que ya sabes lo importante que es el tacto para tu hijo, no te agobies pensando en si le estarás tocando y abrazando lo suficiente. Aunque no te des cuenta, minuto a minuto le transmites tu afecto a través de tus manos.

Piensa en cómo le tocas durante los cuidados que le profesas: cuando le cambias el pañal y le pones la crema; cuando le bañas o juegas con él, cuando le das de comer...

Este tacto amoroso aumenta el vínculo que existe entre vosotros, y lo hace en un proceso bidireccional, también a nivel fisiológico.

En ti desencadena una mayor producción de la hormona oxitocina, que juega un papel esencial en las relaciones afectivas. Y en tu bebé, al aumento de esta hormona se une el de otra esencial, las endorfinas, que le aportan una enorme y placentera sensación de felicidad.

Ten en cuenta también que el efecto es aún mayor cuando además de tocarle o besarle, reaccionas ante una sonrisa o sonido suyos. Le encanta la interacción contigo y la busca ya en los primeros meses de vida.

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