Anima a tu bebé a gatear

Tu pequeño está empezando a gatear… ¿O más bien a reptar? Puede que su estilo no sea muy convencional, pero lo cierto es que así ya va logrando desplazarse sin ayuda. ¡Todo un logro que le beneficia mucho!

Es muy probable que, en torno a los 8-10 meses (ya sabes que cada niño tiene su propio ritmo a la hora de conseguir los distintos avances), tu hijo sienta el impulso de moverse de manera independiente, descubriendo así nuevas posibilidades que le ofrece su cuerpo y satisfaciendo su curiosidad por el entorno en estas “expediciones”.

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También es posible que no manifieste ese impulso y que, simplemente, se salte este aprendizaje. Y es que no todos los niños pasan por la etapa del gateo, pero esto no significa que tengan mayor o menor inteligencia ni tampoco una mejor predisposición o facilidad para aprender a andar.

Gatear, un ejercicio estupendo

El peque empieza a gatear en el momento en que la musculatura de su espalda, brazos y piernas está preparada para ello: cuando ya hace tiempo que es capaz de estar sentado sin apoyo y puede darse la vuelta, si está tumbado, para ponerse boca abajo.

No reprimas este impulso por temor a que sea demasiado pronto (algunos niños empiezan a gatear a los 6 meses) o para ahorrarle el esfuerzo. Al contrario, anímale a seguir y obtendrá todos los beneficios de este apasionante “ejercicio”, que son muchos:

  • Fortalece su musculatura. Sea cual sea la “modalidad” de desplazamiento elegida por tu hijo (gatear de frente o de lado, moverse sentado arrastrando el “culete”, girar al estilo croqueta, reptar ejerciendo fuerza con los brazos…), el simple hecho de hacerlo favorece el desarrollo de la columna vertebral y ejercita diferentes grupos de músculos (dorsales, cervicales, de las extremidades…), lo que contribuye a reforzar su estructura corporal.
  • Perfecciona su motricidad. Desplazarse por sí solo le ayuda a conocer y calcular mejor el espacio y le vuelve más preciso en sus movimientos, al tiempo que perfecciona su estabilidad y su equilibrio. Todo ello le ayuda a ganar seguridad y a gozar de mayor habilidad cuando empiece a andar.
  • Le descubre el eje corporal. Para poder avanzar, el niño necesita coordinar sus movimientos, descubrir y utilizar sus extremidades, el lado derecho y el izquierdo, contribuyendo así al desarrollo de los hemisferios cerebrales.
  • Despierta su curiosidad. Observar diferentes objetos está bien. Pero poder avanzar hacia ellos para tocarlos, olerlos, chuparlos… ¡es mucho mejor! El gateo incita al niño a experimentar con los cinco sentidos y descubrir sensaciones nuevas todos los días, algo que es esencial para estimular el desarrollo de su inteligencia.
  • Le hace más independiente. Conseguir avanzar solo en la dirección en la que quiere hacerlo, plantearse metas... Son factores que favorecen en el niño el sentimiento de autonomía y hacen que se sienta capaz y orgulloso de sus logros. Para comprobarlo, no tienes más que ver cómo te mira cuando ha logrado alcanzar lo que buscaba o llegar hasta ti.
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    Juegos con los que el bebé aprende

    A la vista de todos estos beneficios, está claro por qué es tan importante que, una vez que el niño ha manifestado su deseo y su capacidad para desplazarse, le motives a seguir haciéndolo. Proponle estos sencillos ejercicios:

    1. Girar y girar. Cuando esté tumbado boca arriba, muéstrale un objeto que le guste y cámbialo de posición para animarle a girar en la cama, la cuna o sobre la alfombra (¡ojo!, jamás le quites la vista de encima, ahora corre más peligro de caerse). Así practicará más el volteo, que fortalece los músculos y favorece el gateo.
    2. A la caza del “tesoro”. Sitúa el juguete con el que está entretenido fuera de su alcance (no demasiado lejos si aún le cuesta avanzar). Anímale a desplazarse hacia él y cuando lo coja, deja que se divierta un rato con él. Después vuelve a repetir la operación.
    3. ¡A superar obstáculos! Cuando ya gatee un poco mejor, haz lo mismo que en el ejercicio anterior pero poniendo algún obstáculo entre el niño y su objetivo. Por ejemplo, puedes sentarte en el suelo y colocar tus piernas delante para que tenga que pasar por encima de ellas. Ayúdale a superar el obstáculo impulsando un poco sus pies con tus manos.
    4. Compañeros “de suelo”. Es posible que tu hijo no se anime a gatear o no lo haga muy a menudo simplemente porque se aburre y se siente algo solo. Para evitarlo, túmbate tú también sobre el suelo, la cama o la alfombra y prueba a reptar y gatear con él. Al verte hacerlo, se sentirá más acompañado e inspirado para desplazarse. Y además, seguro que así lo pasáis estupendamente juntos.

      Vigila que el entorno sea seguro

      Ahora que tu hijo ya empieza a moverse con más autonomía, debes impedir que lo haga por sitios peligrosos (cocina, baño...) y acondicionar la casa para evitar riesgos: vigila que los enchufes estén tapados, que no haya nada de lo que pueda tirar (el cable de un aparato eléctrico, el pico de un mantel o las faldas de una mesa con cosas encima, por ejemplo), que las aristas de los muebles estén protegidas… Una idea para identificar riesgos consiste en recorrer la casa a gatas para que no se te pase nada por alto.

      Para que tu hijo tenga menos impedimentos al desplazarse, vístele con ropa cómoda. Los pantalones largos y amplios le permitirán moverse más fácilmente y protegerán sus rodillas del roce con el suelo. En cuanto a las camisetas y los jerséis, conviene que le queden algo holgados para que pueda mover los brazos, pero que no arrastren por el suelo o se enganchará con ellos y no podrá gatear.

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