Bebés temerarios

El bebé de un año aún es pequeño para tener sentido del peligro, pero ya puede mostrar un temperamento marcadamente inquieto, impulsivo y temerario. Veamos cómo hay que tratarle para prevenir sustos y evitar posibles percances.

Existen varias razones, todas ellas muy lógicas y convincentes, que explican el hecho de que el niño de 1 año no tenga ningún miedo a hacerse daño:

  • La primera es que se estrena en sus primeros pasos y su afán por explorar el entorno es enorme: va a por todas sin reparar en su escaso control de movimientos.
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    • La segunda es que todavía no tiene la menor idea de lo que puede ser o no peligroso para él (no la tendrá hasta los 5 o 6 años).
      • Y la tercera, que aún no ha adquirido la capacidad de anticiparse a las consecuencias de sus actos. Por eso inspecciona alegremente los enchufes, las ventanas y todo lo que le llama la atención o trata de ponerse de pie agarrándose al mantel de la mesa sin imaginar siquiera lo que se le puede venir encima.

        Medidas para proteger al bebé temerario

        Aunque hay niños con un temperamento tranquilo, que se muestran cautelosos y retraídos, la temeridad suele ser un rasgo característico de esta etapa del desarrollo.

        Si vuestro hijo pertenece al grupo de niños lanzados, conviene que os turnéis para estar siempre pendientes de lo que hace y que toméis nota de estas medidas de protección:

        • Anticipaos a lo que se le puede ocurrir (coger medicamentos, encaramarse a los barrotes del balcón, tirar del cable de la plancha...). Pensad que vuestro hijo es imprevisible y se atreve con todo.
          • Prestadle atención siempre que se caiga o se dé un golpe, por nimio que sea. El objetivo es que recapacite sobre lo que le ha pasado. Al niño temerario le absorbe tanto su interés por el entorno que apenas se hace eco del dolor unos segundos y continúa con su investigación, es decir, que no aprende de las caídas. Por eso es tan importante pararle.
            • Empezad a marcarle límites para que vaya aprendiendo a respetarlos.
              • Dedicad unos momentos del día a realizar con él actividades relajantes, como ver cuentos. Los niños temerarios tienen poca capacidad para concentrarse y distrayéndole así le ayudáis a mejorar la atención, algo que a su vez le hará estar más al tanto de lo que puede ser peligroso para él.
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                También hay niños que son asustadizos

                Son los menos, pero hay niños de esta edad que se muestran temerosos ante los nuevos retos. Si el vuestro es así debéis animarle, sin imposición, a superarse. Algunos consejos:

                • Corregid vuestras actitudes alarmistas y demasiado protectoras. No dramaticéis sus caídas y dadle la mano para que siga andando. Así le transmitís confianza.
                  • Celebrad sus iniciativas y animadle a explorar, a descubrir... Los niños temerosos, al ser menos emprendedores que los temerarios, tienen un desarrollo motor más tardío. Por eso debéis animarle a moverse más.
                    • Ofrecedle un ambiente motivador con juegos interesantes y no le impongáis nada más que los límites justos para velar por su integridad.

                      La casa, un lugar seguro para el niño

                      Convertir vuestra casa en un lugar seguro para él es la clave para prevenir accidentes:

                      • Cubrid los picos de los muebles.
                        • Instalad cierres de seguridad en las puertas y en las ventanas.
                          • Prescindid de alfombras, recoged los cables, retirad el mantel en cuanto terminéis de comer...
                            • Poned pegatinas en las puertas acristaladas.

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