¿Por qué lanza cosas?

No te extrañes si tu hijo se pasa horas tirando objetos y recogiéndolos después, para acto seguido volver a repetir la “tarea”. Fíjate y verás que todos los niños de su edad lo hacen. Te contamos los motivos.

Durante el segundo semestre de vida los avances psicomotores del bebé son espectaculares: pasa de estar casi todo el rato sentado a dar los primeros pasos y de coger las cosas después de hacer varios intentos a conseguirlo a la primera.

También sabe pasarse los objetos de una mano a otra, darles vueltas entre sus dedos, sacarlos y meterlos en una caja y... ¡lanzarlos muy lejos! Una manía que a los padres nos saca de quicio y que a él le entusiasma, por eso la repite con tanta insistencia.
Y es que tirando lo que coge una y otra vez, descubre infinidad de cosas nuevas, algo que le entretiene y le estimula muchísimo.

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Cuánto está aprendiendo

Para empezar, se da cuenta de que él es un ser diferente de los objetos que le rodean y se forma una idea más acertada de cómo es su cuerpo, de cuáles son sus límites y de lo mucho que puede hacer con él (coger, apretar, soltar, lanzar...).

También se percata de que puede influir en su ambiente, lo que le lleva a sentirse mucho más seguro y a gusto en él. De hecho, logra que algo rebote y suene, o que se quede clavado en el suelo, o que se rompa...

Todo ello, a su vez, le descubre las diferentes características de los objetos y le hace intuir que existe una ley por la que todas las cosas, al soltarlas, tienden a ir al suelo.

Al tirar lo que coge, el bebé también capta sus primeras nociones sobre la distancia, el tiempo, la fuerza, la velocidad, el espacio...

El “toma y dame”

Este entretenimiento, además, le ayuda a relacionarse, ya que pedirá a sus padres o a la persona que le cuida que le devuelva lo que él tira.
Y de este modo tan agradable se iniciará en el “toma y dame”, uno de los primeros juegos sociales que enseñan a los bebés lo bueno que es tratarse con los demás y compartir.

Si aprovechamos esta manía que tiene el pequeño para explicarle todo lo que pasa cuando él tira las cosas (“¡qué ruido hace el sonajero cuando llega al suelo!” o “¿has visto lo lejos que se va la pelota cuando la lanzas?”), le ayudamos a fijar en su memoria muchas palabras.

Es verdad que al principio no las entenderá, pero llegado el momento le facilitará la tarea de soltarse a hablar.

Por último, también debemos advertirle que después de jugar hay que recoger lo que ha dejado por el medio. Todavía es demasiado pequeño para poder ordenar y guardar, pero no para saber que es algo que hay que hacer cuando acaba el juego.

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