El estrés de la guardería

Los estímulos visuales, el sonido ambiental, los llantos de los compañeros, etc. son circunstancias que generan un alto nivel de estrés en el bebé que va a guardería y que no tiene el niño que permanece en su hogar. Tenlo en cuenta cuando tu bebé regrese a casa.

La situación de las familias actuales, en la que ambos padres trabajan, obliga a llevar, en numerosas ocasiones, a los bebés a la guardería cuando la madre se reincorpora a la vida laboral. Aunque la situación ideal sería contar con alguna persona, allegada o contratada, que se quedase en casa con el bebé, no todas las familias pueden optar a ello.

Independientemente del momento que elijas para llevar a tu hijo a la escuela infantil y del esmero que pongas en encontrar el centro más adecuado, has de saber que los bebés que van a estos centros están sometidos a más estrés que los que se quedan en casa. Así lo ha confirmado la pedagoga Ester Albers, de la Universidad de Nijmegen (Holanda), tras realizar un estudio en el que comprobó la presencia de hormonas del estrés (cortisol), en estos jóvenes organismos.
Para ello analizó la saliva de 64 bebés de 3 meses que iban a guardería y de otros tantos que se quedaban en casa con una canguro. Y descubrió que los niños del primer grupo producían más cortisol que los del segundo.

EN LA GUARDERÍA

El estrés está relacionado con los estímulos visuales y sonoros que el bebé recibe, con el cambio de cuidadoras, con la presencia de otros niños y con la obligación de seguir rutinas distintas a las de casa.
Para reducir estos niveles, la pedagoga recomienda:

  • Que haya siempre las mismas cuidadoras por grupo. Los niños, sobre todo hacia los 8 meses, son muy sensibles a la presencia de personas extrañas y para ellos un cambio de rostro supone introducir un extraño en su pequeño mundo.
    • Que los grupos sean reducidos. Así se genera menos ruido, menos llantó y hay menos posibilidades de que se contagie el disgusto y el malestar.
      • De la misma edad. Cuando los niños son de edades similares se producen menos estímulos visuales, ya que no habrá niños que corran y salten mezclados con bebés que precisan más calma para procesar la información que reciben.
        • Que se hable a los niños como lo hacen los papás (el cuidado y la atención no está reñido con el cariño y el mimo).

          Y EN CASA....

          Después, cuando el peque llegue a casa, hay que procurar neutralizar su ansiedad manteniendo un ambiente de tranquilidad en el hogar:

          • Procura bajar el nivel de los ruidos ambientales (aspirador, música, aspirador, bricolaje... déjalo para otro momento).
            • Las riñas, las voces y los malos modos además de generar agresividad, aumentan la intranquilidad y el estrés, evítalos.
              • Cuando el bebé está cansado es más fácil que su llanto sea intenso, no le regañes, tómatelo con calma, porque la paz en el hogar es una sensación que el niño percibe y que le aporta seguridad.
                • Reduce la intensidad de las luces de la casa, para conseguir un ambiente relajado y favorable al sueño.

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