Las muestras de afecto del bebé

Tu bebé es lo más importante para ti y tú lo eres para él. Día a día va aprendiendo nuevas maneras de demostrártelo.

Desde el primer instante en el que una madre tiene a su bebé en sus brazos despliega un abanico de muestras de cariño. Lo abraza, se lo come a besos, acaricia su carita mientras está durmiendo... De pronto, como por arte de magia, se ha despertado en ella un sentimiento de amor y protección que no había experimentado antes y que expresa de mil maneras distintas.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Pero es algo recíproco. También el bebé participa desde muy pronto en este intercambio de expresiones de afecto. Y lo hace de forma mucho más activa de lo que hasta ahora se pensaba. Incluso en los primeros meses, cuando todavía no puede hablar, su lenguaje corporal (sus ojos grandes, el agitar de brazos y piernas, sus balbuceos...) expresa de forma inconsciente lo fundamental que es su mamá para él y el placer que siente cuando está con ella. Con el tiempo, el niño irá mostrando cada vez mayor capacidad para tomar parte en el contacto afectivo e irá también ampliando su “círculo social”.

Sus muestras de amor son en parte innatas, ya que el bebé llega al mundo con una predisposición para vincularse con su madre, su padre y otras personas de su entorno más cercano. Pero, por otra parte, debe aprender de ellos el modo de dar forma a su necesidad de contacto. Por eso es tan importante que sus padres le hablen, le besen, le achuchen... Gracias a estos mimos y atenciones tempranas el niño va aprendiendo desde sus primeros meses a demostrar todo el afecto que siente.

Así se produce esta evolución emocional

Durante sus primeras semanas de vida verás que tu bebé está más centrado en sus necesidades y en sus sensaciones físicas internas, como el hambre, el calor, los gases, la incomodidad... Pero a partir del segundo o tercer mes empezará a responder a estímulos sociales externos.

Un día, en torno a las seis semanas, descubrirás con emoción su primera sonrisa. Aún no es selectiva (sonríe también a la pared o al gato) pero no hay duda: es una señal de que se siente relajado y protegido.

El bebé humano es el único mamífero que sonríe, y desde el punto de vista evolutivo este gesto tiene una función esencial: como el niño no tiene la capacidad que poseen las crías de mono de agarrarse a la piel de su mamá para asegurarse su presencia, la sonrisa se convierte en el medio para atraer su atención y mantenerla muy cerca de él.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Además, la naturaleza le ha dotado de otros mecanismos que tienen un propósito similar. Por ejemplo, sus pupilas, que se agrandan dependiendo de la luz, lo hacen también con la emoción (igual que ocurre entre dos personas enamoradas). Así, cuando te mira y sus pupilas se dilatan, tú sientes una fuerte necesidad de cogerle y de abrazarle contra tu pecho. Y además, a partir del segundo mes, cuando llora aparecen unos grandes lagrimones a los que te resulta imposible resistirte.

Hacia el tercer mes se hace mucho más evidente este interés selectivo por lo que más necesita en el mundo, es decir: tú. En un contacto social directo y emocionante, cuando le sonríes o le hablas, él empieza a sonreír, abre sus grandes ojos y centra en ti su atención. Luego, poco a poco, esta interacción va ampliándose. Si al principio sostenía su mirada fija en ti durante sólo unos segundos, a los 6 meses es capaz de mantenerla mucho más tiempo. Eso sí, a veces la aparta o no responde a tus intentos de “contactar” con él: no te agobies ni lo interpretes como una señal de falta de afecto. Su actitud indica simplemente que está cansado o abrumado por el exceso de estímulos.

Ten en cuenta que cada bebé, igual que cada persona, tiene un límite en la capacidad de dar y recibir atención.

A medida que logra más autonomía de movimientos aparece otra muestra de afecto muy curiosa: seguirte a todas partes. Si vas a la cocina o al salón él va gateando detrás. Y, si no puede hacerlo, grita o llora al ver que te alejas porque le da miedo estar separado de ti. Esta reacción suele aparecer en torno a los 8 meses y dura hasta que el niño cumple 18 o 24 meses. Sí, es una muestra de amor algo desconcertante, pero como las demás indica lo importante que es tu compañía para él.

Al año tu bebé ya tiene muchas más maneras de expresar su amor por ti. Te acaricia con cariño, te abraza o, de forma inesperada, deja lo que está haciendo, se acerca para darte un beso y vuelve a su juego. O quizá te pide que le sientes en tu regazo: ahora sus exploraciones le resultan tan apasionantes como aterradoras, así que en ocasiones necesita un ratito la seguridad de tus brazos para volver a sentirse amparado.

También le encanta compartir contigo sus juguetes, o traerte “eso” tan interesante que ha encontrado para que lo veas, o portarse muy bien para que te sientas orgullosa de él.

Y pronto empieza a mostrar su afecto a otras personas como los abuelos, sus hermanos, otros niños e incluso objetos inanimados como sus muñecos. Tu hijo tiene cariño más que suficiente para compartir. Y este es un estupendo comienzo para su vida emocional.

Publicidad - Sigue leyendo debajo