Enseña a tu bebé a quererse

Todo niño necesita tener autoestima para desarrollar sus capacidades, lograr afrontar retos y crecer feliz. ¿Cómo puedes actuar para conseguir que tu hijo esté contento de ser como es?

Los estudios sobre la autoestima empezaron en los años 60. Antes no se pensaba que tener autoestima pudiera ser importante, por eso los padres no elogiaban a sus hijos ni les decían cuánto les querían. Hoy sabemos que esta actitud es errónea: ¡educarles con elogios y mensajes positivos les beneficia! También es cierto que al hacerlo hay que utilizar el sentido común. Alabar al niño por todo y todo el tiempo no es realista, no le ayuda y sí puede convertirle en un pequeño engreído.

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Pero ya no existen dudas de que la autoestima es la base de la fe­licidad: los niños que tienen una buena autoimagen son más alegres, afrontan con mayor valentía los nuevos retos y aprenden con más facilidad.

Sabemos que hay un componente genético en ello (unos la tienen más que otros), pero la educación en casa influye de modo decisivo en esta actitud ante la vida. En gran parte depende de ti y de tu pareja que vuestro hijo piense bien o mal de sí mismo.

Cómo se forma

La autoestima es la sensación del propio valor, una mezcla entre sentirse querido y capaz. Si uno la siente en su interior, se alegra de ser quien es. Pero el niño no nace con un sentido del yo, lo va adquiriendo en sus primeros años. A los 3 años ya tiene cierta conciencia sobre sí mismo, aunque a esta edad aún es muy cambiante.

Ahora ya sí es posible evaluar su nivel de autoestima, escuchando lo que dice cuando habla de sí mismo. Por ejemplo, Vera, de 3 años, dice: “Ya soy mayor, mira cuánto corro. Y soy fuerte como Pipi Calzaslargas”. De este testimonio podemos deducir que Vera se siente bien consigo misma. Es lo que capta de los mensajes, verbales y no verbales, que recibe de sus padres y de su entorno.

Y es que los padres son para el niño su espejo psicológico, en el que ve reflejada su propia imagen. Mediante las palabras, gestos y actitudes que recibe de las personas que le importan, el pequeño se forma un juicio subjetivo sobre quién y cómo es él.

Tu hijo nunca cuestiona lo que el espejo psicológico le refleja, no tiene capacidad para ello. Por eso tu influencia es tan determinante: si se acostumbra a recibir mensajes negativos (“eres malo, torpe, llorón, vago”...), se autoevaluará con esas mismas expresiones.

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Y si haces por él lo que podría hacer solo porque no confías en sus capacidades, desarrollará la actitud “no puedo, ayúdame”. Pero también es cierto que si oye mensajes positivos (“qué bueno eres”, “lo hiciste bien”), utilizará las mismas expresiones sobre sí mismo.

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