Disfruta de los juegos de siempre con tu hijo

Palmas palmitas, cucú-trastrás, pinto pinto... Son juegos que nunca pasan de moda, ya que divierten al bebé, favorecen nuestra comunicación con él y estimulan su evolución.

Parecen simples juegos para distraer a los niños, calmar su llanto o arrancarles una sonrisa, pero son mucho más que eso.

La mayoría de los juegos tradicionales resultan estupendos para desarrollar las capacidades de los más pequeños y para favorecer la maduración de su cuerpo y su cerebro.

Como son juegos muy repetitivos, el bebé aprende a anticiparse a los hechos de una manera activa. Además, implican una relación directa con él, le incitan a hablar, favorecen su memoria auditiva y crean un clima afectivo que le da confianza y seguridad.

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Son fuente de estímulos

Los juegos de falda ofrecen al bebé una serie de estímulos que son fundamentales para que madure física y emocionalmente. Los analizamos uno por uno:

  • Cucú-trastrás. Tápate la cara con un pañuelo y ayuda a tu hijo a quitártelo. Descubrir que sigues ahí le hará reír y le aliviará. Este juego le ayudará a tolerar mejor tus ausencias y a superar la crisis de los extraños (suele darse sobre los 8 o los 9 meses), pues gracias a él entenderá que dejar de verte no significa que hayas dejado de existir.

    También podéis practicar este juego escondiendo alguno de sus juguetes debajo de un cojín, estando él delante. Al principio puede que pierda el interés por lo que ha desaparecido de su vista, pero después de mostrárselo tú, aprenderá la “constancia del objeto” y él mismo intentará levantar el almohadón para encontrar el juguete oculto.

    • Aserrín-aserrán. Sienta a tu hijo en tu regazo, mirando hacia ti, y balancéale adelante y atrás, imitando el movimiento del serrucho y cantando la conocida coplilla de los maderos de San Juan. Así perfeccionarás su percepción corporal, mejorarás su equilibrio y ayudarás a tu hijo a reforzar su tono muscular; o sea, le prepararás para andar mejor. La canción, por su parte, estimulará su oído y su sentido del ritmo.
      • Al paso, al trote, al galope. Haz que tu hijo cabalgue sobre tus rodillas, cada vez más deprisa. De esta manera tan divertida ejercitarás sus músculos, mejorarás su estabilidad y le enseñarás a distinguir los distintos ritmos y velocidades. Si concluyes el juego con un “que te caes del caballo”, abriendo las piernas ligeramente y sujetando al niño para que quede colgado entre ellas, añades a este entretenimiento el suspense, que lo hace más atractivo, y la espera, que enseña al niño a anticiparse a lo que va a suceder.
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        • Cinco lobitos, palmas palmitas y pinto pinto. Mientras cantas la canción correspondiente a cada juego, recréate en el movimiento de tus manos. El objetivo principal de estos juegos es que tu hijo aprenda a imitarte y que desarrolle la coordinación manual.

          Éste encontró un huevo, éste fue a por leña... Con este juego tu hijo mejora su atención, aprende a prever los acontecimientos y se da cuenta de que sus dedos son independientes, lo que le ayudará a mejorar su destreza manual.

          La ocasión ideal

          Al practicar estos juegos, ten siempre muy en cuenta las preferencias de tu hijo, así como su carácter, porque si es muy tranquilo, puede que no le haga ni pizca de gracia cabalgar sobre tus rodillas, y si es muy inquieto, quizá se aburra de hacer el pinto, pinto, gorgorito.

          Piensa también que, igual que nos ocurre a los adultos, tu hijo no tendrá siempre la misma predisposición para jugar. Si está hambriento, tiene frío, sueño o problemas de gases, o acaba de mojar el pañal, difícilmente participará con gusto en el juego que le planteas.

          En cualquier caso, si hace pucheros, le notas cansado o da muestras de incomodidad (lo sabrás enseguida porque retirará la mirada), déjale tranquilo, para evitar que coja manía al juego que estás intentando que practique. Así sólo lo relacionará con momentos agradables y en cuanto descanse y se sienta un poco mejor, es seguro que volverá a entusiasmarse con él.

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