El vínculo afectivo con tu bebé

El momento de conocer a tu bebé es uno de los más importantes de tu vida. Supone la culminación del apego, de esa unión tan íntima que habéis ido forjando entre los dos durante los meses de espera. Disfrutadlo juntos.

Por fin lo tienes contigo! El ginecólogo pone a tu bebé sobre tu pecho y el dolor y el agotamiento del parto desaparecen. Te invade una sorprendente energía y sólo tienes ojos para ese pequeñín, que te parece precioso: ¡tu hijo!

El bebé y tú, un flechazo

Según numerosos estudios, todas las mamás tocan a su recién nacido del mismo modo: primero le rozan con las yemas de los dedos, después con los dedos y finalmente con la palma de la mano.

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Nada más dar a luz, la madre pasa por un momento de gran apertura emocional hacia su bebé, que se prolonga durante varios meses.

Cuando el pequeño le succiona el pecho, su cerebro empieza a segregar oxitocina, una hormona que además de un aumento del umbral del dolor, le produce una intensa sensación de felicidad y euforia y un inmenso amor hacia el pequeño.

Pero es que éste, a su vez, también está especialmente receptivo para querer a su madre y para recibir su cariño. Resulta curioso que nada más nacer se muestre tan espabilado y despierto: después del primer llanto (provocado por el esfuerzo del parto, el cambio de temperatura, etc.), mira intensamente a su madre y a su padre, si ha entrado al paritorio. Sus pupilas son enormes, lo que hace que sus padres se sientan incitados a mirarlo, tocarlo, besarlo...

Todo su aspecto evoca en los papás un irrefrenable deseo de protegerlo y estrecharlo entre sus brazos. Y él está muy atento a ellos. Compruébalo con tu hijo: sácale la lengua, mirándole fijamente a la cara, y verás cómo es capaz de imitarte con sólo unas horas de vida. Esto demuestra que nada más nacer, está preparado y ansioso por iniciar el contacto contigo.

El apego se va afianzando

Gracias al apego forjado a lo largo de todo el embarazo, entre la madre y el bebé hay un intercambio constante de emociones y sensaciones, un saber mutuo que les permite reconocerse justo después del momento del parto.

Pero la vinculación no termina ahí, sino que va evolucionando a lo largo de toda la vida. Para fortalecerla, pasa con tu hijo todo el tiempo que puedas. Tu olor, tu voz y el calor de tu cuerpo cuando le estreches entre tus brazos le harán sentirse seguro, protegido y muy querido.

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De este modo “prolongarás” su vida intrauterina, que al terminar tan prematuramente, le ha dejado un tanto desvalido, en comparación con los cachorros de los animales.

Los cuidados que procuras a tu bebé y el tenerle en contacto físico contigo todos los días son vuestro primer lenguaje común, la mejor manera de hacerle entender lo mucho que le quieres.

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