Juega con tu bebé delante del espejo

Através de sus vivencias corporales, el niño va entendiendo que es una persona distinta al resto. Pero para adquirir esta conciencia del “yo” se precisa un proceso largo y complejo, que se inicia cuando el bebé, con sólo 3 o 4 meses.

El bebé observa extrañado el movimiento de sus manos y pies, sin ser consciente de que son suyos.

A base de jugar y de recibir sensaciones a través de ellos, se da cuenta de que son una parte de sí mismo y de que puede moverlos a voluntad. Cuando se chupa el puño, percibe una agradable sensación en la boca y en la mano, algo que no ocurre cuando agita el sonajero.

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Así empieza a distinguir entre el “yo” (mi puño) y el “no yo” (el sonajero). Ahora que ya ha cumplido su primer medio año, si juegas con él frente a un espejo, le ayudarás a seguir descubriendo cosas muy interesantes acerca de su propia persona.

Mamá y yo somos dos

Acomódale en tu regazo, los dos frente a un espejo, y pregúntale “¿quién está ahí?”. Toca su imagen reflejada y después la tuya, al tiempo que le explicas: “éste es el nene, ésta es mamá”. Irá tomando nota de que ambas se parecen.

Le llamará más la atención tu reflejo que el suyo porque tu cara, a la que ve de continuo, le resulta más familiar y él, en cambio, no se ha visto nunca.

Otro juego consiste en que aparezcáis y desaparezcáis del campo visual del espejo: así le ayudarás a entender que sois dos figuras independientes, que él no es una prolongación de ti.

Desde los 8 meses aproximadamente, tu hijo será capaz de reconocerte en el espejo, pero aún es muy pequeño para darse cuenta de que la otra imagen que ve es la suya.

Descubriéndose a sí mismo

A partir de los 10 meses ya atenderá cuando le llames por su nombre. Aprovéchate de este avance y usa su nombre para referirte a su imagen reflejada. En vez de señalarla y decirle “mira, es el nene”, dile mejor: “mira, es Gonzalo”. El simple hecho de escuchar su nombre aumenta su conciencia de que se trata de él mismo.

Entre los 10 y los 12 meses, frente al espejo, acomódale a tu lado para que haya una mayor independencia entre vosotros. Nombra las partes de tu cuerpo y las del suyo, señalándolas de una en una en el espejo (no más de tres al día), para que se vaya reconociendo.

Pídele que mueva una mano, en vez de movérsela tú, así le ayudas a descubrir su “yo activo”, es decir, le haces ver que es él mismo quien emprende las acciones. No te extrañes si trata de acariciar al niño que ve reflejado.

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Para él es un amiguito nuevo al que desea explorar. En el momento en que sus manitas choquen contra algo tan duro, es probable que intente buscar al niño detrás del espejo. Aprovecha ese momento de sorpresa para acercarte por detrás, haz que tu hijo te vea reflejada en el espejo y acaríciale para que se gire hacia ti.

Aunque aún tardará un tiempo en reconocerse (lo hará entre los 18 y los 24 meses), le darás pistas muy valiosas para entender que si el espejo refleja tu imagen, lo normal es que también refleje la suya.

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