El placer de ver sonreír al bebé

Tu pequeño te sonríe para contarte lo feliz que se siente contigo y lo bien que se lo pasa cuando le haces cosquillas y pedorretas o dedicas un rato a jugar al cucu-tras con él. Ahora su sonrisa sí que es intencionada.

La risa evoluciona con el desarrollo del niño, por eso lo que le hace reír en cada etapa es diferente.

De la mediosonrisa angelical de las primeras semanas (es una expresión innata de satisfacción y bienestar después de la comida o durante el sueño) a las sonrisas y las risas de ahora ha habido un enorme avance en su evolución, en el que todas las personas de su entorno, y en especial los padres, han tenido mucho que ver (si un bebé de esta edad no se ríe nunca, hay que pedir cita con el pediatra, porque puede tener algún problema).

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Otra forma de relacionarse

Alrededor de los 4 meses, la risa “muda” de vuestro hijo pasó a adquirir su gratificante sonido, en respuesta a vuestras voces: vosotros le hablabais y os reíais y él intentaba imitaros, sentando así las bases del lenguaje.

Y la sonrisa que prodigaba a todo el que le decía algo cariñoso se volvió selectiva, exclusiva para vosotros, gracias a vuestro cariño y dedicación. Igualmente, ahora vuestro hijo reserva sus risas para aquellas personas a las que conoce bien y vosotros sois, sin lugar a dudas, sus favoritos.

Esta preferencia será aun más notable si está inmerso en la crisis del rechazo a los extraños, esa etapa por la que pasan todos los bebés, sobre los 8 meses, caracterizada porque solamente quieren estar con sus padres.

En el segundo semestre de vida, la risa del bebé suele estar provocada por la estimulación sensorial. Seguro que a vuestro pequeño le entusiasman los juegos corporales: las cosquillas, las pedorretas en la tripa, el “aserrín-aserrán” sentado en el regazo de alguno de vosotros...

Sus risas funcionan como una descarga nerviosa, una reacción que intensifica y prolonga el placer físico que estos juegos le proporcionan (pero, ojo, no le excitéis hasta el punto de incomodarle ni tampoco cuando falte poco para acostarle, porque le resultará difícil conciliar el sueño).

Además, descubre que cuando se ríe, consigue que repitáis eso que tanto le gusta, lo que le permite disfrutar de ello durante más tiempo. A vosotros os entusiasma y os enorgullece verle reír (es su modo de demostraros que sois unos padres estupendos) y le respondéis con actitudes positivas, lo que enseña al pequeño a utilizar la sonrisa como una forma de interacción social. Los psicólogos lo llamamos “juego afectivo-social”.

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Es una señal de que piensa

Vuestro hijo conoce bien las rutinas cotidianas, se ha acostumbrado a seguir unos horarios fijos y esto le ha ayudado a formarse unos esquemas mentales de las situaciones más habituales. Este hecho le permite celebrar anticipadamente, con agitación y risas, la llegada de la comida, el baño o el paseo.

De la misma manera, al saber cómo funcionan ciertas cosas de acuerdo con las leyes de la física, responde con una risotada cuando comprueba que, en ocasiones, no ocurre lo previsto. Colócate uno de sus cubos de playa a modo de sombrero, haz como que tropiezas, intenta ponerte sus zapatos y... ¡verás qué risa!

Se trata de una risa intelectual que demuestra que el niño piensa, que ya relaciona los objetos con determinadas situaciones y que empieza a tener sentido del humor.

Es muy bueno que juegues a taparte la cara con un pañuelo, para que él te descubra. Al verte de nuevo, se reirá con alivio y placer y este juego, además de divertirle, le convencerá de que lo que desaparece ante sus ojos continúa existiendo. Este descubrimiento le hará más llevaderas tus ausencias.

El hecho de compartir a diario numerosos momentos de felicidad y alegría convierte a la risa en el mejor regalo que vuestro pequeño y vosotros os podéis hacer mutuamente.

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