Relación entre padre e hijo

Una excelente relación

La llegada del bebé a casa lo cambia todo. Y este paso repentino de la intimidad de dos a la “multitud” de tres es emocionante, pero también una época difícil, que exige grandes dosis de generosidad, esfuerzo y paciencia a ambos progenitores.

Que el padre esté presente en la vida del bebé y se convierta en otra figura de apego (es decir, alguien que puede cuidar perfectamente al niño, sin ayuda) es beneficioso para todos los miembros de la familia. La mamá puede compartir las decisiones, las tareas y las alegrías con el papá (para ello tiene que dejarle asumir responsabilidades).

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Al pequeño le enriquece la forma diferente de actuar del padre: al jugar, al cogerle en brazos, al darle la papilla... Así adquiere más confianza en sí mismo y aprende a resolver mejor sus problemas.

Y el papá, cuando elige compartir tiempo con el bebé, pronto se siente seguro en su papel, se sabe capaz y disfruta del privilegio asombroso de descubrir el mundo con otros ojos.

¿Qué puedes hacer?

  • Hablar mucho al bebé, incluso antes de que sepa hablar. Y no escatimar en caricias y en contacto físico: tu pequeño los necesita.
  • Permanecer todo el tiempo que puedas con él, dedicándole toda tu atención: jugando, para descubrir y alentar su forma de hacerlo en cada etapa, encargándote de él por la mañana antes de ir al trabajo (dale el desayuno, vístele...) o por la noche, cuando vuelvas a casa.
  • Asumir diferentes tareas domésticas por iniciativa propia.
  • Si está enfermo, pedir permiso en el trabajo para quedarte con él y llevarle al pediatra (es tu derecho, invoca la Ley de Igualdad de Género).

    Por último, cuando los tres estéis preparados, quédate uno o dos días enteros tú solo con el bebé, sin la mamá. Y cuando ella vuelva, aunque no todo haya salido “perfecto”, pon buena cara y proponle repetir la experiencia.

    ¿Padres con depresión postparto?

    Sí, la depresión postparto también existe en los hombres. Según una investigación con 13.300 madres y 12.800 padres británicos y estadounidenses, dirigida por Paul Ramchandani, del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford, el 9% de los padres sufrieron el llamado “baby blues”, generalmente entre el segundo y el quinto día tras el parto.

    A las ocho semanas del parto, el 3,6% de los varones presentaban síntomas de depresión.

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    El “baby blues” no pareció afectar a los bebés, pero sí la depresión paterna cuando ese estado de ánimo se mantuvo hasta el siguiente control. Al evaluar posteriormente a los hijos, a los tres años y medio, en los de este grupo se encontraron más problemas emocionales y de conducta, sobre todo en los varones.

    Esto, según los investigadores, demuestra que la calidad de la relación paterno-filial tiene una gran influencia sobre el desarrollo emocional de los hijos.

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