Tu bebé no se separa de su mascota

Desde el día en que nació, tu hijo ha ido ganando autonomía e independencia.

Su horizonte y su contacto con el mundo se van ampliando más y más. Y esto le encanta, estimula su curiosidad y le incentiva para seguir avanzando.

Le produce bienestar

Los niños suelen escoger como mascota uno de los objetos que han formado parte de su entorno desde que nacieron: el peluche de su cuna, la mantita del cuco, el trapo que se ponía su madre en el hombro para que no la manchara cuando le cogía en brazos...

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Siempre es un objeto que les hace revivir el bienestar y la seguridad de su hogar. Por eso les resulta imprescindible llevarlo con ellos.

Al empezar a ir a la guardería, cuando tiene que quedarse a solas con la niñera, cuando aparecen esos extraños que no son ni papá ni mamá y que le gustan tan poco...

En esos momentos la mascota ayuda a tu hijo a imaginar tu presencia y así tolera mejor que no puedas estar con él.

Dos mejor que una

Es posible que te avergüences del objeto que ha elegido tu pequeño como predilecto, porque se trata de un peluche feísimo y raído, de un trapo desteñido o de un calcetín que ya no le vale.

Sin embargo, es muy importante que respetes su elección y que no trates de esconderlo ni de sustituirlo por un muñeco, un retal o un calcetín nuevos, porque es ése y no otro el que tiene un significado especial para él.

Acuérdate de cogerlo siempre que salgáis de casa, y más aún si os vais de vacaciones durante unos días, porque es seguro que en algún momento, cuando menos te lo esperes, lo necesitará.

Perder a su compañero afectivo supone un auténtico drama para el niño (llora, no quiere dormir, está triste, se muestra irritable y nervioso...) y para sus padres, que no encuentran forma humana de consolarle. 

Por esta razón conviene que cuando tu hijo haya realizado su elección, te hagas con otro objeto idéntico al elegido y se los des alternativamente, para que se vayan desgastando al unísono y conserven las mismas cualidades de apariencia, tacto y olor. Así tendrás un repuesto en caso de pérdida o extravío.

Y si alguna vez se le rompe su querida mascota, no dudes en repararla (acuérdate de hacer lo mismo con la sustituta, aunque no sea necesario, para que no aprecie la menor diferencia entre ellas). Tu pequeño la aceptará sin problemas, aunque tenga un parche enorme o varios “puntos de sutura”. Piensa que para él su mascota no tiene un valor estético, sino emocional.

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