Los bebés y sus manos

Tu hijo acaba de descubrir sus manitas. Investigar su potencial y aprender a manejarlas es ahora una parte fundamental de su desarrollo evolutivo.

El bebé no tiene conciencia de sí mismo como individuo, con voluntad y capacidades propias. Esto es algo que va descubriendo a lo largo de sus primeros años de vida, y el comienzo está en hacerse consciente de su cuerpo.

Las manos son lo primero que el pequeño conoce de sí mismo. Al principio ve pasar sus deditos frente a sus ojos, como una cosa más del ambiente, que se mueve cerca de él y le llama la atención. Pero esta observación y, sobre todo, la maduración de su cerebro, le hacen percatarse de que él tiene que ver con ese movimiento.

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Una evolución imparable

  • Entre los dos y los tres meses. El pequeño se lleva las manos a la boca (es su primera forma de explorarse a sí mismo), empieza a abrirlas y las agita cuando ve algo que le atrae, aunque aún no puede cogerlo si no se lo ponemos directamente en la mano.
    • A los cuatro meses. Se observa las manos con curiosidad. Ha descubierto que puede moverlas a voluntad y trata de dirigirlas hacia el juguete que tiene a su lado, pero con poco éxito, ya que su coordinación óculo-manual es escasa.
      • Entre los cinco y los seis meses. Acierta a la primera cuando intenta coger algo, porque calcula mejor las distancias. Ya agita las cosas. Su sistema nervioso está más maduro y le permite una mayor coordinación de movimientos.
        • Hacia los siete u ocho meses. Es capaz de pasarse un objeto de una mano a otra y de sostener simultáneamente dos, uno con cada mano. Además de coger, ya puede soltar las cosas a voluntad (le encanta tirarlas al suelo).
          • Hacia los nueve meses. Aprende a hacer la pinza con el pulgar y el índice, lo que le permite coger objetos pequeños.

            Y así progresivamente hasta alcanzar el dominio total de las manos, que le permitirá realizar actividades tan complejas como comer, vestirse, pintar...

            Necesita ejercitarlas

            Pero, por mucho que su cerebro esté preparado, el niño no llega a dominar una habilidad si no la practica. Por ello debes ofrecer al tuyo un ambiente estimulante, que le permita usar sus manos:

            • Dale juguetes apropiados para su edad (lee cuáles en el cuadro superior).
              • Cógele de las manos y acaríciaselas, al tiempo que verbalizas sus sensaciones: “¿te hago cosquillas?”, “¡qué manos tan frías tienes!”, etcétera.
                • Procura que todos los días toque y acaricie diferentes texturas: su mantita, un sonajero, una pizca de papilla...
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                  • Practica con él juegos de manos tradicionales como “éste fue a por leña...” “cinco lobitos”, “palmas palmitas”, “pinto pinto gorgorito”...

                    A esta edad se deben estimular las dos manos por igual, porque los pequeños aún no poseen una lateralidad definida, son ambidiestros. Más adelante, hacia los tres años aproximadamente, ellos mismos van mostrando una marcada preferencia por usar una de sus manos, que siempre se debe respetar.

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