Formas de andar del niño durante la fase de aprendizaje

El niño, cuando se suelta a andar, lo hace de forma muy graciosa, como un patito: la mayoría separa las piernas, apuntando con los pies hacia afuera, y va dando tumbos con el culete en pompa y estirando los brazos para mantener el equilibrio.

Existen diferentes formas de andar en los niños, debemos conocer cuáles son y que dificultades presentan cada una de ellas. Es cuestión de tiempo que correr tras él.

Las formas de andar y sus dificultades

Pero en realidad hay toda una gama variada de formas de andar a esta edad. Los hay que adoptan el estilo cow-boy, con las piernas arquea­­­­­­das (no hay que preocuparse hasta los dos años, salvo que el arqueo afecte sólo a una pierna o vaya a más), mientras que otros juntan mucho las rodillas (piernas en equis), algo habitual hasta los tres o cuatro años.

Algunos andan de puntillas, sin apoyar el talón; ellos mismos lo corregirán hacia los 30 meses. Y los hay que giran los pies (o uno solo) hacia adentro o hacia afuera.

Estas “rarezas” se consideran normales al principio y suelen corregirse de forma espontánea hacia los tres años; sólo si persisten después será preciso aplicar plantillas y/o férulas, o manipulaciones para reposicionar el pie.

También hay niños que sólo se atreven a caminar cuando están asidos a un apoyo que les da seguridad, como la mamá o un mueble (o incluso un objeto que llevan en la mano), y en cuanto les falta ese contacto se ponen a gatas. Sólo necesitan algo de práctica para convencerse de que pueden hacerlo solos.
Y es que al principio, esta habilidad entraña ciertas dificultades, no sólo de tipo motor.

La vista del niño aún es algo limitada y su percepción de la profundidad no es óptima. Muchos, a esta edad, tienen hipermetropía, por lo que no son capaces de medir las distancias.

Y encima, el niño que empieza a andar no tiene aún desarrollado el sentido espacial, el que relaciona su cuerpo con el resto del mundo: es más fácil que se tropiece con los obstáculos del suelo porque mira hacia delante, ya que al bajar la mirada cambia su centro de gravedad y pierde el equilibrio. Esto le puede causar algún accidente. Algunos se vuelven más prudentes por ello, pero otros no (depende de su sensibilidad al dolor y de la caída sufrida).

Antes de lo que crees, tendrás que correr tras él

La habilidad para andar del niño se va perfeccionando día a día. A los seis meses de lanzarse, su forma de caminar es más madura, junta más los pies, da los pasos con soltura. Y va muy rápido. También aprende a subir escaleras, pisando cada peldaño con ambos pies.

A bajar escalones aprenderá algo más tarde, generalmente de espaldas, porque así se siente más seguro y puede doblar la cintura para mantener el equilibrio.
Es posible que, de repente, vuelva a gatear la mayor parte del tiempo, aunque sepa caminar.

No es preocupante, sólo indica que durante ese periodo está más centrado en aprender otras habilidades, como hablar o manejar piezas pequeñas.

En torno al año y medio, pasa de ir deprisa a ir corriendo. Hay pequeños que a partir de este momento corren la mayor parte del tiempo (no son necesariamente niños nerviosos, sino muy inquietos, con un gran afán por aprender) y otros que caminan más despacio. La manera de andar revela aspectos de su carácter.

Disfruta observándole y conociendo su forma de ser.

Quizá te embargue una sensación de nostalgia ahora que, sin duda, tu pequeñín deja definitivamente la fase de bebé, al convertirse en un niño deambulador. Pero piensa que te necesita todavía más a su lado (aunque tus riñones y tu espalda lo acusarán) para que vigiles su seguridad y vivas con él esta apasionante aventura que es aprender a andar. Un gran paso.

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