Tu hijo aprende a andar

Mantenerse en pie y echarse a andar...Esta proeza, que tanto tiempo costó a la Humanidad, la conseguirá tu hijo en unos 12 meses. Lo lleva en los genes.

Los niños empezarán a andar entre los 9 y los 16 meses, no debemos presionarles sino dejarles que poco a poco vayan aprendiendo solos.

Venga, cariño, ven a mis brazos, sólo un pasito…˝.

Pablo, 13 meses, está de pie al lado de su mamá. Y el papá, a un metro y con los brazos abiertos, le anima a ir hacia él. El niño le mira intrigado, pero aún no se atreve a soltarse. ¿Quién no conoce esta situación? Todos los padres esperamos con ilusión y algo de impaciencia los primeros pasos de nuestro hijo.

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Los dará en algún momento entre los 9 y los 16 meses, cuando esté preparado para hacerlo. En ello no influye su inteligencia (no existe esta relación), sino otros factores, como la herencia genética: si vosotros empezasteis pronto a andar, es probable que vuestro pequeño lo haga igual. Y también influye su constitución física: un niño delgado y fuerte se echa a andar antes que otro regordete.

La regla de oro: “no forzar y no impedir”

En cuanto a la actitud de los padres, puede retrasar este aprendizaje (por ejemplo, si ponen al niño siempre en la silla, o si le asustan cuando se cae o le presionan cuando siente miedo), pero no acelerarlo. Y es que el factor más determinante para aprender a andar es la madurez neurológica del pequeño.

Los psicólogos, en los años 50, se preguntaron si era posible enseñar a los niños a caminar antes. Fue el psicólogo infantil A. Gesell, de EEUU, quien hizo la prueba: tomó a dos hermanos gemelos idénticos (es decir, con la misma carga genética) y a uno le sometió a un programa de estimulación motriz, y al otro no (éste “sólo” se ejercitó con los juegos normales).

El primero empezó a gatear, a ponerse de pie y a caminar antes que su hermano. Parecía que el programa había dado resultado, pero al cabo de muy poco tiempo el otro niño aprendió las mismas habilidades y sus niveles se equipararon. ¡Hacían las mismas cosas! La única diferencia era que el gemelo que no había participado en el programa estaba más relajado que su hermano, que parecía más nervioso y menos a gusto consigo mismo. Y la única explicación era que éste no había adquirido esas habilidades en la forma y el momento oportunos.

Este estudio reveló que la sobreestimulación motora sólo da un adelanto temporal y no duradero; y, además, que la aceleración del aprendizaje provoca en el niño ansiedad y tensión.

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Por otra parte, los ortopedas y traumatólogos advierten que forzar al niño a mantenerse de pie antes de tiempo podría ocasionarle después problemas óseos o musculares. Así, no tiene sentido intentar que el niño se tenga en pie y camine antes de que esté física y psicológicamente maduro para hacerlo. Aunque tampoco debemos impedírselo si quiere intentarlo. La regla de oro es “no forzar y no impedir u obstaculizar”.

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