La conquista del volteo de los bebés

Una vez que el bebé sabe darse la vuelta estando tumbado, de boca abajo a boca arriba y viceversa, ya puede reptar. Por eso, entre otros motivos, debe conseguirlo en esta etapa.

Uno de los avances psicomotores más importantes en la evolución del bebé es aprender a rodar sobre sí mismo estando tumbado. Suele lograrlo entre los cuatro y los seis meses. Si tu hijo supera esta edad y no lo ha conseguido, llévale al pediatra para que le explore y descarte cualquier problema óseo o muscular.

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¡Menuda gran proeza!

Para que tu pequeño logre esta nueva proeza, acostúmbrate a ponerle en el suelo a ratitos, sobre una alfombra, en la habitación en la que estáis el resto de la familia. Seguro que así, para veros y oíros mejor, tratará de moverse y de girarse hacia vosotros.

En este trimestre tienes que prestar más atención a sus movimientos y no dejarle solo ni un segundo encima del sofá, del cambiador o de la cama grande. Adquirirá esta habilidad de un día para otro, sin previo aviso, y podría caerse.

Esta nueva conquista supone un hito muy significativo en el desarrollo de tu hijo. Por muchos motivos:

  • Le proporciona más autonomía.
  • Favorece el control de sus movimientos y le ayuda a conocer mejor su cuerpo (sus límites, sus capacidades...).
  • Mejora su estabilidad y estimula sus sentidos de la vista y el oído.
  • Entrena sus músculos para que posteriormente pueda reptar, gatear y ponerse de pie sin tener molestias.
  • Es uno de los indicadores más fiables de la curiosidad del pequeño y de su motivación por descubrir sensaciones nuevas y por aprender a trasladarse él solo de un lado a otro.

    Ejercicios recomendables

    En ocasiones hay que ayudar un poco al bebé para que aprenda a girarse. Si el tuyo no se suelta solo, practica con él algunos ejercicios, a partir del cuarto mes (consulta con su pediatra). 

    Para que la sesión gimnástica transcurra sin lloros, iníciala cuando tu hijo esté tranquilo y no tenga hambre ni sueño. Ponle ropa muy cómoda y asegúrate de que no pasa frío ni suda. Aunque tú eres quien mejor conoce su temperamento, un buen momento para hacer los ejercicios puede ser a media mañana, cuando se despierte de la siesta y se espabile del todo.

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    Ponle de lado en la cama grande, sitúate detrás de él y llámale por su nombre. También puedes colocar un muñeco musical en su espalda. En ambos casos, como tu pequeño querrá saber dónde estás o de dónde procede la música que está escuchando, bastará con que le des un ligero empujoncito para que se dé la vuelta y se ponga boca arriba (es más sencillo que girar para ponerse boca abajo).

    Coloca al niño tumbado boca arriba sobre una pequeña colchoneta, sujetada por su padre y por ti, e inclinadla suavemente hacia un lado y hacia el otro, de manera que el pequeño ruede por ella despacio y sin asustarse.

    Otro ejercicio que da muy buen resultado es que le tumbes boca arriba, con la pierna derecha flexionada y apoyada sobre el muslo izquierdo, y le enseñes objetos por este lado, un poco por encima de su cabeza, de manera que el pequeño tenga que elevar el cuello y los hombros para verlos. Así, sin darse cuenta, girará la cadera y después, el resto del cuerpo.

    • Por último, prueba a tumbarle de lado sobre su costado izquierdo, con el brazo izquierdo extendido hacia arriba, en prolongación de su cuerpo, y el otro flexionado. Crúzale las piernas, la derecha sobre la izquierda, empujándole despacito por el hombro y por el culete hasta que ruede sobre su costado izquierdo y se quede tumbado boca abajo. Acto seguido hazle rodar de la misma manera, pero esta vez sobre el lado derecho. Evidentemente, los primeros días serás tú quien realice todo el esfuerzo, pero a medida que tu pequeño adquiera más soltura, dejará de necesitar tu ayuda para rodar.
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