¡Por fin se sienta!

Ya ha empezado a sentarse, pero con algún apoyo. A medida que se le fortalezcan los músculos de la espalda podrá mantenerse en esta posición él solito, sin ninguna ayuda.

El logro de sentarse va unido al desarrollo de la musculatura de la espalda; así, el pequeño aprende a hacerlo una vez que ha conseguido el control cefálico y los músculos de su espalda han adquirido la fuerza y el tono necesarios.

Unos niños aprenden a hacerlo antes y otros un poco después, pero la inmensa mayoría son capaces de permanecer sentados unos instantes, con algún apoyo firme en la espalda, a los 6 meses.

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Los avances, mes a mes

Desde esta edad podemos mantenerlos sentados en nuestro regazo, mirando al frente, recostando su espalda contra nuestro pecho. Así estarán cómodos y seguros y podrán entrenar la sedestación.

También podemos sentarlos derechos en una esquina del sofá, pero no entre cojines mullidos, porque así adoptan posturas forzadas. En cualquier caso, no podemos dejarlos solos ni un segundo, para evitar que se caigan si pierden el equilibrio.

Un mes más tarde los bebés suelen mantenerse sentados sin recostarse, pero necesitan echar las manitas hacia adelante y curvar un poco la espalda para no caerse. Es la denominada “posición del trípode”. Aunque así suelen aguantar muy bien el equilibrio, es aconsejable colocar un cojín detrás de ellos para evitar que se golpeen en la parte posterior de la cabeza (es la más vulnerable) si se caen.

Entre el octavo y el noveno mes el apoyo desaparece y el niño se mantiene sentado con la espalda recta, formando un ángulo de 90º con las caderas y las piernas. “Ésta es la postura correcta para sentarse, así la espalda no sufre y se favorece el desarrollo muscular”, explica la fisioterapeuta infantil Laura Cruz Neila.

Si el niño se sienta apoyándose siempre en el mismo brazo o metiendo un pie bajo el culete, hay que corregirle para prevenir asimetrías en las extremidades, en la columna o en la cadera.

JUEGOS Y EJERCICIOS

Respeta el ritmo de evolución de tu pequeño (si tuviera algún problema que le impidiera sentarse, el pediatra lo habría descubierto ya), no le obligues a sentarse si ves que se encuentra incómodo en esta postura y, tanto si ya hace amago de querer sentarse como si aún no, practica con él a diario estos juegos y ejercicios que te recomendamos. Son estupendos para fortalecerle la musculatura de la espalda:

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  • Túmbale boca abajo en el suelo, sobre una manta, y deja delante de él unos juguetes, para que los coja.
  • Túmbale boca arriba, agárrale de las manitas y tira suavemente de él, para que se esfuerce en levantarse.
  • Siéntale en el suelo con un apoyo firme en la espalda y deja a su alcance su juguete preferido. Al echar las manitas hacia él, adoptará la “posición del trípode”, que es el paso previo a una postura más erguida.
  • Acomódale en tu regazo y juega con él al tradicional “aserrín, aserrán”.

    La fisioterapeuta Laura Cruz Neila afirma que es mejor realizar estos movimientos varias veces al día durante pocos minutos, que una sola vez durante mucho rato seguido. Así evitamos que el niño se canse y le adaptamos a la sedestación progresivamente.

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