¿Hasta qué punto es normal que los bebés se toquen "ahí"?

Igual que ha descubierto las demás partes de su cuerpo, ahora tu hijo se ha dado cuenta de que tiene órganos sexuales y le encanta tocarlos y jugar con ellos. Y es que “ahí” hay dos novedades importantes: la agradable sensación que esto le produce y que cada vez que lo hace, le prestáis más atención.

El principal vehículo de contacto del niño con el mundo es su cuerpo y las diversas sensaciones que recibe a través de él. En las primeras semanas y meses todavía no conoce sus límites físicos (se siente a sí mismo como una continuidad del cuerpo de su madre) y a fuerza de palparse y de usar sus manos, sus brazos, sus piernas y sus pies, va entendiendo que es un ser independiente de los demás.

Ante todo, naturalidad

Si os paráis a pensarlo detenidamente, sería extraño y hasta preocupante que su enorme curiosidad por descubrirse a sí mismo pasara por alto la zona de los genitales. Así, es natural que después de un año de ejercicios continuos de brazos y piernas, de jugar con sus dedos, de llevárselos a la boca... también se toque los genitales. Se trata de una fase imprescindible en el desarrollo.

A esto se une que el placer de disfrutar del propio cuerpo, tanto en solitario como con los padres, está siempre muy presente en los niños tan pequeños.

Por todo ello, es lógico que vuestro bebé se toque “ahí”, y cuando le veáis hacerlo, debéis procurar reaccionar con absoluta normalidad, porque si ponéis cara de desagrado, le retiráis la mano, le avergonzáis por su actitud o le regañáis diciéndole “¡eso no se hace!”, le transmitiréis sentimientos negativos hacia esa parte de su cuerpo y hacia su propia persona. Y, además, esto puede hacer que se forme una idea equivocada sobre la sexualidad (puede pensar que es algo sucio, malo o nocivo para la salud), lo que acabaría comprometiendo el buen desarrollo de su sexualidad adulta.

Os resultará más fácil mostraros naturales con él si pensáis que al tocarse los genitales no busca un placer sexual, como los adultos, sino sólo experimentar sensaciones nuevas, por curiosidad, y conocer mejor su propio cuerpo. Como casi todas las etapas del desarrollo, ésta también es pasajera.

¿Y si lo hace en público?

Pensad además que vuestro hijo aún carece de sentido del pudor, y que para él significa lo mismo tocarse cualquier zona del cuerpo y hacerlo a solas que acompañado.

Si a pesar de estas consideraciones continuáis sintiéndoos incómodos cada vez que vuestro hijo se toca, o si lo hace por la calle o cuando tenéis visita en casa, lo más práctico y eficaz es que, sin decirle nada, le entretengáis con otra cosa que le guste mucho.

Tampoco os extrañéis si al cambiarle de pañal experimenta una erección (si es un niño) o segrega más flujo vaginal (si es una niña). No es una señal, ni mucho menos, de que le hayáis tocado “demasiado”; se trata de una reacción fisiológica completamente normal. Y es que todos los bebés, tanto niños como niñas, tienen los genitales hipersensibles: las terminaciones nerviosas de estas zonas están especialmente activas durante los cinco primeros años de vida (pasada esta edad se tranquilizan, hasta la adolescencia, cuando vuelven a activarse con más fuerza que nunca).

También es posible que vuestro pequeño se señale los genitales al tiempo que os mira, como invitándoos a que se los toquéis (mientras le dais un baño, por ejemplo), y que intente “meteros mano” a vosotros, en cuanto os tiene cerca. En ambos casos, haced como que no os dais cuenta de lo que quiere y desviad su atención hacia algo que le resulte interesante. A los tres o cuatro años ya estará preparado para comprender que hay partes íntimas del cuerpo que él debe respetar en los demás y los otros en él, pero de momento es mejor que actuéis de esta manera.

El único caso inquietante

Solamente debéis preocuparos si vuestro pequeño recurre al juego de la autoexploración continuamente, porque esto es una muestra evidente de que se encuentra inquieto o angustiado. Intentad averiguar la causa de su malestar y una vez que la descubráis, tratad de solucionarla cuanto antes. Quizá tengáis que cambiarle de canguro o procurar que en casa haya un ambiente más armonioso.

Además, es importante que le enseñéis a practicar otras formas de relajarse, como pueden ser los juegos de manos, sacarle de paseo, gatear por el pasillo... Le serán de gran ayuda hasta que crezca y él mismo descubra otras maneras de librarse del malestar que inevitablemente sentirá en ocasiones.

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