De la ceguera la visión total

La agudeza visual del recién nacido es 40 veces inferior a la del adulto. 

No diferencia los colores y si le tapamos un ojo, no distingue nada con el otro, porque su cerebro sólo es capaz de ver cuando los dos ojos están abiertos.

Entre los dos y los cuatro meses su visión mejora mucho (reconoce los colores y las formas). Y a los seis meses ya enfoca bien todos los objetos (distingue entre cerca y lejos). Con cuatro años su visión es casi como la de un adulto, aunque algunos aspectos, como la capacidad para calcular la velocidad de un coche que se acerca , no se terminan de perfeccionar hasta los siete años.

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¿Qué ocurre en su cerebro?

En un principio, la información que llega al córtex (es la parte del cerebro que procesa lo que vemos) proviene de los dos ojos al mismo tiempo, lo que hace que el niño no tenga sentido de la perspectiva: aún no es capaz de ver en tres dimensiones.

A medida que las conexiones neuronales se van estableciendo, cada ojo envía por separado la misma imagen y el cerebro las coloca juntas. ¡Eureka! El niño ya puede percibir la distancia y la profundidad.

¿Cómo puedes ayudarle?

  • Enséñale figuras contrastadas. Cuelga unas láminas (caras, figuras geométricas...) de cartón, blancas y negras, como móvil en su cuna.
  • Acércale y aléjale su juguete preferido. Cuando tenga la suficiente destreza manual, ponte a unos centímetros de él, enséñale ese juguete que tanto le gusta y anímale a cogerlo.
  • Jugad con pinturas al agua para dedos. Déjale mezclar los colores que quiera: se hará más observador y aprenderá a distinguir los colores.
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