Niños que tiran todo al suelo

Todos los niños pasan temporadas en las que les encanta arrojar cosas al suelo, sobre todo si hacen ruido. Esta actividad, que a los adultos nos resulta tan molesta, les ayuda a conocer mejor el mundo que les rodea.

A los seis o siete meses el bebé ya dispone de una notable habilidad manual: sabe agarrar las cosas con fuerza, las da vueltas entre sus dedos y puede sostener un objeto en cada mano e incluso hacerse con un tercero, soltando previamente uno de los que tenía sujetos.

Si le escondemos un juguete debajo de un almohadón y dejamos una parte al descubierto, lo encuentra enseguida dando un manotazo al almohadón.

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Ya coge piezas menudas al primer intento, lo que denota que coordina perfectamente el movimiento del ojo y el de la mano (la denominada “destreza óculo-manual”, según los especialistas). Y, además, es capaz de golpear las cosas en sentido vertical y horizontal.

Un científico ensayando

En esta etapa al bebé le entretiene mucho coger todo lo que encuentra a su alrededor y tirarlo al suelo voluntariamente una y otra vez, algo que a los adultos puede molestarnos, pero que a él, además de divertirle, le hace avanzar en su desarrollo por múltiples motivos:

  • Le enseña a distinguirse de los objetos que hay en su entorno y le ayuda a formarse una idea mucho más acertada de cómo es su cuerpo. Un ejemplo: el niño, al lanzar su peluche al suelo, comprende que ése es un objeto aparte de él, y al mismo tiempo se percata de que tiene brazos y manos y de que éstas son partes integrantes de su cuerpo, que le permiten agarrar, manipular, soltar o arrojar las cosas a voluntad.
  • Le descubre la relación causa-efecto y le hace ver que él puede conseguir que sucedan acontecimientos con sus actos, lo que a su vez favorece el desarrollo de su inteligencia.
  • También le permite adquirir nuevas percepciones de su entorno: le informa sobre la distancia, el espacio, el tiempo y la gravedad.
  • Además, le descubre las diferentes cualidades de los objetos que manipula: los hay duros y blandos, rompibles e irrompibles, pesados y ligeros, silenciosos y ruidosos (estos últimos son los que más le gustan)...
  • Este nuevo entretenimiento del pequeño tiene el beneficio añadido de que si sus padres o la persona que está a su cuidado le devuelven el objeto que él tira, pasa a convertirse en un juego social (es el “toma y dame”), que le descubre dos cosas: que él también puede influir en las personas que le rodean, no sólo en los objetos, y que es bueno relacionarse con los demás, lo que sentará las bases para que en el futuro no le cueste demasiado abrirse a los otros y entablar amistades con ellos.
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    Trucos de mamá práctica

    Aun conociendo los muchos beneficios que reporta este juego a tu hijo, es normal que te canses de oír chocar su sonajero o su juguete contra el suelo constantemente, y de devolvérselo cada vez que lo tira.

    Para no privarle de estas ventajas y que no tengas que agacharte cada dos por tres, puedes sujetar sus juguetes a su sillita con una goma elástica. Y para que no te pongas nerviosa ni acabes con dolor de cabeza por el ruido, puedes situar la silla o la trona sobre una alfombra (así el sonido será más sordo y te molestará menos), o forrar su juguete con una tela gruesa para que no suene, o meterlo en una manopla de baño o en un guante que ya no utilices.

    Cuando te hartes de devolverle las cosas que tira, prueba a distraerle con algún juego de manos (“cinco lobitos tiene la loba”, “palmas, palmitas” o “pinto, pinto, gorgorito”), que tienen mucha aceptación entre los niños de esta edad y les enseñan habilidades y conceptos similares al juego de pedir y dar o al de tirar las cosas.

    Otra solución es que le sientes en el suelo o le tumbes boca a abajo y le animes a gatear para alcanzar las cosas que arroja (o, si ya sabe, a dar unos pasitos él solo, agarrándose a los muebles o apoyándose en la pared). Así le mantendrás entretenido un buen rato e irá un poco más allá en sus aprendizajes y habilidades.

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