Teatro para bebés tiene muchos beneficios para ellos

Subirse a las tablas o descubrir una obra por primera vez modela la futura personalidad de los niños hasta convertirlos en espectadores creativos, sociables con más memoria y mejor uso de la palabra. La infancia es puro teatro.

teatro para bebés
Jenny MeilihoveGetty Images

Ginebra acaba de cumplir 2 años. A los invitados que sus padres reciben en casa les agasaja con cuentos. Relata Blancanieves con tal vocalización y teatralidad que parece una miniactriz profesional. Se lo ha aprendido de pe a pa sin saltarse un adjetivo, mientras gesticula con su gracia natural. Ginebra lleva escuchando historias desde que nació y ha estado en toda clase de funciones para su corta edad. Quizás el futuro la convierta en médico, periodista, maestra o diseñadora y no en una Sofía Loren a la española. Pero el temprano contacto con las artes escénicas la ha dotado de una memoria prodigiosa y de un dominio de la palabra innegable. Y lo que es mejor, la ha hecho una niña sociable, capaz de interactuar con sus semejantes con sus propias habilidades.

Creando estímulos desde el primer día

Eva Bedmar, actriz y programadora infantil de la Sala Tarambana de Madrid (c/ Dolores Armengot, 31), explica por qué iniciar a un bebé en este terreno es beneficioso en todos los casos. “Ningún niño es igual a otro y no se puede exigir lo mismo a todos, pero sí la mente de todos ellos se desarrolla rápidamente cuando se les habla, se les canta y se les abraza ofreciéndoles nuevas cosas para mirar, escuchar o jugar. Creando estímulos por medio de canciones, historias, rimas y juegos lograremos que se desarrollen antes”.

Bedmar ha hecho de Rana en 'La Princesa Ana', que recomienda a los padres como una obra fundamental para comenzar esta andadura de espectador de un niño. “Los musicales siempre tienen éxito entre los menores. El personaje de la Rana, uno de mis preferidos, tiene dulzura, amor, tolerancia y respeto hacia los demás”, valores necesarios en el devenir de los más pequeños. “Todas las experiencias vividas en los primeros años de vida son fundamentales para cualquier ser humano y, por ello, el tránsito por esta clase de vivencias artísticas apuesta por invertir en el futuro, formando una persona diferente, en un sentido individual y social”.

La implicación de los padres

¿Cómo se anima a un niño que apenas sabe hablar e, incluso caminar, a adentrarse en el teatro? “Con mundos donde las formas, los colores, los olores, el sonido o el movimiento tienen mucho más que contar que las palabras, y donde lo importante es crear atmósferas con un toque mágico, inesperado y tierno”, responde Eva, para quien, obviamente, la implicación de los padres es fundamental en este aprendizaje. “Hay que llevarles a clases y al teatro desde muy pequeños, porque los bebés disfrutarán de una experiencia única, podrán accionar, reaccionar e interaccionar desde su llegada hasta su salida, con su familia, con otros bebés y con el entorno”.

En el colegio

Considerando que las clases de interpretación son terapéuticas y socializadoras, Eva Bedmar opina que también deberían ser obligatorias en el colegio. “La base de la educación dramática es el trabajo en grupo, los ejercicios psicomotores y el contacto físico con compañeros. El teatro es un campo inagotable de diversión y educación. Y las clases son ideales para ayudar a fomentar la expresión verbal y corporal, mejorar la dicción y desarrollar su memoria y agilidad mental”.

De la misma idea es Amelia Die, responsable del Taller de Artes Berlín Teatro de Madrid (c/ San Ernesto, 12). “El teatro es la asignatura total que falta en la enseñanza reglada. Creo que es imprescindible y la materia olvidada y además sirve para aprender a realizar cualquier actividad posterior: organizativa, manual, digital, grupal o individual”.

El teatro desarrolla las emociones

Para Die, el teatro desde temprana edad tiene una consecuencia primordial en el desarrollo infantil: hace que el niño sea capaz de ponerse en el lugar de otras personas, de identificarse con los demás. “La capacidad de expresar sus sentimientos y emociones les hace más libres”. ¿Todo vale para enganchar a un niño a esta actividad desde que comienza a distinguir señales teatrales en su pequeño mundo? Amelia Die responde: “Que tenga música, colores, movimiento, aunque no suceda nada. Y cuando son mayores, necesitan algún tipo de relato con su exposición, nudo y desenlace”.

Eva Bedmar opina también que los clásicos son perfectamente susceptibles de ser interpretados para niños. De hecho “los cuentos clásicos son los que más les gustan, los han oído mil veces, no se cansan y quieren repetirlos una y otra vez”. Como Ginebra, que ha hecho de Blancanieves la historia de cabecera de su cuna. A su corta edad no conoce el miedo al ridículo, ella se cree de verdad que la hermosa joven ha comido la manzana maldita y que la vida es felicidad: un escenario al que cuanto antes suban, más disfrutan...

Publicidad - Sigue leyendo debajo