Empieza a balbucear

A cualquier padre o madre se le cae la baba cuando su hijo comienza a emitir sus primeras sílabas, aunque carezcan de significado. Y es lógico: son la prueba evidente de que algún día hablará.

Todos los recién nacidos saben llorar. Y es muy bueno que lo hagan, porque así ensayan sus primeras vocalizaciones. Pocas semanas después de nacer aprenden a hacer pompas y pedorretas con los labios y hacia los 2 o los 3 meses empiezan a producir sonidos como respuesta a las palabras de sus padres.

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Vocales y consonantes

Estos sonidos no indican el inicio del pequeño en la creación de palabras: el bebé simplemente está experimentando con su voz, descubriendo sus tonos y modulaciones y comprobando todo lo que es capaz de hacer con ella.

Entre los 4 y los 6 meses la cantidad y variedad de vocalizaciones se incrementa considerablemente y un poco más adelante el pequeño empieza a repetir sílabas de forma mecánica. Ahora ya no pronuncia sólo vocales, sino también consonantes, y es capaz de emitir largas repeticiones de sonidos, como “ba, ba, ba”, “ta, ta, ta” y “da, da, da”. Es el llamado “balbuceo canónico”.

A lo largo del segundo semestre este balbuceo se va complicando y enriqueciendo de manera que cuando el pequeño está a punto de cumplir su primer año de vida, ya es capaz de incluir secuencias mezcladas tales como “ta-ti-ta-ti”, “pa-pi-pa-pi”...

Diálogos y monólogos

A esta edad el balbuceo carece de significado (las primeras palabras con sentido aparecen cuando el niño tiene alrededor de 12 meses), pero es básico que respondas a las emisiones de tu hijo, para animarle a seguir hablando. Dale tiempo para expresarse, para escucharte y para responderte de nuevo. Y no te preocupes si grita. Las subidas y bajadas de tono forman parte de la adquisición del lenguaje.

También es fundamental que evites interrumpirle cuando le sorprendas “hablando solo”. Estos monólogos favorecen su evolución intelectual y el desarrollo de su aparato fónico.
Como en otros aspectos madurativos, unos niños tardan más que otros en balbucear y en pronunciar sus primeras palabras. Si el tuyo es tardón, no te agobies. Lo determinante, para descartar problemas, es que haya intención comunicativa en sus gestos, miradas y balbuceos.

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Así enseñas a hablar al bebé

  • Siempre que te dirijas a él, hazlo mirándole a los ojos, emplea frases muy cortas y trata de vocalizar con claridad.
  • Llévale su mano a tu boca para que empiece a relacionar el movimiento de tus labios con los sonidos que emites.
  • Llama su atención sobre sus objetos de uso cotidiano y pronúncialos muy bien.
  • Enséñale canciones infantiles muy repetitivas.
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