Ángeles con sexo

La sexualidad está presente en el niño desde su nacimiento, pero a un nivel y con un significado diferente al de los adultos. Veamos cómo se desarrolla en las diversas etapas de su vida.

Después de bañarlo, Ana descubre a su bebé, de 5 meses, tirándose de la colita.

Y Ernesto sabe que su hija, de 18 meses, se toca el culito si la riñe.

Estas escenas cotidianas demuestran que la sexualidad es una emoción presente desde el nacimiento, como intuyó Freud.

El modo en que el adulto y el niño la viven es diferente, pero el fin es el mismo: la búsqueda del placer corporal mediante las caricias.

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DE 0-2 AÑOS: ¿PERO QUÉ TENGO AQUÍ?

El niño experimenta sensación de bienestar al ser cogido en brazos, acariciado, amamantado, mecido...

Y estas vivencias positivas son las que condicionan el disfrute de la sexualidad en la edad adulta.

Por eso es interesante conocer las fases normales por las que pasa el pequeño en su maduración sexual.

Los cuidados que le dispensa su madre, y especialmente las tomas, son los momentos de mayor disfrute para el bebé: siente un inmenso placer succionando el pezón o la tetina, al tiempo que es estrechado entre sus brazos.

Pero lo cierto es que el bebé vive a diario numerosas sensaciones corporales muy placenteras gracias a sus padres: percibe cómo le tocan la mejilla, cómo le cubren de besos, cómo le bañan, cómo le abrazan con ternura...

No hay estudios que demuestren que las caricias en la zona genital son más placenteras para el pequeño que las que le hacemos en cualquier otra parte de su cuerpo.

Y es lógico, ya que las zonas erógenas se desarrollan más tarde, gracias a la maduración de los nervios implicados en ello.

En el bebé, la mayoría de las sensaciones placenteras transcurren en torno a la zona de la boca (las tomas), por lo que ésta se vuelve cada vez más sensible, hasta que acaba siendo la fuente de mayor placer corporal.

Por ello el pequeño, además de disfrutar con las tomas, busca placer con el chupete, el dedo o una mantita.

Es la denominada fase oral, que se prolonga desde el nacimiento hasta los 2 años.

En torno a los 12 meses el niño descubre sus genitales y se los toca con el mismo entusiasmo que se toca las manos y los pies.

Así, la niña, cuando está desnuda, acaricia su vagina y mete sus deditos dentro, como hace con sus orejas o con los orificios de su nariz.

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Se trata de una exploración infantil basada en la curiosidad y no de un acto con finalidad sexual.

El niño puede tener erecciones y su reacción ante ellas no suele ser de placer, sino de sorpresa, curiosidad o incluso miedo.

A esta edad les gusta mirarse al espejo y estar desnudos por la casa, una actitud que no tiene nada que ver con la sexualidad.

CÓMO ACTUAR

  • Disfruta del contacto físico con tu bebé.
  • Báñate con él, dale masajes y lávale el cuerpo, incluyendo sus partes íntimas. Esto favorece su desarrollo psíquico, emocional y sensorial.
  • No le riñas ni te enfades con él por tocarse los genitales.
  • Comentarios como “eso no se hace” o “se te caerá la colita” le transmiten la idea de que sus partes íntimas son zonas prohibidas, lo que puede perjudicar su vida sexual adulta.
  • Enséñale los nombres de todas las partes de su cuerpo (brazo, nariz, pene, vagina...). Esto le facilitará, más adelante, el conocimiento de su sexo.
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