El afán por chuparlo todo

El patuco, el sonajero, el dedo, el cuento de tela... Últimamente tu pequeño se mete en la boca todo lo que coge. ¿Por qué?

De recién nacido, el bebé se mete el dedo en la boca por el reflejo de succión, que desaparece hacia el segundo mes de vida. A los 3 meses ya se lleva el dedo y el puño a la boca voluntariamente y vuelve a chupárselos. Y a partir de los 5 meses recurre a esta práctica con todo lo que dejamos a su alcance, pues ya sabe agarrar bien los objetos.

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El pequeño, a esta edad, todavía no tiene bien desarrollado el sentido del gusto ni siente un hambre voraz que le lleve a intentar comérselo todo. Chupa las cosas por otras razones.

BUENOS MOTIVOS

Además de para alimentarse, vuestro hijo se lleva todo a la boca para...

  • Identificar los objetos. Con su pequeña lengua, el bebé va explorando todo lo que tiene a su alcance: peluches, sábanas, juguetes, sus manos y las de sus papás... Pronto aprenderá a distinguir entre suave y áspero, duro y blando...
  • Relajarse. Al chupar, el niño obtiene tranquilidad y placer. Por eso cuando está nervioso, cansado o tiene que enfrentarse a una situación nueva, enseguida se mete el dedo o el chupete en la boca. Así se relaja, se siente mejor y se evita un rato de llantos.
  • Consolar el dolor. Cuando le empiezan a salir los dientes, el pequeño tiene muchas molestias en las encías y al meterse cosas en la boca, preferiblemente el chupete y mordedores adaptados para ello, siente un gran alivio.
  • Dormirse. Casi el 50% de los niños de entre 5 meses y 2 años se chupan el dedo cuando sienten necesidad de dormir. Alrededor de los 3 años, la asociación de la succión con el sueño empieza a ser mucho menos marcada.

    PROS Y CONTRAS

    Por todo lo dicho hasta ahora, no debéis impedir a vuestro hijo que chupe, siempre y cuando sean cosas que no le perjudiquen. Mejor que chupe éstas:

    • Chupete. Es el objeto más indicado para esta acción durante los primeros meses. A partir del año, sin embargo, conviene ir dejándolo sólo para momentos puntuales del día (al irse a dormir, al quedarse en la guardería o con la cuidadora...), con el fin de prevenir posibles problemas de salud.
    • Mordedor. Alivia sus encías cuando le van a salir los dientes. Hay algunos llenos de líquido para guardar en el frigorífico, que al enfriarse potencian su acción calmante.
    • Biberón. No es aconsejable que el pequeño se acostumbre a succionar del biberón constantemente, porque además de sobrealimentarle, propiciamos la aparición de caries. Tampoco hay que dejar que se duerma con él en la boca. Además de que podría atragantarse, puede acabar sufriendo deformaciones en los labios, los dientes y la bóveda palatina.
    • Juguetes. Para prevenir sustos, todos deben respetar las normas europeas de seguridad y adecuarse a su edad.
    • Ropa. Debe ser de tejidos que no se deshagan y, a ser posible, carecer de botones.
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      En cuanto al dedo, es un “objeto” que vuestro bebé llevará siempre consigo; por eso, si se acostumbra a chupárselo, os costará mucho conseguir que lo abandone. Para prevenir la posibilidad de que se “enganche”, lo mejor es evitar, desde el principio, que se habitúe a él. ¿Cómo? Dándole el chupete cada vez que le veáis con el dedo en la boca.

      Ya sabéis que a partir del año debéis empezar a distanciarle del chupete también, dejándoselo sólo a ratos. En cualquier caso, para que el niño no se sienta ansioso, acercadle un muñeco o dadle la manita.

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