Del gateo a los primeros pasos

Gatear, mantenerse de pie y empezar a caminar son tres grandes hitos en el desarrollo de tu hijo. Para él representan la conquista del espacio y del movimiento. Y tú puedes facilitarle estos avances.

De los avances que realiza el bebé en sus primeros meses de vida, aprender a andar es el más celebrado por los padres. Todos recuerdan “el día que dio sus primeros pasos”. Y no es para menos: el niño consigue en pocos meses lo que a la Humanidad le ha costado cientos de años conquistar.

LA INFLUENCIA DEL AMBIENTE Y DE LA HERENCIA

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Aunque cada niño sigue su propio ritmo de desarrollo, todos van adquiriendo el control de su cuerpo de arriba hacia abajo y todos acaban soltándose a andar entre los 10 y los 18 meses, una vez que están preparados para ello. Que unos lo hagan un poco antes y otros un poco después depende de factores como la constitución física, la herencia genética, el lugar que ocupan entre los hermanos y el ambiente.

ESTIMULAR SÍ, FORZAR NO

No tiene sentido que te agobies ni que atosigues a tu hijo si él todavía no anda y otros niños de su edad ya lo hacen. Primero, porque no existe ninguna relación entre la inteligencia de las personas y su edad de inicio en la bipedestación. Y segundo, porque obligarle a andar no servirá de nada.

Al revés: los psicólogos infantiles aseguran que una actitud apremiante por parte de los padres sólo puede retrasar este aprendizaje, nunca acelerarlo. Por su parte, los traumatólogos advierten que forzar al niño a mantenerse de pie antes de que sus piernas estén lo bastante fuertes para sostenerlo puede ocasionarle problemas musculares y óseos.

Por supuesto, tampoco debes impedir a tu bebé que se ponga de pie si quiere hacerlo, porque ello denota que está preparado para incorporarse. Resumiendo, la clave para ayudar a tu pequeño a dar los primeros pasos consiste en apoyar su interés natural por aprender, animándole a hacerlo pero sin obligarle. No impedir, no forzar.

RETROCESOS TEMPORALES AL CAMINAR

Es probable que desde que tu hijo empiece a andar se muestre mucho más torpe en las habilidades manuales e incluso que coma peor. Es normal: lo que le pasa es que está tan centrado en su nueva conquista que todo lo demás pierde interés para él. Y es seguro que de vez en cuando se tirará al suelo para ir gateando a los sitios, aunque ya sepa caminar casi bien.

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¿ESTA FORMA DE ANDAR ES NORMAL?

La mayoría de los niños que están empezando a andar lo hacen con las piernas abiertas, el cuerpo hacia adelante y el culete hacia afuera, porque en esta postura mantienen mejor el equilibrio. Otros adoptan el estilo vaquero, con las piernas arqueadas. Algunos juntan las rodillas y otros andan de puntillas. Estas rarezas son normales y dejan de darse antes de los 3 años.

GATEAR, UN EJERCICIO MUY BUENO

Hay niños que echan a andar sin haber gateado, pero debes procurar que el tuyo lo haga, porque este ejercicio beneficia su desarrollo: le prepara para la marcha, perfecciona su coordinación corporal, le permite un mejor conocimiento de su cuerpo, le amplía su campo de exploración...

Hay muchos juegos y ejercicios con los que puedes incitar a tu hijo al gateo. Por ejemplo, cuando empiece a reptar, dóblale las piernas por las rodillas y pon tus manos en las plantas de sus pies a modo de tope, para que no se desplace hacia atrás. También puedes sostenerle boca abajo en tus brazos y pasearle así por la casa.

Pese a todo lo que hemos dicho, no te preocupes si tu pequeño se salta la etapa del gateo, porque no será menos hábil ni menos inteligente por ello. Tampoco te inquietes si en lugar de gatear de la forma habitual, lo hace desplazándose a golpe de culete o apoyándose sobre una rodilla y con la otra pierna estirada. Todos los estilos son normales y lo importante es que pueda desplazarse.

CAMINAR, UN AVANCE IMPARABLE

Una vez que tu hijo pueda mantener el equilibrio de pie, será capaz de dar los primeros pasos si le sostienes por las manos. Y unas semanas después empezará a andar sin ayuda. Aprender a andar es un gran paso en su evolución, gracias al cual tu hijo, además de desplazarse solo con más facilidad, logra otras muchas cosas:

• Sus ojos están más elevados que cuando gatea o está sentado, por lo que aumenta su alcance de visión. Y
• Tiene las manos libres y dispone de más cosas a su alcance para tocarlas, por lo que mejora su habilidad manual y adquiere un mayor conocimiento de todo lo que le rodea.
• Se vuelve más esbelto y adquiere una imagen física nueva, de “niño mayor”.
• Poder desplazarse sin ayuda aumenta su autonomía y le da más seguridad en sí mismo.

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